entrevista a josé alfredo pollo fuentes, cantante

November 20, 2005 at 4:10 am 2 comments

«Tiene que darte pena»

La revisión de vida que el Pollo Fuentes decidió emprender en Corazón loco le revelará facetas insospechadas al público que ha querido congelarlo en su estampa de amable figura de TV. Aquí canta un hombre bohemio, solitario y de muy selecto gusto musical. Pero tuvo que ser Álvaro Henríquez quien fuera capaz de hacer caber todo eso en un disco.

Por Marisol García | La Nación Domingo, noviembre 2005.


Cuarenta años con su voz en los parlantes e incontables domingos compartidos con su estampa parecen no haber servido de nada para conocer el fondo de José Alfredo Fuentes (58). Muchas de las canciones de su nuevo disco, Corazón loco, revelan pliegues emocionales que jamás pareció iluminar foco alguno. Será la miopía de un país entero la que quede en evidencia si se llega a colar a radios una canción compuesta por él y que parece haberse escrito desde un pozo oscuro que nada tiene que ver con un set de Megavisión:

P’tas que tengo pena
P’tas que estoy dolido
No sé si tenga fuerzas para seguir viviendo
En este mundo adverso, con tanta gente ingrata
Haberlo dado todo…
Y recibir olvido “.

Puede que hasta su antiguo club de fans convoque a una reunión de emergencia para discutir qué hacer ante una queja como la de “Decepción”. Escribir versos así no es gratis, pero a José Alfredo Fuentes su nuevo disco lo ha vitalizado de tal modo, que está dispuesto a pagar con gusto sus costos asociados. El Pollo tuvo hace poco una visión que lo espantó y que hoy lo empuja a correr riesgos casi como un debutante. Describe ese temor también en “Decepción”: “Se apagó la luz de la esperanza / Quedó atrás mi pena y mi verdad / Se me va, la vida se me va“.

“Hay tristeza, claro”, reconoce en el inicio de una charla pausada y articulada con esa voz que es casi institución cultural. “Estas canciones tienen que darte pena. Porque además en el disco se juntaron dos llorones. El Álvaro [Henríquez, productor del álbum] compone sobre la muerte, la soledad, el dolor… cosas con las que yo también convivo muy de cerca. Éste es un disco para que te lo sufrai”.

—¿Y cómo se explica que un disco tan triste te tenga tan entusiasmado?
—Es que este disco es el resultado de un proceso… yo me liberé hace poquito tiempo. Porque desde muy chico viví tratando de que nadie lo pasara mal. Así sostuve la relación con mi madre, mis hermanos, con mis hijos, con mi ex mujer… Yo estaba obligado a hacer cosas por los demás, y a decir que sí siempre. Lo que quiero ahora es empezar a vivir yo. Aunque me queden diez años con la agilidad que hoy siento, tengo muchas ganas de hacerlo.

Hay otra canción de Corazón loco que al Pollo le ha servido para conocerse mejor. Es un antiguo tango llamado “Mala suerte”, y cuyos versos entona con convicción:

Yo no pude prometerte cambiar la vida que llevo / porque nací caradura, y así me he de morir / A mí te tira la farra, el café, la madrugada / Y si escucho una tonada, yo no puedo estar sin ir”.

“¡Ése soy yo!”, asegura. “Pero es recién ahora que cambié para lo que siempre tuve que haber sido. Si lo he pasado mal, ha sido en parte por haber sido tan buena gente y complaciente. Hasta que te das cuenta de que cuando realmente necesitas de otras personas… están todos preocupados de sus cosas”.

—¿Es una actitud que estarías dispuesto también a defender en la promoción de este disco?
—Sí, absolutamente. Ya desde aquí aprovecho de enviar un mensaje a los programadores radiales (sonríe). Yo los iré a ver. Puede ser feo que yo lo diga, pero estoy en una onda absolutamente sincera. Creo que la gente se merece escuchar a un gallo que va a cumplir cuarenta años cantando y que se juntó con el ídolo actual de la música rock chilena. No puede ser que tú tires algo así debajo de la mesa, porque… habla mal de Chile. Y mira que estoy llegando lejos. Habrá quien diga “¿y quién se cree este imbécil?”, pero resulta que ¡me creo lo que soy! Nunca lo dije con mis dieciocho producciones anteriores, pero ahora lo digo: esto tiene vida. Tiene cultura histórica. Yo nunca había grabado un disco con tanta… hace una pausa y busca la palabra precisa
…piel. Es lo que mi abuela llamaba ‘enjundia’. Dentro de lo simple que puede ser la música popular, esto está hecho con verdad.

—¿Qué tanto tuvo que ver Álvaro Henríquez en esa profundización tuya como intérprete?
—Álvaro me sacó la foto sobre quién soy yo, realmente. Él se dio cuenta de las cosas que quedaron en el camino y que no hice. Porque yo siempre fui un tipo muy práctico, preocupado de mi familia y del futuro cercano. Pero Álvaro captaba que detrás de ese tipo proveedor existía el bohemio, el bueno para conversar con los músicos, el que le gustan las mujeres, el que se puede apasionar…

—… el melómano.
—Claro. Él eligió las canciones en un ochenta por ciento, y le achuntó medio a medio.

Ese repertorio combina cuatro composiciones del propio Henríquez (incluyendo “Hospital”, grabada antes por Pettinellis y que Fuentes parece estar cantando realmente desde un lecho de muerte) y títulos popularizados por Café Tacuba (“Esa noche”), Bebo & Cigala (“Corazón loco”) o Blood, Sweat & Tears (la famosa “Spinning wheel”). Una grabación en equipos análogos y sin presencia alguna de sintetizadores ni secuencias le terminó dando al álbum una calidez hace rato escindida de la balada popular chilena, que alcanza sorprendentes cumbres en arreglos como los de “Ahora no”, un tema grabado en los años 70 por José José y en el que Henríquez se aplica hacia el final en una lluvia de guitarras y timbres celestiales. Es justo creer que así como antes José Alfredo Fuentes supo captar el sonido de transición que requería el fin de la Nueva Ola, también Corazón loco corresponde a una mirada acertada de su tiempo.

—Mis discos fueron siempre representativos de los momentos que estaba viviendo. Pero también sucedió que llegué a determinados lugares sin haberlo querido, porque el entorno (llámese sello discográfico, representante, exigencias del público, programadores de radio) me llevó. Eran canciones que no estaban tan empapadas de mí como éstas, pero que igual se convirtieron en éxitos.

—¿No fue eso algo contra lo que alguna vez quisieras rebelarte?
—No le daba mucha vueltas, la verdad. Es que lo mío fue muy rápido. Yo caí en la música sin buscarlo, y siempre consideré que ésa era la vida que me tocaba llevar. Me dejaban ahí en el camarín, y luego me decían: “Te toca”. Y yo subía. Tenía 18 años y el teatro se venía abajo a gritos.

En ese sentido, el suyo es el peor ejemplo para quien quiera convencernos de que los grandes logros son siempre fruto de la planificación y persistencia. Con una garganta dotada por una muy bondadosa hada madrina, José Alfredo Fuentes conoció desde temprano derroteros que otros persiguen toda su vida; llámense éstos delirio femenino, posibilidades profesionales en el extranjero, nutrido currículo sentimental o fama a prueba de modas. El proceso que se plasma en Corazón loco tiene que ver sobre todo con la decisión de un hombre afortunado a tomar de los hombros a ese destino intachable y atreverse a sacudirlo hasta dejarlo un poco mareado. Nadie sabe qué pasará ahora con un disco tan atípico dentro.

—Yo ya sé que con este disco me va a costar llegar a los viejos que quieren “Te perdí”. Así es que me voy a enfocar en los jóvenes, que yo sé pueden entender que los cantantes de otras generaciones también tenemos derecho a innovar. Desde ahí, tengo confianza en que los demás pondrán atención.

Presentaciones en universidades, una población y el restaurante Liguria serán parte de la nueva estrategia de difusión de Corazón loco, que no debe confundirse con las muchas actividades planeadas para el próximo año durante su celebración de cuarenta años de carrera. Fuentes cree que es posible tener ya a mediados del 2006 otro disco nuevo, con el cual sostener un concierto de aniversario para el cual sueña con un Estadio Nacional repleto y algún invitado del nivel de Raphael o Adamo.

—¿Otro disco ya?
—Así es, pues. Si el cantante despertó. Igual que “Batman inicia”, esto es “Pollo inicia”.


“Te perdí” recuperada

En plan de “bonus track” se incluye al final de Corazón loco, la canción más famosa de la trayectoria de José Alfredo Fuentes; si no de todo el género amoroso chileno de los años 60. La grabación corresponde a una improvisación tangueada entre el cantante y el pianista Rubén Gaete, registrada sin que éstos lo supieran por los ingenieros en el estudio.

“Te perdí” fue el tercer disco-single en la carrera del Pollo Fuentes (luego de “Enamorado de ti” y “Bésame, bésame”), y el primero que correspondió a una composición personal. Publicado en 1966, el tema contaba con los únicos arreglos del cuarteto que lo acompañó durante esos primeros años: el guitarrista Patricio Arnechino , el bajista Miguel Pizarro, el baterista Patricio Salazar y el acordeonista Carlos Grünewald. La grabación se expandió a una rapidez inesperada, pese a que Fuentes nunca le tuvo fe. De hecho, “Te perdí” pasó encajonada varios años antes de que un productor la rescatara. Aunque Fuentes rara vez ha sido descrito como “cantautor”, también son suyas “Era sólo un chiquillo”, “Me faltas tú”, “El amor no tiene olvido” y hasta composiciones por encargo para Los Ángeles Negros.

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2 Comments Add your own

  • 1. Patricio Arnechino  |  February 22, 2010 at 3:16 am

    Es Patricio Arnechino, no Arneccino, porsi acaso. (Es mi padre) :)

    Reply
  • 2. solgarcia  |  February 22, 2010 at 12:28 pm

    ¡Gracias! Corregido.

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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