Payo Grondona (1945-2014)


Invitado en los años ochenta por la revista Araucaria a autodefinirse, a Payo Grondona el siguiente párrafo le pareció suficiente:

«Soy playanchino de nacimiento, educación provinciana, formación capitalina y desarrollo internacional. Mis canciones son anécdotas de la vida cotidiana en la ciudad, y sus temas centrales son: la pareja, la familia, los amigos. En las canciones circula el humor, un tipo de humor que puede ser calificado de diversas maneras según sea el auditor. Algunos dicen que es humor negro, otro que es pura ironía, sarcasmo, saetas punzantes; lo único que yo no creo es que se trate de algo simplemente “divertido”, porque la di-versión tiende a des-unir los sentimientos».

El talento en la síntesis del autor de Playa Ancha era parte de la gracia distintiva de sus canciones, y parece replicarse en esas pocas líneas escritas con precisión y gracia, y además justas con las fortalezas de su estilo. Estilo que hoy, a horas de su muerte, corresponde reconocer en su dimensión y en su senda clave para, por ejemplo, el Canto Nuevo: solistas como Mauricio Redolés, Raúl Acevedo, Felo y Floppy, y conjuntos como Los Zunchos han dicho muchas veces que fue a la luz del ejemplo del autor de “Il Bosco” que se animaron a levantar un cancionero propio.

disco

Pero si Gonzalo Grondona era escueto por escrito, para conversar no parecía tener problemas en tomarse todo el tiempo y las palabras del mundo. Bromeaba con su prestigio —también con su parecido maduro a Antonio Skármeta—, pero tenía total conciencia de su condición de testigo de momentos clave de la cultura chilena, y era generoso con sus recuerdos si descubría que estos podían ayudar a moldear el relato histórico de nuestra cantautoría. Rozó mundos diversos: los de las peñas y el rock, los de la política y la poesía; y es quizás el único autor que consiguió cruzar de la Nueva Canción Chilena al Canto Nuevo marcando una huella igual de profunda en ambos períodos. Admirador eterno de Violeta Parra, colaborador de Los Mac’s, amigo entrañable del Gitano Rodríguez y del uruguayo Daniel Viglietti, vecino de Patricio Manns. Payo nunca fue la estrella de la escena, pero su presencia como actor secundario le aportó hondura y carácter a grandes círculos y momentos musicales.

«La “opción de vida” es lo que diferencia ser importante de famoso, y es mejor ser importante que famoso», decía.

Entre el Samoiedo, de Viña del Mar, su casa de Concón, y un mal café de Providencia avanzaron las entrevistas que sintetizo a continuación, con la pena de una pérdida que no es sólo la de un fundamental cancionero —con esa palabra quería explicarse él mismo—, sino, también, la de un lúcido observador de su tiempo, de sus compatriotas, y del espacio que le tocó ocupar como creador curioso y responsable de su canto.

➤Sobre su oficio:
«Aquí escuchas grupos que se atribuyen tener “una trayectoria de cinco años”. ¡Cinco años! Y está lleno de “padres”, de “inventores”; toda esa cosa fundacional que acá les fascina, y que por mucho que cada tanto tiempo salga con un nuevo estilo, hace que todos terminen como Luis Dimas. Si el que hace pan es panadero; entonces yo soy un cancionero. Y no soy un creador compulsivo ni mucho menos. En toda mi vida he compuesto unas ciento veinte canciones, no más: una cagada. Sucede que soy muy exigente. Y muy lento. Creo que una canción debe estar resuelta. Tiene que tener una historia antes y una historia después, porque tú cuentas una parte, no todo. Ése es mi juego. Y por eso no soy de esos autores que tienen quinientas canciones y te dicen “ésa la hice en diez minutos”. Mira, yo tengo claro lo que puedo hacer, sé hasta dónde llego. Mi parábola de los talentos está resuelta hace muchos años. Entonces me demoro en tener resuelto lo que busco, pero al menos no estoy en ésa de arreglar la carga en el camino.

➤Sobre el folclor urbano:
«Cuando partí, se decía que el único folclor era el rural. Y a mí me encantaban los discos de Cuncumén, Millaray, Los Fronterizos… Pero de pronto pensé que si ellos cantaban su ambiente rural, yo tenía que cantar mi ambiente urbano, porque qué iba a hacer yo de folclorista, cantándole al arroyito y a la manta de tres colores, viviendo en Playa Ancha y vistiéndome de terno con corbata. Pero ahí vino el primer ataque: “Que cómo vas a hacer folclor urbano, si eso no existe”. Bueno, inventémoslo, dije yo. Y ya ves que el tiempo terminó consagrándolo».

➤Sobre la canción política:
«Fue en las concentraciones de la UP que aparecen las canciones panfletarias. Es cierto que una canción mía como “Toc toc Golpe de Estado”, del año 70, era muy panfletaria, pero era un poema de Premio Nobel al lado de “Las ollitas” de Quilapayún [irónico]. ¡Ésos sí que eran panfletos! ¡Eran jingles! Los dirigentes politicos hablaban de cantar “mientras se junta la gente”. Eso nos decían: “Oye, ¿pueden ir a tocar algo mientras se junta la gente porque a las 12 va a hablar Fulanito?”. Entonces eran unas cinco canciones: dos bien orejas y otras bien comprometidas, combativas, panfletarias… todos esos términos juntos».

«Yo canté “Il Bosco” en el Festival de la Nueva Canción Chilena, el año 70, cuando el Víctor [Jara] fue con “El alma llena de banderas”. Imagínate: un cabrito con banjo, cantando sobre un par de huevones calientes que terminan yéndose a atracar al parque. O sea, cero puñito pegado al techo, cero pólvora. Pero mi mensaje era el siguiente: “Okey, estamos planeando la revolución, en la protesta universitaria, estamos en todo este cambio; pero también estamos viviendo”. Me molestaba que entre tanta cosa épica y solemne nunca apareciera la gente normal, la gente como uno, la clase media, como se dice ahora. Parece que lo que más ha costado cantar es a partir de lo que uno es. La canción social, que viene de la lira popular en adelante, es una necesidad de información de la realidad. La canción social tiene que hablar de tus vínculos sociales. Y tiene que hablarte de los temas cotidianos. Y fue muy difícil que eso se les metiera en la cabeza a mis colegas, porque o bajaban la línea y se ponían a cantar “Las ollitas” y todas esas huevadas, o todo era con el verbo en futuro: “Venceremos”, “Pisaré las calles nuevamente”. Córtala».

«Por el modo de encarar la temática política, yo aparecía como intelectual de izquierda, lo que entonces era casi un insulto: “No, éste es muy intelectual”. “No, es que tú estudiaste en colegio de curas y entonces eres pequeñoburgués”. “No, es que a ti te interesan los problemas de Valparaíso y aquí estamos ocupados en Vietnam”. ¡Mira la huevada! Como diciéndome que yo era menos que los otros. Todo esto, claro, dentro del deporte del chaqueteo».

foto

Foto del documental Payo en serio, de Alejandra Fritis (ver aquí).

➤Sobre su identidad política:
«Soy ingenuo. Me he puesto la camiseta, el suéter, el abrigo… me lo he puesto todo. Y uno es optimista, siempre, porque uno confía en que las cosas van a salir bien. Confías en que la transición será normal, confías en que esto que estamos hablando se va a entender, y que mi disco de algo va a servir para emocionar a alguien. A uno le han dicho upeliento, antipinochetista, pequeñoburgués. Yo voy más p’atrás: yo soy un simple y vulgar intelectual de izquierda. Y a mucha honra, aunque lo que se usa ahora es ser “republicano-liberal-progresista-demócrata”. ¿Y por qué no ser más natural y declararse un intelectual de izquierda? ¡Si ahora no hay intelectuales! Yo prefiero ser cajón de sastre, donde cabe mucho, que un ataúd. ¿Pa’ qué te voy a decir que soy leninista, si tú vas a decir “¡leninista! ¡Qué terrible!”. Porque como tú eres ignorante, te da miedo, y te quedas con el cliché. Porque una de las maneras de dominar es a través de la ignorancia. Está ese mito de que el Payo Grondona tiene canciones light, en las que no pasa nada, que no se moja el poto… ¿A quién le importa que yo haya participado en la posibilidad electiva y mantenimiento del exilio [irónico], y de financiar cosas acá cantando afuera; paseándome por todo el mundo y aburriéndome; con pasaporte de la RDA por el que miraban como un paria (pero como tengo cara de caballero y apellido raro, pasaba colado)?».

➤«No estoy resentido con Chile. Creo que la influencia de mis canciones ha terminado siendo mayor de lo que yo pensaba. Después que saco mi primer disco, a los meses el Ángel [Parra] saca el Canciones funcionales. O ahi tienes “Las casitas del barrio alto”, que es una cosa gringa que tradujo el Víctor [Jara] que hasta el día de hoy a veces me la achacan a mí. Me refiero a una cosa de estilo, claro. Y dentro del Canto Nuevo hay muchos más grondonas que manns».

«No creo que la Nueva Canción Chilena haya sido más importante que el Canto Nuevo, aunque por supuesto que sí se hizo mucho más famosa por la difusión que tuvo y por el momento político en el que estaba metida. La falla del Canto Nuevo es que ahí no tenían vocación de músicos. Eran aficionados, y quedaron de aficionados. Muy pocos se mantuvieron en ese rubro. No habiá una opción de vida. La opción de vida es lo que diferencia ser importante de famoso, y es mejor ser importante que famoso».

➤«Espero sentado en mi puerta que pase el cadáver de la flojera. No voy a estar en la cantinela del “nadie me comprende, los medios no me pescan”. Nadie tiene por qué comprenderte ni pescarte. Ahora, si no te pescan, mal pa’ ellos; porque cuando te mueras van a tener que quemarse los ojos escuchando tus discos e intentando describir en un obituario qué cresta cantaba este tipo. Mi abuelita decía que el flojo trabaja doble».

January 9, 2014 at 11:57 am Leave a comment

Older Posts


©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


Follow

Get every new post delivered to your Inbox.