entrevista a pío leyva, sonero

July 10, 2004 at 6:00 pm Leave a comment

“Cuando no era nadie, vivía más feliz”

La frase anterior no es una queja. Pero al cantante cubano, que este sábado debuta en Chile junto a Barbarito Torres y otros músicos de la isla, le sale inevitable la nostalgia de los tiempos anteriores a Buena Vista Social Club, el proyecto audiovisual que cambió para siempre su vida octogenaria. “A mi edad”, admite, “jamás pensé que iba a estar durmiendo en un hotel como éste”.

Por Marisol García en Caracas(El Mercurio, agosto 2000).

Inmortalizado por uno de los momentos mas elocuentes —y, según algunos, paternalista— del documental Buena Vista Social Club, la charla de Pío Leyva responde perfectamente a la conmovedora candidez con que lo muestra la cinta de Wim Wenders: recorriendo Manhattan, sorprendido ante las lujosas vitrinas de la Quinta Avenida y sin poder identificar a una figura de Marilyn Monroe que el bloqueo ha mantenido a salvo del mito en su Cuba natal.

Con su metro y medio de estatura y sus 83 años de edad llega cubierto por una polera de slogan decidor: “¡Salsa y placer hasta el amanecer!”. Viene de una concurrida conferencia de prensa, en la que, un par de minutos antes, un periodista venezolano le preguntó: “¿Qué le falta por cumplir, don Pío?”. Y él, sencillo, sólo respondió: “Pues durar un poco más”.

De acuerdo al arquetipo que tan simpático le ha caído al Primer Mundo y que hoy beneficia también a antiguos colegas suyos, como Compay Segundo e Ibrahim Ferrer, Leyva observa una filosofía médica sencilla para explicar tamaña vitalidad: “No hay nada tan grande como el tabaco y un trago de ron”. Sus dedos, por lo tanto, se aferran con fuerza a uno de los muchos habanos que lo calmarán durante esta entrevista.

¿Sabe mejor el ron fuera de Cuba?
—Mire, yo estoy contento. Jamás pensé que a la edad que tengo iba a estar durmiendo en un hotel como éste. Pero a veces extraño La Habana, el ambiente ése de amistad. Era más barato, pero también más puro. Le voy a decir una cosa sinceramente: cuando yo no era nadie, ni tenía nada, vivía más feliz. Porque hacía todo esto (de modo) espontáneo.

En estricto rigor, Pío Leyva nunca fue un don nadie en su propio país. Ya a los 22 años era un profesional del canto que recorría toda Cuba y llegó a grabar con las orquestas de gente tan prestigiosa como Benny Moré y Bebo Valdés. Durante los años cincuenta trabajó junto a Compay Segundo y fundó el grupo Las Estrellas de Areíto, componiendo además boleros de gran difusión dentro de la isla.

“¡Pero si yo he tenido mucha suerte!”, agradece humilde, “porque mejor que yo canta cualquiera. Como dicen ustedes, los jóvenes, lo mío es ángel, porque hablo con alguien y le caigo bien. No sé por qué”.

El mismo de la pantalla
Incluso a este hombre modesto, nacido en una localidad rural llamada Morón, le es imposible no reconocer el vuelco absoluto que para su vida y la de sus colegas significó Buena Vista Social Club: una avalancha de premios, giras y ventas de la cual él mismo se ha beneficiado por soslayo, pues su voz no estuvo en el disco coordinado por Ry Cooder.

Al momento de esa grabación, Leyva acababa de terminar un disco coordinado por Juan De Marcos González, a quien muchos consideran el principal antecedente del famoso experimento del guitarrista estadounidense (A toda Cuba le gusta, de Afro-Cuban All Stars).

—Grabé, me pagaron y me fui. Si me hubieran dicho quédate, me quedo. Pero no fue así, —admite Leyva, quien vio y disfrutó el documental dirigido por Wenders, donde fue incluido como agregado fundamental—. Lo que más me gusta de la película son las tradiciones de los números: ahí hay cosas que yo cantaba como muchacho. Pero quiero decirle, señorita, que el de ahí, el de la pantalla, es el mismo que está acá con usted. Porque hay algunos a los que se le van los humos a la cabeza. Y yo sé que hay que tener más valor para bajar cuando uno esta arriba, que para subir.

Por una guaracha con letra de Miguel Ojeda y música suya, a este hombre se le conoce dentro de Cuba como Pío, El Mentiroso. Pero Leyva es un hombre confiable y espontáneo, que a veces responde entonando boleros y hasta es posible verlo bailando por los pasillos del hotel.

—Yo no sé nada de música. Ni una papa. Todo lo que hago es por inspiración —asegura—. Y me gusta el bolero porque tiene una cosa insuperable. Es un sentimiento tan profundo, que liga dos cosas: romance y violencia. Porque hay violencias que son agradables, ¿no es cierto?—, invita riendo con picardía.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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