entrevista a mario rojas, cantautor

December 17, 2005 at 5:32 pm Leave a comment

Asaltar las estrellas

Cuando ya se ha asumido que el bote de la fama y el éxito tambalea, la creación se enfrenta al más difícil desafío, descubrió hace tiempo el cantautor Mario Rojas: “Darle a tu trabajo contenido”. Su esfuerzo se ha repartido en antiguas grabaciones de De Kiruza, el único documental sobre Los Chileneros, producciones discográficas vinculadas al folclor urbano y la redacción principal de la recordada revista Trauko. Su nuevo disco, Sartén de estrellas, tiene un sorprendente nivel de invitados para quien se define, apenas, como “un despelotado”.

Por Marisol García | La Nación Domingo, diciembre 2005


C
uando el músico Marcelo Nilo invitó a Mario Rojas a que transmitieran juntos un programa de radio, le propuso un concepto de programación vinculado “a los músicos chilenos que no salen en la radio, como esos jugadores que se quedan en la banca”. Rojas dio de inmediato con un estupendo nombre para el espacio: “Fuera de juego” (al aire cada jueves a las 18 horas, por la señal de la USACH), como si la idea ya le hubiese dado vueltas. En el partido que ocupa a la música popular chilena, Mario Rojas conoce mucho mejor la banca que la cancha del estadio, y no tiene por ahora intenciones de anotar ningún gol.

“Si hay algo que yo no conozco es el éxito. No sé qué es; al menos, del modo en el que parece entenderlo la sociedad hoy en día”, dice, quizás con razón, un cantautor sin fama ni logros vistosos, pero con una trayectoria que en momentos se ha cruzado con la de cracks de la cultura chilena. Con Roberto Parra, Mario Rojas trabajó en una serie de actividades que hasta incluyeron un montaje para sus Décimas de La Negra Ester, poco tiempo antes de que Andrés Pérez convirtiera la obra en clásico (años más tarde, Rojas fue el director musical del montaje del fallecido director para El desquite). Los ChilenerosLa cueca brava. Bitácora de Los Chileneros) gracias a su iniciativa y dirección; y junto a Pedro Foncea se acredita como el cofundador de De Kiruza, hacia 1987. El innegable brillo de su trabajo no encandila, pero ilumina. tienen un documental audiovisual con su historia (

“Piensa en la emoción de poner todo en el intento de crear una canción que quede en la memoria de los tiempos” canta Rojas en “Oye, abre la puerta”, uno de los doce temas que en el disco Sartén de estrellas lo presenta como un cantautor solista de genuino espíritu colectivo. Figuran en los créditos tres reconocibles nombres para guitarra, batería y contrabajo (Felipe Bravo, Tilo González y Jorge Campos, respectivamente); así como las voces de Magdalena Matthey y Pedro Foncea, entre otros invitados.

—Yo no soy cantor solo. No me gusta sonar tan pelado. Además, a menudo los músicos-amigos quieren tocar mis canciones.

—¿Qué crees que ven en ti como para interesarse?
—Yo creo que ven un tipo súper despelotado, la verdad; pero que dentro de esa manera tan desarticulada se las arregla para producir cosas, y eso les causa mucho asombro. Tengo muchos amigos que son infinitamente más mateos que yo, pero yo no se los oculto ni poso de nada. Soy constante, no me dejo estar. Y tengo un respeto profundo por cada uno de los tipos con los que trabajo.

Que las canciones de Sartén de estrellas se hayan gestado durante un período extenso explica la unión de versos sobre situaciones existenciales diversas. Todos aquí parecen los recuerdos de un hombre de gran ciudad con pensamientos incómodos y sin embargo afectuosos sobre su entorno. “Pegadito a la ventana de la micro” quedará como un relato documental para la generación posterior al Transantiago (“es imposible cruzar el centro en una micro / sin sentirse maltratado“), mientras “Todas mis canciones” combina sentimientos reconocibles de desamor con la también familiar descripción de la rutina de un funcionario público (“donde tomo más café que decisiones / y exagero: nunca tomo decisiones, / sólo obedezco“). Las mejores canciones de amor del disco hablan sobre mujeres que se han ido pero también sobre música inspiradora.

—Al final, hay más humor que nostalgia.
—No soy para nada una persona nostálgica. En lo que escribo, lo que canto, lo que hablo… hay siempre un dejo de ironía. La solemnidad me inhibe y como que me confunde. No es ése mi lenguaje.

—Sin embargo, tú vienes de una generación y un círculo creativo para los cuales la canción fue algo muy serio. ¿Qué te pasa con esa aura de “gravedad” que puede rodear a quien elige identificarse como cantautor?
—Para mí durante mucho tiempo la explicación de todo estaba en esos versos de Víctor Jara: “Yo no canto por cantar, ni por tener buena voz / Canto porque la guitarra tiene sentido y razón“. Hice mis primeras canciones como si fueran una obligación política, social. Fue cuando conocí a Pedro Foncea y José Luis Araya [se refiere a sus compañeros en De Kiruza] que comencé a comprender, paulatinamente, que hay veces en que la guitarra sólo tiene que sonar. Que puede tener sentido, pero no necesariamente razón.

Entre otras cosas, el descubrimiento motivó a Rojas a intentar afirmarse como compositor de canciones de amor. Uno de sus títulos más populares corresponde precisamente a ese género, si bien “Un desastre de galán” (grabada originalmente para su disco Musi-cachi-lena, de 1997, e incluida ahora en Sartén de estrellas en otra versión) sea quizás la antideclaración amorosa: la de un pretendiente que deja que sea ella quien pague el cine, el café y el motel. El tema comparte espacio con confesiones más dolientes (“Los caminos del amor”), dos cuecas de su autoría, y títulos firmados por Hugo Moraga y Pedro Yáñez.



Objetivos como desafíos

Hay un vínculo firme entre las muchas actividades que a diario ocupan a Mario Rojas. Al tiempo invertido en la composición y locución radial, añade la producción de discos —sólo en los últimos meses, se hizo cargo del álbum Los Tricolores con Daniel Muñoz y el trabajo solista de Luis Baucha Araneda, de Los Chileneros— y la mantención de un sitio web sobre cueca (www.cuecachilena.cl) que, sin él buscarlo, se ha convertido en punto de encuentro para una cada vez más joven y creciente comunidad de cultores. También “Cueca chilena” es el nombre del programa semanal que conduce hace dos años para la señal internacional de TVN. Ese vínculo es su convicción de que un país como Chile sólo puede desarrollarse artísticamente a través de una “cultura alternativa solvente”.

—Hay cosas que la gran masa no va a entender nunca; y la fama es algo que ni siquiera me planteo. Sinceramente, creo que uno hace lo que hace para los amigos. Tú terminas dirigiéndote a un círculo determinado de tipos desafiantes, porque están evolucionando y tú quieres mantenerlos interesados. Pero, a la vez, en ese esfuerzo te vas alejando cada vez más de la masa.

—¿Cuándo fue que te diste cuenta de esa separación entre tú y las posibilidades de una gran difusión?
—Es que con los años ese concepto de fama apareada con éxito simplemente empieza a transformarse en otra cosa, porque es un bote que empieza a hacerte agua. Entonces tú piensas: “Me bajo y me busco otra pega, o sigo enriqueciendo lo que he hecho hasta ahora”. El éxito pasa a un segundo plano y tú, por lo tanto, te concentras en la obra. Me lo dijo una vez Nino García, quien fue un gran músico: “Cuando tú sacas un disco, has subido un peldaño. Pero si realmente quieres avanzar, te vas a dar cuenta que el próximo peldaño es mucho más alto”.

—En ese dilema se estancan varios.
—Claro. Puedes quedarte ahí; decir: “Ya está bien”, porque lo otro es mucho más difícil. Es comenzar a cuidar las notas que compones, los músicos con los que te vinculas; la gente a la cual estás llegando, que debe ser cada vez más entendida. Tus objetivos se convierten en desafíos.

—¿Qué puedes decir del modo en el que los mejores músicos resuelven esos desafíos? Tú conociste a Roberto Parra.
—Es que gente como Roberto Parra y Nano Nuñez son tipos extraordinariamente inteligentes y creativos: poetas increíbles, aunque con un bajo nivel de escolaridad y semi analfabetos. O sea, Roberto Parra era un tipo renacentista. Dibujaba la raja, y en tiempos de la dictadura, cuando ya no tenía lugares donde tocar, él nunca paró. Publicó La negra Ester, La Carmela buena gente, Entre luche y cochayuyo; se ocupó en sus cuartetas y décimas, construyó una maqueta con el Chillán que él recordaba de su niñez; una cosa increíble que al final dejó en el patio y se la llevó la lluvia. Él nunca dejó de interesarse en mejorar… y ahí el tema no era la fama sino, simplemente, la necesidad de darle contenido a lo que hacía.

Cantar es cosa de asaltar las estrellas“, entona Mario Rojas en un momento de su nuevo disco, inspirado por una antigua frase de Karl Marx que también explica el título del álbum. Es una imagen hermosa y elocuente del idealismo creativo que probablemente motiva su creación, nutrida por años de residencia en el extranjero, experimentos pioneros en el hip-hop chileno y una pasión por la cueca que él califica como “desenfrenada”. Así lo describió una vez Mauricio Redolés: “Mario Rojas es un hombre que aparenta despreocupación y tal vez —en lo inmediato, en el detalle—, así sea. Pero en lo que está más allá, no se equivoca”.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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