en busca de la música chilena (recopilación)

January 5, 2006 at 1:56 pm 14 comments

Música chilena para reír y llorar

Esperaba ciertas cosas de la lectura de En busca de la música chilena, pero jamás que un libro así de voluminoso e histórico llegara a darme risa. El libro es otro proyecto editorial vinculado a la Comisión Bicentenario, el único de la serie que hasta ahora ha tenido su foco sobre música popular. Combina una crónica del escritor José Miguel Varas y un muy ilustrativo recorrido (1911 al 2005) por notas de prensa y crítica sobre creación folclórica, docta y pop, editado por el musicólogo Juan Pablo González. Son algunas de estas notas las que se terminan leyendo a carcajadas, y no por culpa de los editores. Miren:

“… libres están las fronteras para que penetren a nuestro país toda esa literatura y música perversa, canallesca que, empezando por los cabarets, continúa su invasión malsana, corrompiendo el gusto artístico de la inmensa mayoría. Así vemos que los tangos, las rumbas y la música falseada de los negros norteamericanos, desplazan a nuestros nobles tonadas y cuecas chilenas”

(Pedro Humberto Allende, en El Mercurio; enero de 1935).

Aquí va otra, presentada bajo el título “El tango termina lo que la revista empieza”:

“No fuera nada si la influencia de la música y de la letra lesionara a hombres y mujeres completamente formados. Lo triste, lo absurdo, es que nuestras niñas, desde la más corta edad, están aprendiendo de memoria tales versos y tales cadencias amortiguadoras de toda voluntad. Nuestros hijos nacen y se forman constantemente la historia del compadrito y la mina; el episodio de la caída, y del quilombo; la muchacha que sostiene al amigo como la cosa más natural del mundo, etcétera […]. Lo que Argentina exporta, lo que desparrama por la América, no es su alma, sino mamarrachos y pacotillas, como sus revistas populares y aires del arrabal, como sus tangos”

(Renato Rivas en revista Sucesos; marzo de 1931).

Uno creía que sólo Iron Maiden y Boy George habían motivado alguna vez en Chile juicios que mezclaran (mala) crítica musical y moralismo, pero el recorrido por En busca de la música chilena demuestra cuánto antes habían empezado nuestros compatriotas bienpensantes con la práctica. Aunque se acompañe de argumentos absurdos, es valioso leer el entusiasmo con que solía analizarse lo que en diferentes décadas entusiasmaba el oído popular; porque es poco probable que alguien haga hoy el esfuerzo por darle una columna similar a Mario Guerrero o al efecto hormonal que puede producir el reggaetón (que, gracias a Dios y nuestra condición mortal, no alcanzó a toparse con don Renato Rivas).

Obviamente, no es sólo esto lo que llama la atención en las antiguas crónicas. Se repiten reflexiones sobre asuntos que hasta hoy animan un debate que uno creía novedoso, pero que, por lo visto, inquieta a los melómanos locales desde principios del siglo XX. Están, tal como ahora, los devaneos sin destino sobre qué marca exactamente “lo chileno” de nuestra música. También los límites y funciones de la labor del crítico, reflexiones nacidas —igual que ahora— de algún reciente exabrupto de un allegado al gremio.

Del mismo modo, se animan largos argumentos sobre el porqué de la intrínseca tristeza de la música popular chilena. Un columnista no identificado de la revista Ercilla tiene una teoría modelo 1937: “El indio araucano fue, es y será triste, consecuencia lógica de la Conquista y del estado deprimente en que hoy se encuentra”.

Un poco antes, en 1935, Antonio Acevedo comenzaba su argumentación transcribiendo el siguiente par de estrofas de una tonada:

Si me quieres, sé querer
Si me olvidas, sé olvidar
Si me desprecias, desprecio
Y ése es mi modo de amar.

Tendré que tener paciencia
mientras que se cumpla el plazo
sin darle a saber a nadie
la triste vida que pasó.

Me entretiene cada vez más leer libros de música chilena. Casi nunca tratan solamente de música, pues nuestra cultura es tan híbrida, clasista y autoflagelante, que las canciones han sido muchas veces otra excusa para exponer lo peor de nosotros (por eso también disfruté tanto El rey desnudo, la reciente biografía sobre Luis Dimas que espero comentar pronto aquí). Si el texto ilustra décadas que no conocí, nunca termino de sorprenderme con trivia: cuánto se parecía Luis Advis de joven a Orson Welles, por ejemplo, o la buena labor en periodismo musical que llegó a realizar Marina de Navasal. También sorprende cómo cada nuevo libro se las arregla para sumar otra historia al anecdotario aparentemente infinito de Violeta Parra. En la crónica de José Miguel Varas se cita a una amiga de la cantora, Silvia Urbina, quien relata el inicio de Violeta en la pintura al óleo:

“… me llama Ángel y me dice: Silvita, ¿tú puedes ir a ver a mi mamá? Le digo que sí, y me explica: ¿Sabes? Tiene hepatitis. Y ¡vieja más mañosa!, se le ocurrió que le lleváramos pinturas y cosas para pintar en la cama. Y he llegado a su casa y el olor a la pintura al óleo, al disolvente, se sentía como a una cuadra. Tenía las sábanas pintadas, las almohadas, todo pintado; porque como era ella, pintaba y limpiaba los pinceles en la almohada. Entonces yo: Pero, Violeta, ¡cómo se te ocurre! ¿Vas a dormir con ese olor? Me contestó: Un olor más, un olor menos…”.

Tampoco tenía idea yo sobre la primera reunión posgolpe entre músicos (los que quedaban, digamos) y militares en el poder. Llegaron Héctor Pavez, alguna gente de Cuncumén e Hilda Parra, entre otros. Los recibió el coronel Alfredo Ewing, varios militares de menor rango, y nada menos que Benjamín Mackenna, de Los Huasos Quincheros, en su rol de “asesor artístico de la Junta Militar”. Esto transcribe Varas sobre el testimonio de Héctor Pavez:

“… nos dijeron la firme: que iban a ser muy duros, que revisarían con lupa nuestras actitudes, nuestras canciones, que nada de flauta, quena ni charango; que el folclor nortino no era chileno; que la Cantata Santa María era un crimen histórico de ‘lesa patria’ (…); que los Quilapayún eran responsables de de la división de la juventud chilena…”.

No entiendo por qué estas anécdotas tan reveladoras no se han colado antes en las infinitas revisiones de Chile en 1973. Otra confirmación, asumo, del ninguneo que los historiadores, editores y “líderes de opinión” siguen practicando con la música chilena. Es una sensación que no transmiten los primeros escritos del siglo XX, que, equivocados o no, hablan de un país más interiorizado y entusiasta con lo que sea estuviese rotando entonces en los gramófonos.En busca de la música chilena, me dio risa y luego nostalgia. Debe ser porque soy chilena.

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jorge gonzález. maldito sudaca, emiliano aguayo (entrevistas) entrevista a beto cuevas, cantante

14 Comments Add your own

  • 1. Alvaro Rivera  |  January 6, 2006 at 4:35 am

    Marisol:
    Estas en lo cierto…
    Nadie se ha dado el tiempo en investigar el anecdotario de la música chilena. Por lo menos, ya hay gente que lo está haciendo…
    Cuando junte dinero, me compraré el libro…
    Saludos!!
    De Antofagasta (Por ahora, en la capital)

    Reply
  • 2. De paso  |  January 7, 2006 at 5:09 pm

    Bueno, escribiendo la biogafia de Los Santiaguinos (cueca brava), me comentaron el detalle que yo ignoraba sobre como decretaron, en dictadura, a la ‘cueca de campo’ como baile nacional, siendo en realidad la menos representativa de los diversos estilos de cueca en nuestro pais. Esto, para poder crear un buen competidor ante las representativas zampoñas, charangos y demases de aquellos años.
    Mira como lo lograron, que efectivo como nos desmembraron.

    Reply
  • 3. Anonymous  |  January 9, 2006 at 11:06 pm

    ¿era sabido por todos que “las casitas del barrio alto” no es original de Víctor Jara?
    yo me he enterado hace unos días con mucho asombro, viendo una serie nueva que usa la versión original del tema.

    Reply
  • 4. Marisol Garcia  |  January 9, 2006 at 11:16 pm

    Qué loco. No tenía idea. Sí sé que es un error que se siga propagando que “El cigarrito” es suya, porque es una de las muchas que Víctor Jara recopiló en los campos.

    Gracias por el dato.

    Reply
  • 5. Anonymous  |  January 9, 2006 at 11:39 pm

    completo la información.

    Little Boxes
    by Malvina Reynolds

    Little boxes on the hillside, Little boxes made of tickytacky
    Little boxes on the hillside, little boxes all the same
    There’s a green one and a pink one and a blue one and a yellow one
    And they’re all made out of ticky tacky and they all look just the same.

    And the people in the houses all went to the university
    Where they were put in boxes and they came out all the same,
    And there’s doctors and there’s lawyers, and business executives
    And they’re all made out of ticky tacky and they all look just the same.

    And they all play on the golf course and drink their martinis dry,
    And they all have pretty children and the children go to school
    And the children go to summer camp and then to the university
    Where they are put in boxes and they come out all the same.

    And the boys go into business and marry and raise a family
    In boxes made of ticky tacky and they all look just the same.

    Reply
  • 6. Nicolás Rojas I.  |  January 10, 2006 at 5:03 am

    Marisol:

    Creía ser uno de los poquísimos. Pero con entusiasmo me doy cuenta que somos muchos más. La música chilena, el anecdotario de nuestra historia mestiza. Uno de los más fieles reflejos de los contextos históricos de nuestro país (mucho más objetivo e interpretativo que los “nobles historiadores” que por muchos años nos hicieron creer que los indígenas eran la lacra).

    Como escribió Neruda “los conquistadores torvos se llevaron todo, y nos dejaron todo. Nos dejaron las palabras”. Las palabras que unificaron a una nacienta nación la que musicalizó su historia…campesina y algo borrachesca.

    No he leído el libro, aún estoy terminando “Maldito Sudaca”…mal que mal, música chilena. Ojalá todos valoraramos más lo nuestro. Ojalá nuestro país se diera cuenta de su identidad, y deje de imitar cualquier intento cultural de afuera. Yo me la juego por lo hecho en mis tierras, y por mí gente.

    Felicitaciones por el blog, te invito a visitar el mío http://www.ondazero.blogspot.com

    Nicolás Rojas I.
    nrojasi@hotmail.com

    Reply
  • 7. Anonymous  |  January 10, 2006 at 6:57 am

    Música chilena. Tres putas tristes en medio del cotilleo provincial. Sacar el tejido o la navaja para desnudar lo que pocas veces entendimos: nuestra música es el reflejo de algo que alguien nos quiso contar bajo cuerda que sólo pudimos entender y escuchar cuando el que canta ya está en el ataud. Lloro por quererte, por amarte y por besarte. Hay cariño. Hay mi vida. Nunca, pero nunca me abandones cariñito. Interludio.
    Lloro por quererte, por amarte y por besarte. Hay cariño. Hay mi vida. Nunca. Pero nunca, me abandones cariñito. Nunca, pero nunca (coro del público) me abandones cariñito. Y hacer bis al cubo.

    Reply
  • 8. Malayo  |  January 11, 2006 at 12:31 pm

    Democracia: si ponen reggaetón en todas las radioemisoras, no hay razón para ponerlo otra vez en una fiesta. Si no lo pusieran tanto, de acuerdo, bailemos, pero es demasiado. Por favor lectores de este blog: no es cool poner reggaetón en una fiesta.

    Cada cosa en su sitio; el reggaetón en todas las radios, en las micros, la TV, la prensa, etc, etc, erc, y el resto de la música en las fiestas.

    Reply
  • 9. ecobarrial  |  January 23, 2006 at 4:20 pm

    queee!!
    los ecobarrialinos estamos impresionadisimos con los las casitas del Barrio Alto ¿quien como, cuando?
    porfa no jueguen con nosotros!!!

    Justo estabamos guitarreando una versión recien compuesta por nosotros de “las casitas del Nuevo barrio alto”

    “….y las gentes de las casitas no sonrien, ni se visitan…
    las casitas del nuevo barrio alto
    todas quedan cerca del mall….”

    Reply
  • 10. Anonymous  |  January 26, 2006 at 1:47 am

    Que las antiguas crónicas sirvan de algo demuestra que los actuales periodistas debiesen tomarse más en serio su trabajo: tarde o temprano los juzgará la historia. No creo que será dadivosa.

    Reply
  • 11. Anonymous  |  January 27, 2006 at 9:56 pm

    La primera parte del libro, la crónica de José Miguel Varas es de las peores cosas que he leído en cuanto a historia de la música chilena.

    ¿Cómo se explica uno el nivel de apitutamiento para que alguien como Varas, que claramente sabe muy poco sobre la música chilena termine a cargo de un proyecto auspiciado por el proyecto del bicentenario? ¿Será la distancia que ha puesto idealista y me gustaría que se escogiera a alguien más preparado?

    De paso por Chile compré todo lo nuevo que se ha publicado sobre música chilena en el último tiempo y que no tenía. Con el libro de Fabio Salas, La Primavera Terrestre, me pasó lo mismo que con Varas: me fui de espaldas con lo sesgado de la supuesta “historia” que presentan.

    Los mismos que se quejan de lo dividido del país escriben Historia limitándose a la música que les gusta, perpetuando las divisiones.

    Hace algun tiempo Marisol escribía que basta con los 80s. Yo agrego: basta con escribir sobre la Nueva Canción (con la Nueva Canción misma no tengo problemas – hay mucho que es excelente). Pero hasta cuándo de añorar la música pre-dictadura, como si todo lo de entonces ubiese sido politicamente comprometido.

    Daniel Party

    Reply
    • 12. Jose Arnaldo  |  May 14, 2012 at 9:38 am

      Será porque la nueva canción es lo más transcendental que se ha hecho por acá…

      Reply
  • 13. ClaudioG  |  February 17, 2006 at 1:42 pm

    Estuve hojeando el libro hace un par de días y me llamó la atención que el Canto Nuevo fuera practicamente saltado tanto en la introducción como en la recopilación de artículos. Al respecto Ricardo García escribió durante la época un magnífico texto, que fue reproducido en varias publicaciones, pero que aquí al parecer ni siquiera fue considerado.

    Afortunadamente Viviana Larrea, hija de Ricardo García, intervino en la selección de temas de los discos compactos que acompañan el libro, de otra forma exponentes del Canto Nuevo e incluso Patricio Manns habrían sido completamente excluídos.

    Sobre Víctor Jara. Él no sólo adaptó canciones al castellano, sino que también interpretó canciones de otros como “A Desalambrar” de Daniel Viglietti, que hasta el día de hoy mucha gente en Europa piensa que es de Víctor. La mayoría de sus “covers” están contenidos en los discos “Pongo en tus manos abiertas” (original DICAP) y “Canciones Folklóricas de América”(original EMI). En este último, incluso interpreta una canción en inglés: “Husch-A-Bye.”

    En Chile se realizan cada año más de 50 Festivales de Todas las Artes Víctor Jara, hay una banda chilena llamada Vejara en su honor y el grupo “tipo Inti Illimani” más conocido de Portugal se llama Brigada Víctor Jara.

    ClaudioG

    Reply
  • 14. Christian  |  January 22, 2008 at 11:58 pm

    Marisol: gracias por tomarte el tiempo de escribir sobre esto temas. Quería decirte solamente que en Chile se han escrito decenas de textos sobre música chilena desde la década del 40 del siglo XIX en adelante, pero la mayoría de ellos en forma de artículo, no de libro.

    Quería preguntarte a ti y a los demás ¿qué libros o artículos se han escrito sobre la ‘nueva’ cueca chgilena en los últimos 10 años que no sea el de Samuel Claro?.

    Gracias

    Christian Spencer

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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