entrevista a julio iglesias, cantante

March 10, 2004 at 6:58 pm Leave a comment

«Hoy tengo menos instinto y más raciocinio»

Treinta años de carrera fueron el impulso para que la más famosa voz de España se decidiera a ordenar su historia en una antología. En su nueva residencia de Punta Cana, a pocos días de haber cumplido 55 años y a meses de que nazca su quinto hijo, Julio Iglesias habla sobre el disco Mi vida.

Por Marisol García en Punta Cana (Wikén, septiembre 1998).


A juzgar por la soltura con que las expone, pareciera que Julio Iglesias considera un mérito las contradicciones que han dado forma a sus treinta años de carrera. “No tiene nada que ver el Julio Iglesias de hace dos años con el de hoy”, advierte el cantante español más famoso de la historia, hablando en tercera persona de sus cambiantes expectativas, proyectos y publicaciones, con la pausa de una voz tan cálida como la ambientación de la terraza del complejo hotelero de Punta Cana, sobre la cual ha estado recibiendo a la prensa de todo el mundo durante tres días.

—Ésta es una recopilación que hice casi a regañadientes, aunque ahora que está hecha no me parece una mala idea—, dice con igual relajo del disco que justifica tal rotativa de medios, una colección doble de 37 canciones que el próximo 6 de octubre se pondrá a la venta bajo el ilustrativo título de Mi vida: grandes éxitos. Cubriendo un rango de actividad artística de tres décadas, la primera antología del intérprete de “Hey” contará con seis versiones distintas para igual cantidad de mercados, además de delegar la función de single promocional en el popular vallenato de Carlos Vives “La gota fría”, presentada en cinco idiomas con el antetítulo de “Moralito”. Su solo formato es otra de las históricas contradicciones de Julio.

Hace unos años dijo que su primera antología se registraría en conciertos en vivo.
—Sí señor y lo voy a hacer—, advierte antes de explicar por qué Mi vida finalmente optó por reunir las grabaciones originales de éxitos como “Hey” y “Manuela” con nuevas versiones de estudio para otros clásicos como “Por el amor de una mujer”, “Abrázame” y “Un canto a Galicia”. —La idea básica fue volver a grabar aquellas canciones con las cuales yo no estaba de acuerdo, sobre todo pensando que mi voz es diferente ahora y podía mejorar algunas versiones antiguas. Es el caso de “La vida sigue igual” que me sonaba muy fea.

¿Fea?
—Me parecía que era mucho más importante la autoría que la cantaoría. Por supuesto que para esto también hay razones comerciales de la compañía de discos, pues yo ya no tengo ninguna razón comercial en mi vida. Lo que quiero es tener discos en las casas de las gentes, no me interesa otra cosa más porque difícilmente tengo tiempo pa’gastar todo el dinero, y no hay para qué explicarlo. Me da mucha vergüenza hablar de estas cosas.

Una recopilación musical puede interpretarse como el cierre de una etapa para comenzar con otra o…
—Se puede interpretar de una manera mucho peor—, interrumpe el español, —como si no tuviera nada más que ofrecer. Pero a mi edad creo que tengo mejores colores y soy mil veces mejor cantante que lo que era antes. Y tengo la gran suerte, gracias a Dios y sin ninguna modestia, de que mi vigencia artística es más fuerte que nunca.

¿Lo dice por la cantidad de público que asiste a sus conciertos?
—Más que nada. Mis conciertos siempre están vendidos con dos o tres meses de antelación. Hace quince días estaba cantando en Estonia, Lituania, Macedonia; que son países nuevos para mí.

A la luz de las anteriores estadísticas es que Julio Iglesias predice que Mi vida será el disco de mayor venta en su carrera. Con 220 millones de copias de un total de 71 álbumes repartidas por todo el mundo, el madrileño planea desmentir con cifras las amenazas a su continuidad que para algunos supuso el polémico Tango (1996), disco que pese a las duras críticas de entendidos en el género porteño siguió reportándole tan sanas ventas como para pensar en sucesores.

—Voy a cantar a Latinoamérica en los próximos diez años muy intensamente—, adelanta Julio Iglesias, mirando al cielo como perdido entre sus sueños globales. —Quiero hacer dos grandes álbumes de boleros, un álbum de mariachis, uno de la Cuenca Andina y otro de merengue. Tengo que hacer muchas cosas y el recurrir al clasisismo de esas canciones es mucho mejor que intentar aventuras nuevas.


Cumpleaños “lógico”

La edad es referencia recurrente en el diálogo de Julio Iglesias, quien cada cierta cantidad de minutos recuerda con lo que parece un escalofrío mental que hace dos días se celebraron 55 años desde su nacimiento en Madrid. “Y tengo tantas ganas de vivir”, se lamenta el hombre del perenne bronceado, vestido con un deportivo atuendo de pantalón y zapatos blancos, polera de algodón gris y una disimuladora faja en la cintura que en nada disminuye la atención de las mujeres que alcanzan a enterarse de su presencia.

Más allá de su voz, ¿ve un concepto unitario entre canciones grabadas con tantos años de distancia?
—Éste es un disco conceptual, en el sentido que Dios me dio un estilo para cantar que, bueno o malo, es con el cual he sobrevivido. Pero veo diferentes ciclos, como en los (años) setenta, cuando era mucho más autor que intérprete—, dice y piensa unos segundos. —Es que yo no entendí nunca el éxito mío en aquellas épocas.

¿Ni hasta cuándo?
—No lo entiendo hasta que empiezo a ser intérprete, hasta que empiezo a cantar bien. Pero ahora, cuando vuelvo a esas primeras composiciones y escucho esas letras pequeñitas-pequeñitas pero con una simpleza bellísima, entonces entiendo un poco su charme, el porqué los pueblos las cantaban conmigo a flor de piel.

¿No cree posible retomar ahora esa perspectiva?
“No”, responde corto y enfático.

¿Por qué?
—No, porque tengo otra edad, otras circunstancias. Porque he aprendido otras cosas y no siento que la vida sea “abrázame y no me digas nada, sólo abrázame”. Porque mi cerebro está más cerca de mis sentimientos, porque tengo a lo mejor mucho menos instinto y más raciocinio.

Cuando se vuelve a escuchar una canción como “Hey”, se percibe una visión algo desencantada del amor. ¿Ha logrado reconciliarla el tiempo?
—No, es mucho más complicada. Mi visión de ahora es mucho más lógica y la lógica es más difícil.

¿No es, entonces, más feliz su impresión?
—No, no, no. El amor para mí ha tenido muchos colores diferentes, y el amor en genérico, como un color azul, no existe en mi vida. Por ejemplo, yo ahora estoy emparejado con Miranda, que es una maravilla de mujer, pero yo no voy a renunciar al amor de antes ni decir que éste es el mejor amor de mi vida—, dice respecto a la holandesa Miranda Rhysburger, madre de su cuarto hijo Miguel Alejandro, de un año, y embarazada de un quinto heredero Iglesias para abril. —Para mí todas las épocas han tenido siempre una importancia muy grande. No en las canciones necesariamente sino en mi propia vida.


Las “chiquillas” de Reñaca

“Esto es una maravilla, es la lluvia que hace crecer las plantas más rápido”, alaba el cantante, observando embelesado la súbita tormenta de viento y lluvia que en un momento amenaza con interrumpir la conversación. En nada lo inmuta la furia climática del emergente foco turístico de República Dominicana, localidad que en pocas semanas incluirá la casa del propio Iglesias aún en construcción como uno más de sus atractivos. “La idea de vivir entre el Caribe y España me es cada vez más cercana. Diría que hoy tiendo más a la comodidad, a la lógica”.

¿Lógica en el sentido de mesura?
—En el sentido de ciencia, de experiencia. Ya no juzgo a las gentes a priori, no tengo sentimientos de culpabilidad como eran a diario antes, me gusta el pensar que me he hecho mucho más humano (…). Tengo menos tiempo para ir a otros países, pero tienen que entender también las gentes, y esto va muy directo a un país que amo que es tu país, que yo he cantado en Chile cientos de veces, y he cantado en los grandes estadios. Y ahora me daría pena ir y no cantar en los estadios”.

¿Por qué supone que así será?
—Antes me gustaba mucho el conquistar e ir en contra de las corrientes. Ahora, todo lo contrario: amo mucho más a las gentes que te quieren de verdad-de verdad. Y uno de los países que más me quiere y más me ha querido es Chile. El chileno apostó hace treinta años, cuando yo era un cantante pequeñito, flaquito que cantaba “La vida sigue igual”—, dice casi en un susurro recordando su debut en el Festival de la Canción de Viña Del Mar versión 1969.

Los recuerdos que Julio Iglesias mantiene de nuestro país son variados y bien pueden hacer referencia a los mariscos como a las “grupos de chiquillas que no me dejaban bajar a la playa en Reñaca”, durante la década pasada.

—En diciembre, si Dios quiere estaré en Chile—, adelanta culpando al frío de la cancelación del show prometido para mayo pasado. —Pero luego me gustaría cantar no solamente en Santiago, sino en Chile: desde Arica hasta Puerto Montt. Sé que en Chile dicen “¿ por qué no viene más por aquí; cuántas veces nos dijisteis ‘os quiero, os amo, os adoro’?. Pues ahora tienen que estar orgullosos porque Chile fue el primer país que me aplaudió y que me quiso de verdad. Chile apostó por un campeón.


Papá Iglesias elige: “Julio José me dejó ayudarle”

Algo impensable hace un par de años será una realidad en menos de seis meses: tres distintos discos con el apellido Iglesias se disputarán el mismo segmento de mercado. Antes de diciembre, los seguidores del cancionero romántico-español deberán decidirse entre el probado nivel del padre en su antología Mi vida (a la venta desde el 6 de octubre) y el imparable ascenso comercial de Enrique con Cosas del amor, lanzado el martes pasado con millonarias expectativas de venta.

Pero la mayor sorpresa vendrá el primer trimestre de 1999, con el debut disquero de Julio José, segundo hijo del matrimonio Iglesias-Preysler, conocido hasta el momento como modelo y conductor del programa “Mosaico” del canal por cable Travel Channel. A los 24 años, el joven prepara su irrupción a gran escala en la empresa familiar con un álbum solista financiado con gran sigilo por la disquera Sony Music (la misma de su padre) la cual, según datos publicados por el diario estadounidense Los Angeles Times pagó al hermano de Chabeli y Enrique 35 millones de dólares por tres discos en inglés.

El principal responsable de tanto gen musical en la familia establece las particularidades de cada heredero:

—Los dos son chicos totalmente independientes, pero la diferencia de Julio José es que, a lo mejor, le dio menos vergüenza acercarse y decirme: “Mire, padre, lo que acabo de cantar. Entonces yo puedo ayudarle en el sentido de ponerle en contacto con las gentes justas.

Es el patrocinio que Enrique se precia de no haber tenido y que su padre atribuye a una personalidad rebelde: “Enrique siempre fue mucho más independiente, desde pequeñito. Pero como los chicos jóvenes tienen que aprender a llegar alto. Yo lo entiendo por las situaciones que hemos tenido, pero a veces me da lástima pensar que no me consulten pequeños detalles, porque quién mejor que un padre que lleva treinta años en el negocio como yo”.

¿Ha sido conveniente discutir todo esto a través de la prensa?
—Pero es que la gente sabe que todo es mentira, que los hijos nos separamos de nuestros padres naturalmente a los veinte años, y nos vamos a hacer nuestras vidas y nos enamoramos justamente de la persona que nuestro padre menos quiere, como me pasó a mí. A todo el mundo le pasa lo mismo, si no la sociedad no se movería.

¿Su apoyo a la carrera de Julio José significa que usted mismo producirá su disco?
—No, no. Ellos son chicos totalmente independientes que además aprenden muy rápido. Si a mí me hubiera tocado empezar a grabar en esta época yo estaría muerto como artista, porque ya no hay tiempo para aprender, es todo mucho más vertiginoso.

Julio Iglesias (padre) espera para abril el nacimiento de su quinto hijo, fruto de su actual relación con la joven holandesa Miranda Rhysburger con quien ya tuvo a Miguel Alejandro, de un año recién cumplido y sin aparentes intenciones musicales hasta ahora.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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