jorge gonzález. maldito sudaca, emiliano aguayo (entrevistas)

January 2, 2006 at 12:01 pm 4 comments

300 páginas de González


H
oy terminé Maldito sudaca, el libro de entrevistas entre Jorge González y Emiliano Aguayo, un periodista y redactor publicitario que solicitó durante años tener varias sesiones de conversación con su músico chileno favorito, y así armar algo como lo que ha publicado este mes la editorial RIL. El libro es lo mejor que se ha publicado hasta ahora sobre Los Prisioneros —considerando investigaciones previas de Freddy Stock y Julio Osses—, pero además uno de los textos más rigurosos e informativos sobre música chilena que he podido leer.

Quizás el formato de pregunta-respuesta no sea lo más atractivo para aprender sobre algo en plan biográfico y es lógico que el lector puede ponerse a la defensiva con un libro que abre con la siguiente descripción: “Jorge González, el único músico de rock chileno a la altura de Víctor Jara y Violeta Parra… “. Aguayo parece no querer esconder que la suya es la posición de un fan y coleccionista, un hombre capaz de citar de memoria versos de canciones nunca editadas y aliarse a González en los incontables ataques a la prensa chilena con los que el músico sostiene acusaciones geniales y otras absurdas. Entre las primeras, su reflexión sobre la función de un crítico de rock:

“Cuando a uno no le gusta una huevada, muchas veces es problema de uno, no de la música. Es probable que hay algo que uno no entiende, que se le escapa por falta de sensibilidad o educación. Y es raro, porque como que a los críticos de música se les mira como más capos si no les gusta nada (…). Y al final, es refácil que algo no te guste. Ponerle color a la percepción y tratar de entender y de conseguir algo, eso es más meritorio y serio”.

Es, en cambio, absurdo, que asuma que cualquier periodista es un agente de la juventud de la UDI infiltrado en los diarios, dispuesto a dedicarle la escasa energía que caracteriza al gremio en boicotear su carrera con una enredada estrategia político-partidista (“al Claudio lo quieren porque a través suyo pueden hablar mal de mí”, “si los tipos del Wikén dicen que lo tuyo es bueno, significa que estás haciendo algo que probablemente está ayudando a que un tipo de derecha sea el próximo presidente de Chile”, etc.)*. González desperdició en Manzana la oportunidad para escribir una buena canción contra Agustín Edwards. Le salió la olvidable “Mr. Right” y el encono tampoco está siempre bien articulado en estas respuestas. Y es peor como comentarista internacional, asegurando como algo inobjetable la “felicidad” de los rusos con el Partido Comunista —habría que preguntarles a los que crecieron bajo Stalin— (p. 134) y la insensibilidad de magnates como Bill Gates hacia la pobreza en África (mal ejemplo poner al hombre que ya lleva donados sobre los US$500 millones para erradicar la malaria) (p. 140). En fin, no es más que la vieja falacia de las generalizaciones.

Sobre lo que hay que dejar a González hablando sin freno es sobre música, y es probable que no haya otro rockero chileno contemporáneo que pueda a uno sorprenderlo de este modo con sus teorías y descripciones sobre la labor creativa. Todo lo que opina sobre la influencia de la balada española de los años 70 en su formación; la importancia del Sandinista, de los Clash para su amplitud de referentes; el valor para los años 90 de los discos Fome y Ser hümano!!; la inutilidad de la excesiva teorización en torno al rock, la importancia del baile (y, por lo tanto, de la batería como un instrumento más fundamental en el rock que la guitarra); Los Prisioneros como un grupo más cercano al pop y el baile, que al punk y la protesta; son dichos lúcidos y certeros, armados además con mucho humor:

“Lo que les importa de verdad a los rockeros chilenos es que los discos que hagan sean parecidos a los que ellos tienen en su colección”, “yo diría que el rock en Chile no es de derecha, pero sí democratacristiano, sin ninguna duda. De izquierda, ni cagando. Lo que les interesa a los rockeros chilenos es haber nacido en Londres, no más, ojalá con un tío abuelo en Memphis”

Es probable que el libro trascienda en los comentarios como la gran venganza del cantautor contra Claudio Narea, pero me parece un volumen mucho más valioso en cuanto ensayo involuntario sobre la música chilena y la cambiante identidad del público que la escucha. Y ahí está el gran salto con respecto a los escasos y pobres libros previos sobre bandas locales de rock que tanto se han apegado a la trivia o la autorreferencia, y tan poco han dejado que los músicos reflexionen sobre su oficio.

Con Claudio Narea, González no intenta hacer más ni menos que lo que, por ejemplo, McCartney intentó hacer con Lennon en Many years from now; guardando las proporciones, porque Narea no fue un compositor significativo dentro del trío. A González le interesa desmitificar percepciones públicas sobre un compañero de banda que él analiza desde una perspectiva más amarga, y, a la vez, no dejar ninguna duda sobre cómo se repartían los talentos al interior del grupo. Es legítimo y duro, porque duro es el modo de hablar de González y porque el formato extenso del libro le permite explayarse sin edición. No es inteligente presentar sus dichos como “la verdad definitiva” en la historia de Los Prisioneros, porque un grupo famoso es muchas más cosas que las opiniones de su líder, y no le corresponde a un libro ni un documental intentar registrar todos los factores (fans, contexto sociopolítico, acogida de los medios, efectos culturales, etc.) que lo explicarían a cabalidad. En tal sentido, puede ser un poco agobiante la intención de Aguayo de no saltarse detalle ni dejar cabo suelto —como agobiante son esos padres primerizos que filman TODO lo que hace su primogénito, como si no confiaran en sus recuerdos—, pero al final ha sido mucho más agobiante la opinología de la prensa establecida sobre este asunto. Dejar que alguien hable para que el lector determine cuánto convence debe ser, al final, la intención original de toda entrevista, y que aquí se ha respetado a lo largo de una conversación ágil y variada que uno puede leer a saltos o en orden, como fan inconmovible o como escéptico irremediable. Por lo demás, habrá pocas oportunidades para dejarse seducir por un sujeto así de agrio o, por último, para indignarse con un libro de música chilena que no teme ser provocador. Sólo esto último justifica la inversión.

*Fui coordinadora de la antigua versión de Rolling Stone-Chile a la cual González acusa de “ningunearlo” de modo sistemático. Tengo por ahí los mails de Carlos Fonseca excusándose porque el grupo había decidido no aceptar nuestra proposición de una larga entrevista para portada.

Emiliano Aguayo, autor de Maldito sudaca:“¿No se puede admirar a Jorge González sólo porque está vivo?”

A falta de espacios impresos suficientes para la cobertura de música chilena, ha sido el cibersoporte de moda, los blogs, el lugar que le ha dado cauce al debate en torno a Maldito Sudaca, las quince horas de entrevistas con Jorge González (y otras tantas con amigos suyos o analistas sociales dispuestos a ocuparse en su influencia) que el periodista y redactor publicitario Emiliano Aguayo convirtió recientemente en libro. El escritor Omar Pérez Santiago, por ejemplo, escribe en su sitio personal que “las referencias, las citas, las preguntas fundamentadas, el conocimiento de los temas, son la base del éxito del libro. Aguayo demostró que un periodista puede hacer las preguntas difíciles o complejas y salir vivo”. Este mismo blog, en tanto, ha acogido un interesante debate sobre la legitimidad de que el libro se inicie ubicando a González a la altura de Violeta Parra y Víctor Jara. Independiente de los argumentos, es valioso leer pasión aplicada a la música chilena.

“Los comentarios serios que he leído me los he encontrado, justamente, en internet”, confirma Aguayo, quien tiene una teoría al respecto: “Quizás por su trabajo rápido, tengo la sensación de que varios de los comentaristas de los diarios ni se leyeron el libro entero. Pero, por ejemplo, si yo me peleara con González y lo comunicara, te aseguro que aparecería en portada”.

A Aguayo le gusta pensar que “si Maldito Sudaca fuese un disco, tendría varios singles. Y quizás aún no han sido todos lanzados”. Hubo tres libros que lo inspiraron a presentar el volumen en su estado actual: Canción telepática, de Tito Escárate; El Chile de Víctor Jara, de Omar Jurado; y Tirados en el pasto, conversaciones entre Andrés Calamaro y Alejandro Rozitchner.

Aclara, además, que su nueva publicación está lejos de ser un libro sólo para fans:

—Los de Los Prisioneros son quizás los fans más quisquillosos, lo que los hace un target complicado. Pero creo que están felices de poder leer, por primera vez, una entrevista seria, responsable y documentada. Y te aseguro que hasta el más fan se impresionó de la discografía adjunta.

—Existían ya dos libros sobre Los Prisioneros, ambos en plan biográfico. ¿Qué ventajas crees que presenta el formato entrevista?
—Cuando uno se plantea frente a una biografía narrada, es muy tentador recrear situaciones en las que uno en realidad no estuvo. O dar más opiniones e interpretaciones de las necesarias. En mi opinión, ése fue uno de los principales problemas de los libros de [Freddy] Stock y [Julio] Osses. Pensé en algún momento escribir algo en prosa, pero luego lo descarté, porque no quería intervenir en respuestas que me parecían demasiado poderosas. Además, son opiniones que Jorge González no puede dar en prensa sin que se las saque de contexto.

—Parece evidente que éste es el libro de un fan de Jorge González. Hay quienes creen que eso te quita autoridad en la investigación. ¿Cuál es tu defensa?
—No veo por qué en Chile uno puede ser fan de Violeta y Víctor Jara, y no sentir algo parecido por Los Prisioneros. ¿No puedo reconocer la genialidad de Jorge González sólo porque está vivo? Casi no hay biografía que no sea escrita por admiradores de la obra del protagonista. Yo no escribiría una biografía de Pinochet. En cambio, yo quería escribir sobre Jorge González hacía muchos años, contara o no con las entrevistas a él. Y cuando se dio la oportunidad, no hubo ninguna pregunta que me guardara. Tampoco hubo ninguna respuesta suya que yo decidiera no publicar, por prudencia ni nada parecido. Yo no soy amigo de Jorge González. Estuvo hace poco de cumpleaños y apenas le dejé un mail. Ni siquiera sé si leyó o no el libro. Pero tampoco puedo moderar a Tomás Moulian cuando cuando destaca su carisma y conexión con un momento histórico.

—¿Llegó a sorprenderte algo de lo que González te dijo sobre Claudio Narea?
—Si bien yo suponía varias cosas, hay detalles en el libro que son demasiado concluyentes e inéditos. Eso sí, si alguien lee el libro entero se encontrará con más de alguna, y no sólo en lo que dice González de Narea.

—¿Por qué la conversación vuelve tantas veces sobre la prensa? ¿Por qué crees que a González le importa tanto lo que se escriba de él?
—Yo creo que a nadie le interesa la prensa hasta cuando comienza a mentir, a descontextualizar, o cuando definitivamente se pone a favor de uno y odiosa para otros. No puede ser, por ejemplo, que La Tercera cubra todo respecto a Narea y no diga absolutamente nada de un libro sobre el compositor contemporáneo más importante del país y que es el líder de Los Prisioneros.

—Tú o la editorial han promocionado el libro como “la versión definitiva” sobre Los Prisioneros. ¿No es eso un poco ingenuo? ¿No es la historia de un grupo mucho más que las opiniones de su líder?
—La verdad es la verdad, y lo otro son aderezos que se le puedan agregar al mito, ya sea para confirmarlo o desvirtuarlo. Esta es la verdad del tipo que generó los conceptos de cada disco, que hizo las canciones, que le dio un discurso al grupo y que siempre dio la cara; por lo que, claramente, es más verídica que la de los biógrafos anteriores o la del propio Claudio Narea, quien no quiso ser entrevistado para este libro, lo que me hace pensar que no tenía muchos argumentos contra lo que podía decir Jorge González. Pero, bueno, eso respecto sólo a esa parte de la historia, porque el libro es muchos más que eso.

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entrevista a mario rojas, cantautor en busca de la música chilena (recopilación)

4 Comments Add your own

  • 1. Omar  |  November 5, 2009 at 9:35 pm

    Puedo o no estar deacuerdo con tu sucinta critica al libro, lo que si no estoy deacuerdo es sobre tu “critica” a la postura que tiene Jorge sobre Bill Gates, como si donar dinero solucionara el problema, el problema del hambre requiere de medidas radicales y no de limosnas señorita periodista y eso Jorge Gonzalez lo sabe muy bien

    Reply
  • 2. David  |  September 2, 2011 at 9:54 pm

    si no me equivoco el periodista es el típico pseudo-intelectual que envidia a Jorge y le tira mierda encubierta.

    Reply
  • 3. Lucho  |  October 3, 2011 at 6:36 pm

    quien mierda es jorge gonzalez a quien le a ganado y si fue grande ese huevon que hace en mexico o donde este dando pena ” Si que fue grande” ja ja ja

    Reply
  • 4. Daniel  |  September 29, 2012 at 12:11 pm

    Yo a los Europeos les digo Erpos de mierda
    Eu aos Europeus lhes digo Erpos de merda

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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