feliz cumpleaños, motown. 12 discos para celebrar
January 14, 2009

De pronto hay más que leer sobre Motown de lo que eres capaz de abordar. Notas de incamuflable entusiasmo aparecen en estos días para volver a narrar la visión que tuvo Berry Gordy Jr. hace exactos 50 años de darle un sonido impecable (y atrapablancos) a la causa antirracista, la precariedad de esa primera sede de trabajo en Detroit (en la foto), el paso de secretaria del sello a diva internacional de la adorable Martha Reeves, o las sabrosas rivalidades entre sus estrellas. Motown será siempre la medida en la que insertar cualquier variable del manido debate en torno a música versus comercio: discos y singles de creatividad apabullante que invadieron los rankings de venta por largos años y sin hacer alardes sobre la auténtica subversión que suponía su concepción del pop: elegante, vocalmente exigente, de arreglos inventivos y producción ambiciosa. Genialidad puesta al servicio de la simpleza de canciones breves y sin más destino que la pista de baile y/o el oído de una pareja (incluso cuando fue social, como en el caso de Marvin Gaye o Stevie Wonder, la música de Motown nunca dejó de ser amable). Le llamaban The Sound of Young America, pero, a 50 años de su fundación, no quedan dudas de que Motown ha terminado siendo aquel engranaje irrepetible que hizo al soul imperecedero, acomplejándonos para siempre de nuestra blanca palidez.
Supremes, Where did our love go (1964)
El girl-group por antonomasia tuvo, probablemente, menos misterio que The Ronettes, pero la cantidad de singles de éxito acumulados en su historia es única, y convierten a las Supremes en la mina de oro que ha hecho de Motown un ejemplo de factoría de hits. Al menos cuatro de ellos están en este álbum lleno de aplausos, líneas de piano que más parecen riffs que melodías, y, mmmmm, esos sutiles gemidos de Diana Ross que hasta hoy le copia Beyoncé.

The Temptations, Meet The Temptations (1964)
Mi canción favorita de los Temptations debe ser “Ball of confusion” (los rockeros la conocerán por el cover de Love & Rockets), pero ese single no se publicó sino hasta seis años después de este álbum. Si consideramos que aquí hay perlas como “The way you do the things you do” y “My girl” (otro cover rockero clásico vía Rolling Stones), no queda otra que asombrarse de cuánto le duró el talento a un quinteto que le hizo profundo honor a su nombre. Irresistible tentación; dulce condena.

Four Tops, Reach out (1967)
La voz de Levi Stubbs desbalanceó la antigua dinámica de grupos vocales sin protagonismo evidente. Tal caracter tiene su timbre y tal actitud su estilo que da escalofríos pensar en qué hubiese pasado de haber afirmado una discografía solista. En el año preciso de la explosión sicodélica, los Four Tops sacaron el último gran álbum de la sociedad Holland-Dozier-Holland, acaso demasiado “adulto” para sumarse al carro del cambio de paradigma que imponía el rock. A la larga, singles como “Reach out (I’ll be there)” o “Standing in the shadows of love” pesan lo que 50 temas de Grateful Dead. Gracias a Dios, nadie en Motown quiso ser hippie.

Stevie Wonder, Innervisions (1973)
No son uno ni dos los grandes álbumes de Stevie Wonder (hay al menos cinco discos inesquivables para la formación musical de cualquier melómano), pero Innervisions es, probablemente, el que envejece mejor. Lo que hay aquí no es tanto un tratado sobre funk de autor, sino una apuesta lograda por un soul que estuviese encima del tiempo, junto a la reflexión política más aguda que se encuentra en su cancionero (”Living for the city”, “He’s misstra know-it-all”, sobre Nixon —aunque qué bien le combina a George W.—) y un tipo de canción romántica (”All in love is fair”, “Golden lady”) tan imaginativa, que es capaz de innovar incluso en el más manido de los géneros. Sorprende leer que fue un disco lleno de Grammies. Alguna vez los premios musicales sí que le apuntaban.

The Marvelettes, The Marvelettes (1967)
Ronettes, Velvelettes, Marvelettes… antiguos tríos femeninos vocales bautizados como el terciopelo y con un sonido arreglado de ídem. El mejor modo de introducirse en las Marvelettes es a través de una antología (tuvieron mejores singles que álbumes), pero aquí está una de esas joyas Motown que merecería más fama, y cuyo descubrimiento se graba a fuego en el oído: “The hunter gets captured by the game”. Un sello que tiene un single así en la segunda división merece un museo.

Marvin Gaye, What’s going on (1971)
Infinitos análisis han convertido a este álbum en “la” pieza clásica de Motown, y es innegable su potencia como obra política, conceptual, autoral y hasta como apuesta gráfica (su carátula será siempre reconocible). Su reflexión social, medioambiental y de solidaridad global mantiene no sólo una asombrosa vigencia sino, también, una pista de consciencia afroamericana ineludible para comprender mejor la agenda de Public Enemy o Barack Obama. El hombre más sexy de Motown terminó firmando su disco más político, un trabajo que agita la mente y a la vez eriza la piel. Vaya paradoja, ¿no?

Brenda Holloway, Every little bit hurts (1964)
El single que le da título a este álbum es un cruce emocionante de gospel y pop, una balada esencialmente femenina sobre la perplejidad que produce el abandono y cómo una psiquis herida agranda cada pequeño signo de desprecio. “I’ve been good to you” es otro de sus hermosos pero incomprensibles despechos cantados: ¿cómo un hombre podría hacer sufrir a alguien tan adorable como Brenda Holloway?

Smokey Robinson and The Miracles, Going to a go-go (1965)
Aunque sólo sea por “The tracks of my tears”, una canción de abandono a la altura de “Ne me quitte pas”: “Outside I’m masquerading/Inside, my hope is fading / If you look closer, it’s easy to trace/The tracks of my tears.” Escuchen la canción que le da título al disco y vean cuan desvergonzado pudo ser Wham! en su copia ochentera.
David Ruffin, Feelin’ good (1969)
Cantante de los Temptations, el único disco que le conozco a David Ruffin es una vitrina emocionante para una voz raspada y áspera, que en ese grupo nunca se permitió mostrar tan abiertamente, y que combina estupendamente con títulos como “I let love slip away” o “Loving you (is hurting me)”. Los Hall & Oates son devotos, y eso es argumento de peso, al menos para mí. No confundir con Jimmy Ruffin, su hermano mayor, intérprete de una de las mejores canciones del catálogo Motown (”What becomes of the broken hearted?“), pero a quien no le conocemos ningún álbum completo.
Syreeta, Syreeta (1972)
Corista de algunos discos de Stevie Wonder, la cantante Syreeta Wright recibió la ayuda del músico en sus dos primeros álbumes solista. En éste, su debut, están los característicos teclados del hombre de “Superstition”, que serían bien poco sin la voz de ángel de Syreeta, mujer misteriosa de voz ductilísima, y que convierte el “She’s leaving home” de los Beatles en un funk marciano en el que cabe hasta un vocoder.
Jackson 5, ABC (1970)
Por un rato, por lo alegre, por lo didáctico. Por último, para comprobar cómo la voz de un niño tierno puede esconder a un monstruo. También en Motown, los primeros discos solistas de Michael, incluyendo esa extraña oda kitsch a las ratas llamada Ben.
Martha & The Vandellas, Dance party (1960)
Otro de los grupos a los que es mejor conocer por antologías, en este disco Martha & the Vandellas incluye al menos dos singles que miles de grupos no harían en toda una carrera: “Nowhere to run” y, cómo no, “Dancing in the streets”. Hay que ser muy pero muy bacán para dejar en ridículo hasta a David Bowie con Mick Jagger cuando tratan de imitarte.
Más: todos los número 1 de Motown en Estados Unidos / Hablan sus monarcas (Vanity Fair) / El sonido Motown vuelve a rugir (El País).
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1. Matias Amoçain | January 15, 2009 at 6:43 am
Qué buen post, te pasaste. Unos deben ir a la Meca al menos una vez en la vida. Yo quiero ir a la casita de Motown en Detroit. http://amocain.blogspot.com/
2. Jorge | January 18, 2009 at 4:59 pm
Como siempre, muchas gracias por tanta buena información. Sospecho que hay más subversión en cualquiera de las canciones del sello Motown que en, por ejemplo, toda la carrera de Aerosmith.
3. feña | January 22, 2009 at 3:35 pm
alguna vez caché que te gustaba L Cole y celebré la coincidencia. con Dayna Kurtz me llegué a emocionar. y con motown estoy aprendiendo.
esto deberían pasarlo en los colegios. oiga, ¿de Aretha nada?
4. marisol | January 23, 2009 at 10:50 am
Aretha es de Atlantic, Feña. Cualquier compilado de Atlantic es tan buen soul como éste.
5. feña | January 23, 2009 at 2:38 pm
grax