entrevista a los tres

May 22, 2006 at 7:29 pm 2 comments

Hablan Los Tres

Felices, convencidos, con la mira puesta en el continente completo. La filosofía en la nueva etapa del grupo Los Tres es el resultado de lecciones aprendidas a la fuerza.

Por Marisol García | La Nación Domingo, mayo 2006.

Alguna vez, un diario mexicano consideró estimable registrar la afrenta que implicaba tener al frente a una banda desconocida creyéndose lo más de la displicencia. “LOS TRES: CUATRO PATANES EN MÉXICO”, tituló ese medio el resultado de una inconducente conferencia de prensa convocada en el D.F. por un grupo que no se convencía de que valiera realmente la pena reproducir en el extranjero el éxito que ya tenían en Chile.

Ha pasado más de una década desde entonces. Es la noche del domingo 14 de mayo, y Los Tres reciben abrazos en el camarín del Foro Sol donde han realizado su primera presentación en seis años, poniendo así fin al “receso indefinido” anunciado el 4 de abril del año 2000. Hace unos minutos, Julieta Venegas y los cuatro Café Tacuba observaban desde un costado del escenario un concierto tan bien acogido que daba para creerlo el de músicos locales. El diario El Universal había publicado esa semana un buen remate para confirmar que la vida es pendular: “MÉXICO: SU SEGUNDA CASA”.

“Yo no tenía idea de lo que pasaba acá. Álvaro nos había contado, pero llegué al aeropuerto y el cargador de maletas nos dice ¡Qué bueno! Los Tres de Chile”, ilustra el guitarrista Ángel Parra, momentos después de volver a ser un Tres de Chile. “Hoy, tocando, me sentía como en Santiago en los mejores tiempos del grupo. Creo que es un buen punto de partida para que la cosa acá sea mil veces más grande, y es lo que me dice todo el mundo”.

—Aunque quizás exija más sacrificio que antes. Por las familias y eso.
—AP: Yo creo que sería menos que antes, fíjate. Después de lo que vi hoy día, con la respesta del público, ahora sí me siento mucho más pleno no para venirse a vivir, pero sí para enfrentar todo el trabajo de Los Tres con más alegría. De hecho, este mes y medio fuera de Chile yo he estado feliz. No hay depresiones ni huevadas raras, porque creo que todos estamos igual, y hay que pellizcarse para darse cuenta de lo que está pasando.

—El grupo antes nunca pareció muy entusiasmado con hacer promoción internacional. ¿Qué ha cambiado ahora?
—AP: Creo que hemos aprendido muchas lecciones, como los códigos de la gente en México. Sabemos cómo hay que hacer el trabajo bien. Pero, aparte de eso, nos sentimos muy felices con lo que estamos haciendo, y de a poco nos damos cuenta de que parece que es bien importante lo que viene. Eso te estimula a seguir, y a dejar descansando todos los planes de Ángel Parra Trío u otras cosas.

—Roberto Lindl: Vamos a ver qué pasa. O sea, después de esta recepción, jajaja, no hay para qué preocuparse. Nos ha impresionado harto la respuesta de las radios, por ejemplo, y de la gente en las calles. Hasta cuando vas a comprar un jugo y te dicen: “Eres de Los Tres, yo te ví en el Museo de El Chopo hace seis años”. Además tenemos un agradecimiento enorme con Café Tacuba. Cuando acá no estábamos sonando, ellos sacaron el disco tributo a Los Tres (“Vale callampa”) que sonó mucho acá. Siempre cerraban sus shows con su versión de “Déjate caer”.

—Debutar tras su reunión acá, dar las primeras entrevistas a prensa mexicana; todo parece una estrategia que, desde ese punto de vista, ha sido inteligente, ¿no?
—Álvaro Henríquez: Claro. Es que tal vez no seamos inteligentes, pero tontos no somos, jejeje. Tenía que ser así. Tal como el disco tenía que ser grabado en Nueva York y con Joe Blaney, teníamos que venir a tocar acá. Y teníamos que hacer todas las entrevistas primero con los medios de afuera. Era como: “Esto es lo que queremos”. Era una forma precisa de hacer las cosas, sin margen de error. Y así pasó todo lo que sabíamos que iba a pasar. O sea, no puedo predecir nada respecto al público, pero al menos con los medios de comunicación en Chile, me da un gusto increíble cómo han picado todos. Que le diéramos primero una entrevista a los diarios de México, era lo que yo quería. Porque no quería tener que explicar cosas que no les quiero explicar a muuuuchos periodistas en Chile.

—Ahora te va a tocar hacerlo.
—AH: Sí, pero no sé si hagamos tantas entrevistas. Tenemos muchas cosas en qué pensar como para responder preguntas estúpidas, ¿cachai?

—¿Desde cuándo ese hastío?
—AH: Ese hastío siempre estuvo. Pero incluso ahora, que somos mucho más amables con la prensa, hay gente con la que no tengo nada de qué hablar. Gente que escribe sobre cosas mías que no tienen nada que ver con la música.

—¿Te hace sentir más protegido estar ahora en un grupo?
—AH: No, pero la diferencia es que ahora están obligados a hablar de la respuesta que tuvo el público, no de si yo estuve en el Liguria y me encontré con no sé quién, ¿cachai? Encuentro que ésa es una falta de respeto increíble. Ni siquiera si eres un mal músico te mereces un trato así. Entonces, cuando uno ha hecho música que en Chile ha sido importante, la sensación que tienes es: Ya, salgamos de acá, vamos a Nueva York, estemos con los Tacuba, y hagamos otras cosas. Y expliquémosle el disco a la gente de afuera, sobre todo cuando hay un interés como el que existe acá en México.

“Démosle”
—¿Qué tan impredecible era lo que iba a resultar de ustedes trabajando juntos de nuevo?

—RL: Más o menos. Después de seis años, colocarse a componer… [se ríe]. Pero cuando agarramos las guitarras en la casa del Álvaro, empezamos a darle y nos dimos cuenta de que estaba todo intacto, en realidad.

—AP: Igual cuando el Álvaro me llamó me dio un poco de miedo: sabes que empieza toda esta cosa vertiginosa. Pero el hecho de que grabáramos fue muy inspirador. Me parece increíble que si hablamos con el Alvarito en diciembre, en febrero ya estaban todos los temas listos, a fines de marzo nos fuimos, y durante todo abril grabamos.

—¿No hubo nunca el temor de que esto fuese un riesgo? ¿De que en el estudio pudiera pasar cualquier cosa?
—AH: No, pues. Con nosotros nunca pasa cualquier cosa.

—Estabas seguro.
—AH: Segurísimo. Nadie iba a hacer algo tan estúpido e irresponsable como largarse a tocar cualquier cosa. Fue más bien: Esto nos gusta, nos convence, nos fascina, nos vuelve locos. De no haber sido así, no estaríamos juntos. Así de claro. ¿Cualquier cosa? No me interesa hacer cualquier cosa.

—AP: Tambíen hay que contar la comunión entre nosotros tres, y bueno, Manuel [Basualto], que ha sido un aporte genial. Cuando hicimos La sangre en el cuerpo (1999) hubo momentos muy difíciles con Pancho [Molina].

—¿Difíciles en qué sentido?
—AP: Dentro del estudio. O sea, tú no puedes tener una banda si pasan cosas raras, hay mala onda. Eso ya no está. Y lo que queda es que comenzamos a ensayar y tenemos en la memoria todas las canciones, todas las letras. Como le dije al Álvaro el otro día yo nunca voy a hacer mejor música que la que hacemos nosotros juntos. Por separado, jamás.

—RL: Todo parte de los temas, siempre. Y cuando el Álvaro nos mostró lo que tenía fue como: “Démosle”. Yo igual había hecho unos temas que no daban para hacerlos con el Ángel Parra Trio, ¿te fijas? Y es lo mismo que le pasó al Álvaro.

—AH: Como que hacía las canciones, y tenían un sonido completamente Los Tres. De repente hice “Camino” y pensé: sin la guitarra del Ángel y el bajo del Titae esto no se arma.

—¿Quedaste sorprendido?
—AH: Más que sorprendido, muy agradado. Qué bueno que sea ése el motivo por el cual llega el momento de juntarse, y no porque “oye, nos ofrecieron tanta plata del festival de Viña”, ¿cachai? Yo no pensé en reunir a Los Tres. Nos juntamos en mi casa, les mostré mis canciones y me dijeron “¿Cuántas tienes?”. “Cuatro”. “Entonces hagamos un disco entero”. Y creo que estuvimos en lo correcto. Lo hemos pasado muy bien. Ha sido muy muy vivificante.

—Venías de un disco solista (Álvaro Henríquez, 2004) muy poderoso, muy cuidado. Incluso puede haber gente que lamente que no sigas lo que habías iniciado ahí.
—AH: Yo lo evalúo como un disco muy necesario para mí. Haberlo hecho en ese momento, haber contado con la gente que conté; amigos como Los Bunkers, por ejemplo. Había dos baterías, cinco guitarras… nos dimos un lujo. Sabíamos que los comentarios iban a ser: “Álvaro Henríquez, otra vez con la misma…”. Pero lo pasamos tan bien, y estoy tan agradecido de la gente que participó. Y también de las canciones, que son muy, muy sentidas. Yo estaba en un bajón bien grande. Es un disco que me hizo muy bien.

—¿Y no habrá más?
—AH: Pero es que no se puede hacer todo al mismo momento. Quizás mi disco solista es mucho más reconocido ahora que en su momento. Pese a que hubo mucha gente que lo compró y le gustó mucho, no fue…

—No era fácil.
—AH: No. Y este disco tampoco creo que sea necesariamente fácil. Pero tiene esa chispa de tres personas juntas que no componían hace seis años. Eso atraviesa todo.

Música popular
—En la conferencia de prensa en México alguien dijo que éste será un disco más cercano a Fome que a La sangre en el cuerpo.

—AH: No sé. Es un disco mucho más simple. Además tiene la contribución del Meme [del Real, en teclados y parcial coproducción] que fue muy importante para poder ver el disco desde otro lado. Le da una curva tal vez… más dramática. No es un sonido plano.

—¿No se te escaparon las manos en la guitarra, Ángel? Venías de un tiempo en el que podías permitirte más solos, lucirte más…
—AP: [Se ríe] Creo que entre nosotros siempre ha estado bien claro qué se toca y qué no se tiene que tocar, ahora incluso más que antes. Para mí es un placer tocar música popular. Siempre he dicho que la música popular es la que la lleva, y por eso el último disco de Ángel Parra Trio (Playa solitaria) fue con Óscar Arriagada. A la edad que tengo, me parece rídiculo pretender ser “el” guitarrista de jazz, o tener una carrera internacional solo… ya casi como que no me interesa nada. Me importa mucho más colaborar en lo que se refiere a las canciones y componer con ellos.

—Creo haber leído alguna vez que a quien más le había dolido la decisión de separar la banda había sido a ti.
—AP: Bueno, también escuché alguna vez eso del Titae. Pero, sí, para mí no fue fácil. Para el Álvaro tampoco. El otro día lo escuché diciendo que estuvo dos años parado, sin agarrar una guitarra ni hacer una canción. Yo también creo que por lo menos un año estuve muy deprimido por lo que había pasado. Todos salimos adelante, pero hubo un tiempo de bajón súper fuerte.

—¿Alguna lección de eso?
—AP: Creo que todos hemos aprendido varias lecciones: de humildad, de que tenemos que seguir adelante juntos. Yo soy el más viejo de todos estos muchachos, y también veo de una forma mucho más reposada lo que está pasando. Creo que hay que aprovechar cada minuto. Y creo que todo esto nos lo merecemos largamente.

Hágalo usted mismo y viva contento, nuevo disco de Los Tres a la venta en junio. Lanzamiento el vivo el 7 de julio en el nuevo estadio techado del Parque O’Higgins.

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2 Comments Add your own

  • 1. Royal Tenenbaum  |  May 23, 2006 at 11:42 pm

    La primera canción conocida, “Camino”, no me gustó nada. Espero que el disco entero sea mejor que ese bocadillo. Siempre es interesante volver a escuchar al grupo más trascendente salido de Concepción, son músicos en verdad importantes. Sólo tengo algo de miedo melómano, que su ascendente mitificación no los transforme en un grupo de covers de ellos mismos. Rezo todos los días a la Virgen de Guadalupe para que eso no suceda. Amén.

    Reply
  • 2. Los Tres x « De Gira  |  May 12, 2008 at 6:08 pm

    […] Hablan Los Tres (La Nación Domingo, 2006) […]

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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