museo violeta parra (reportaje)

November 7, 2005 at 1:40 am 3 comments

Violeta ausente

Sucesivos e increíbles obstáculos han impedido establecer en Chile un lugar de exhibición para la obra plástica trabajada por Violeta Parra, la mujer chilena más famosa en el extranjero. El más reciente fracaso es la cancelación del museo que la familia había acordado administrar en conjunto con la Fundación Carlos Cardoen. Isabel, la hija mayor de Violeta, trabaja en estos días en lo que describe como su “último esfuerzo” al respecto.

Por Marisol García | La Nación Domingo, noviembre 2005.


P
ocas fotos ofrecían una alianza más inesperada que la que se publicó en todos los diarios del país el 3 de septiembre del año 2003. Sonrientes por concretar al fin lo que había tomado al menos un año de conversaciones, Isabel Parra, el empresario Carlos Cardoen y el entonces alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, confirmaban ante los lentes periodísticos que el edificio a sus espaldas, el llamado “castillito” del capitalino Parque Forestal, albergaría en menos de veinte meses el primer museo de Violeta Parra creado alguna vez en el país.

Las notas de ese día explicaron superficialmente el trato. Las fundaciones Carlos Cardoen y Violeta Parra (representada esta última por su presidenta, Isabel Cereceda Parra) se asociaban para hacerse cargo en conjunto de la difusión de la obra plástica de la más famosa folclorista chilena, compuesta sobre todo por arpilleras y óleos. Al nuevo museo tendrían “acceso gratuito estudiantes, profesores y grupos sociales”. La Municipalidad de Santiago cedía sin costo y durante treinta años uno de los Monumentos Nacionales de la comuna (justo al frente del Museo de Bellas Artes), entonces ocupado por oficinas de la División de Cultura. Aunque se hacía necesario financiar trabajos de ampliación y remodelación en el inmueble, en las crónicas de ese día no quedaba claro quién correría con ese gasto.

Carlos Cardoen agradecía “el cariño que ha tenido la familia Parra en reunir y mantener el patrimonio de Violeta” y fijaba en no más de un año el plazo para que el museo de Violeta Parra se sumara al circuito artístico ya establecido por el Bellas Artes y el MAC. Joaquín Lavin recordaba que “la obra de Violeta nos pertenece a todos los chilenos”, e Isabel Parra acusaba recibo del pelambre en curso (por tan inusual sociedad) diciendo que “estos milagros los produce la propia Violeta. Mi madre nos enseñó a ser abiertos de criterio. Ella se relacionaba con todo el mundo; no tenía prejuicios”.

“El museo se llamará Casa La Jardinera, en honor al espíritu que marcó a Violeta, vinculado a la naturaleza y a las raíces”, adelantó El Mercurio. “Gracias a la vida que le harán un museo a Violeta”, creyó acertado titular La Cuarta.

De eso han pasado poco más de dos años. No sólo “el castillito” sigue ocupado por oficinas, sino que las arpilleras y óleos de Violeta continúan guardados en cajas herméticas en la casa de Isabel. El acuerdo entre las fundaciones Violeta Parra y Carlos Cardoen fue anulado en julio pasado durante un almuerzo “cordial” que reunió a Isabel y Ángel Parra —fueron los dos hermanos quienes, finalmente, decidieron la anulación del acuerdo— y Carlos Cardoen. Se acordó entonces entre las partes un texto escueto de explicación pública: “Lamentablemente, y por diversos factores, ello [el museo] no fue posible de concretar en el tiempo y condiciones previstas”, decía la parte central de un texto de dos párrafos enviado a los medios.

No mucho más detallada es la explicación que hoy da la Fundación Carlos Cardoen a través de su relacionadora pública en temas culturales, Francisca Larraín: “Fue algo que no funcionó y sobre lo que no tenemos mucho más que decir. Hubo diferencias de opiniones, y estamos en muy buenas relaciones con la Fundación Violeta Parra”.

—¿Se trata de algo ya completamente descartado por ustedes?
—Sí, totalmente descartado. Y acordamos no hablar más del tema.

El abogado Luciano Fouilloux, asesor de la fundación Violeta Parra, confirma a La Nación Domingo que no existen ya ligazones “legales ni de ningún tipo” entre ambas fundaciones, ninguna de las cuales alcanzó a incurrir en gastos. Para Isabel Parra, recordar las promesas, las fotos y los optimistas acuerdos de hace dos años es como pensar en “un globo que se desinfló antes de inflarse. Digamos que esa foto fue el primer pinchazo del globo”.

La presidenta de la Fundación Violeta Parra se reunió esta semana con “altas esferas” de gobierno con las pretende hacer avanzar el tema. Se le ha sumado en algunas gestiones su hermano Ángel, aprovechando su paso por Santiago. Ambos prefieren no dar por ahora más detalles sobre estas conversaciones oficiales, pero Isabel asegura que será “el último esfuerzo que yo haga para esto. Si no resulta, quizás sea porque mi mamá es la que no quiere”.


Obra viajera y clandestina

Si Isabel Parra se define hoy como una mujer ordenada, debe ser en parte por haber vivido junto a una madre “que jamás guardó ni preservó nada. Ella confiaba en que alguien más se iba a preocupar de eso”.

Ese “alguien” fue casi siempre su hija mayor; aunque en la medida que lo permitió Violeta, quien acostumbraba regalar óleos a quien le cayera en gracia, y que muchas veces se mudó de casa sin preocuparse de llevar consigo sus arpilleras (muchas de ellas, recordemos, expuestas hasta en el mismísimo museo del Louvre).

Muchos de quienes conocieron a la hermana más talentosa de Nicanor y Roberto han coincidido siempre en una marcada característica de su personalidad: “Jamás pensaba más allá del día de mañana”. Podrá uno pensar que nada podía acomodarle menos a Violeta que verse a sí misma como una institución. O quizás nunca quiso distraerse de su trabajo artístico con la dinámica de la “gestión administrativa”. Es probable que la autora de “Volver a los 17” hubiese reaccionado con uno de sus legendarios exabruptos de haberle alguien planteado la necesidad de cuidar su trabajo para una futura fundación con su nombre.

Luego de su muerte, en 1967, la primera gran amenaza a la que se enfrentó su legado fue el golpe de Estado. Con Ángel preso en el Estadio Nacional e Isabel asilada en la embajada de Venezuela, las obras de Violeta debieron salir de Chile como casi todo lo que los militares pudieran considerar subversivo: rápida y clandestinamente. Algunas viajaron junto con Isabel, a Cuba y luego a París. Unos óleos encontrados en Ginebra se resguardaron durante años en la embajada cubana en Francia, y otras obras permanecieron a resguardo en la Casa de las Américas, en La Habana. Casi todo volvió a Chile recién en 1992, y se encuentra hoy guardado en lugares de confianza para su familia.

En el poder de la Fundación hay actualmente quince arpilleras, cuarenta óleos y veinte cuadros en papel maché (estos últimos, rara vez exhibidos). Todo ello debiese ocupar las paredes de un posible museo, en el cual también podrían exhibirse manuscritos de sus canciones y cartas, fotografías, su arpa y el documental Violeta Parra, bordadora chilena, que la televisión suiza filmó hacia mediados de los años 60, en el taller que la chilena mantenía entonces en Ginebra. Por alguna razón, hasta ahora ninguna autoridad ni empresario ha confiado en que todo esto justifique un esfuerzo por sobre las diferencias de criterio sobre cómo mostrarlo.


Recuento de frustraciones

La idea de un museo con la obra plástica de su madre es algo en lo que Isabel Parra viene pensando desde el fin de su exilio, en 1987. Creyó que sería algo factible con el retorno de la democracia —llegó a ilusionarse, incluso, con más de una sede—, y estableció un primer acuerdo de administración con la Municipalidad de Santiago cuando nació formalmente la Fundación Violeta Parra, en 1992.

Fue ése un año auspicioso. En marzo, la Municipalidad de Santiago se comprometía a la reconstrucción de la antigua Peña de los Parra, de modo que en menos de doce meses ya hubiese ahí un anfiteatro, una sala de conciertos y varias salas de exposiciones.

“Nos interesa que la casona se convierta en un centro cultural abierto a la ciudadania”, dijo el entonces alcalde Jaime Ravinet. Hubo fotos, firmas y abrazos. Se adelantó, incluso, que la estación San Pablo del Metro se rebautizaría como “estación Violeta Parra”. Se conmemoraban 25 años desde la muerte de la folclorista, y se había organizado en la Estación Mapocho una semana de actividades en torno a su arte, con la participación de varios de sus parientes. “Tras eso”, concluyó una nota respectiva en El Mercurio, “Violeta dejará la estación para instalarse a partir del segundo semestre en su Fundación de calle Carmen”.

Pero San Pablo sigue siendo San Pablo y Carmen 340 es hoy la sede de la Fundación Gladys Marín. Incapaz de financiar su mantención, sin nunca haber recibido dinero de las autoridades, la familia Parra terminó por venderle el histórico inmueble al Partido Comunista, el cual lo utiliza hoy como centro cultural.


La plata, como siempre

Fue durante el anterior proceso que los hermanos Cereceda Parra conocieron a Carlos Cardoen, entonces gerente general de la Cía. Chilena de Fósforos, y parcial financista privado del abortado proyecto que anunció Ravinet. Años después, Cardoen le dijo a El Mercurio que la oportunidad había dado inicio a “una amistad muy linda”. En la misma nota, recordó una conversación con la mismísima Violeta (“cuando yo estaba en el último año de enseñanza media”), a quien calificó de “única; muy sencilla, pero profunda”. El tiempo pasó y el empresario en armamento se convirtió también en gestor cultural. La Fundación Violeta Parra lo contactó a principios de esta década para ver la posibilidad de trabajar en conjunto el tan aplazado museo.

Las partes avanzaron con rapidez, y confiaron en una inauguración no más allá del año en curso. A la luz del reciente quiebre, las declaraciones de entonces se interpretan como una advertencia. El mismo Cardoen le había confiado a El Mercurio que los fondos necesarios para la apertura del museo no vendrían sólo de su fortuna: “Estamos gestionando los recursos por parte de la empresa privada, porque no quiero ser el único dueño de este proyecto, sino involucrar a todos los chilenos en este cariño por la Violeta”.

Fue, precisamente, esa ambiguedad sobre la fuente de los recursos la que terminó por abortar todo lo avanzado. En abril pasado, durante el lanzamiento del libro Virtud de los elementos (básicamente compuesto por partituras de las canciones de Violeta), Isabel Parra le dijo a radio Cooperativa que el museo seguía ilusionándola, “pero estamos con el problema de la plata, como siempre”.

Nunca llegaron los 350 millones de pesos que costaba remodelar “el castillito” del Parque Forestal, al menos de acuerdo a lo conversado originalmente por las fundaciones Violeta Parra y Carlos Cardoen, junto a la alcaldía de Santiago. Había trabajado en eso el arquitecto Cristián Undurraga, quien evaluó una ampliación y remodelación que pudiera albergar un auditorio, una sala para exposiciones itinerantes, restaurante, tienda y dos subterráneos.

Aunque lamenta la precariedad que ha recorrido todo este proceso, a la gestora cultural Cecilia García-Huidobro, presidenta de la Federación Chilena Amigos de Museos (y miembro del directorio de la gestión mundial), el asunto no la sorprende. “Nunca ha habido resultados exitosos en museos dejados a cargo de municipalidades; y ni siquiera el Louvre o el MOMA pueden financiarse solos. O consigues un subsidio o te aseguras un apoyo privado constante, y ambas cosas en Chile son muy difíciles”.

—¿Incluso para nombres tan importantes como el de Violeta Parra?
—Desgraciadamente, sí. Cuando se intentó hacer algo similar con la obra de José Donoso, se terminó optando por enviar todo a Estados Unidos, porque aquí nadie podía garantizar los fondos para mantenerla como correspondía. Ahí tienes los pocos manuscritos de Vicente Huidobro, que hoy están en la casa Colorada a cargo de una Fundación.

—¿Cómo lo hace la Fundación Neruda, entonces?
—Es que la clave de cualquier fundación es tener una vía de ingresos por concepto de derechos. Así lo ha hecho la Fundación Neruda, que por lo demás tiene las casas que él dejó. En el fondo, debes tener algo que a los ojos del público tú puedas “vender”. Por eso creo que a Violeta Parra hay que evaluarla como un tema-país, que perfectamente puede integrarse a algún circuito o subsidio estatal. No tiene nada que hacer ahí un municipio.

Si las malas experiencias previas han sido, al menos, lecciones, la Fundación Violeta Parra ya ha comprendido algo en lo que originalmente nunca reparó, y es que para administrar un museo en Chile no basta contar con muestras de interés universal. Mal que mal, tampoco en vida conoció Violeta Parra un apoyo de sus compatriotas acorde con el tamaño de su talento.


El sueño de los Parra

Parte de las dificultades que ha tenido la concreción de un museo de Violeta Parra se explican, cree la hija mayor de la artista, en la firmeza de la familia por defender lo que Isabel describe como “la esencia y poesía de su vida. Una vida que siempre se sostuvo en su sencillez y autenticidad”.

Las circunstancias convirtieron a Isabel Parra en una “veladora” de la obra de su madre. Y desde esa posición hoy dice que nunca deja de sorprenderse por “la tremenda voracidad” que surge cuando se trata de gestionar proyectos de potencial lucro en torno a su nombre.

—¿Cómo sería para usted el museo ideal para Violeta Parra?
—Yo sueño con una casa sencilla, llena de luz, pulcra. En Santiago, y ojalá en algún barrio que ella haya conocido bien, como el de Matucana. No quiero ser la administradora del museo, pero sí estar ahí, encima. No queremos una fundación lucrativa. Que la gente que trabaje ahí no tenga el signo pesos entre ceja y ceja. Confío en que algo así no es imposible.

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3 Comments Add your own

  • 1. Sule  |  November 9, 2005 at 5:42 am

    Darle vida al legado de Violeta debe ser una prioridad cultural. No podemos darnos el lujo que extraños asuman y manipulen lo que a nosotros nos compete hacer. Violeta Parra es mucho mas que un recuerdo de bellas canciones y de arte popular. Violeta es y será un ícono de lo que somos los chilenos. Violeta nació inmortal. Violeta no ha muerto. No la matemos dejando guardado en una bodega un atisbo de su obra.

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  • 2. violeta parra x « De Gira  |  May 31, 2008 at 2:23 pm

    [...] (La Nación Domingo, noviembre 2005) [...]

    Reply
  • 3. AGNES CIORINO SMITH.  |  May 26, 2013 at 4:18 am

    Por supuesto , como gran artista y gran maestra, Violeta se fue a los cielos, era justa, es parte de la memoria del pueblo chileno, los gestos y obras que recopiló desde ese pueblo que ella amaba…..nos hacen pensar que ella lo que más detestó fue a los más ricos…por considerarlos injustos….despreciables como personas, Asi es que Violeta no duerme, aún no descansa, sueña con ver nuevamente Libre a su patria, y sobre todo libre del lucro, si habrá de haber un Museo de la Memoria que nos las recuerde, tendrá que ser cargo del Estado, y no de una fundación privada que indudablemente lucrara con su arte, igual como lo hacen los dueños de Fundación Neruda…Pero e alma de Violeta anda suelta por todo Chile,,,surgen nuevas cantautoras,….cantandole a la injusticia..a la desigualdad, ….porque el Chile al centro de la Injusticia aún nos golpea la mirada…..GRANDE VIOLETA. GRAN MAESTRA EL UNIVERSO TODO,LUMINARIA DEL AMOR Y DE LAS VOCES JUSTAS…..

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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