entrevista a fiskales ad-hok

July 18, 2006 at 10:40 pm 1 comment

Como diluvio

Una realidad constante, poderosa e ineludible ha sido esta banda en la historia reciente de la cultura urbana chilena. Cuando celebran veinte años de vida, diez años de su sello (C.F.A.) y la próxima salida de un nuevo disco, la banda reflexiona sobre un Chile que los hace sentirse cada vez más aislados.

Por Marisol García | La Nación Domingo, julio 2006.

El temporal afuera no alcanza esta tarde a filtrar la aislación sólida que protege la sala de ensayo de los Fiskales Ad-Hok, en un barrio del casco antiguo de Santiago. Ningún sonido, en verdad, lograría imponerse sobre la electricidad fiera que sale de las guitarras de Mechita Arredondo y Álvaro Guardabosques Rozas, mientras el bajo de Roli y la batería de Memo sostienen el pulso rítmico de canciones tan frescas que aún no tienen nombre.

“Está raro este tema. Está como histérico”, dice de pronto Roli sobre una composición llena de quiebres y armada recién esta semana. El fiero invierno santiaguino ha resultado un período de cálida productividad para la banda, que ha vuelto a un ritmo diario de ensayos, y espera ocuparse el mes de agosto en la preparación de un nuevo disco que se grabará en septiembre. Será el primero de estudio en cinco años, pues demasiadas cosas sucedieron al interior del grupo desde la edición de Calavera (2001) como para poder concentrarse en otro trabajo. Eso incluye su separación, un difundido documental con su historia (el aplaudido Malditos, ya en DVD), una inesperada reunión (con un nuevo guitarrista en las filas) y una segunda gira por Europa. El venidero disco de Fiskales Ad-Hok será una síntesis emocionante de ese lustro de vaivenes, y no hay que ser un seguidor acérrimo para esperarlo con ansias.

“Nos hemos ido sin apuro, porque en la banda han pasado cosas que nos parecía importante afiatar”, explica Memo desde detrás de su batería. “Dentro de estas cuatro paredes suceden muchas cosas, y es mejor tener buena onda, conocerse, sentirse cómodos”.

“Aprender a conocer a Fiskales”, ilustra Rozas. “Lo que necesitamos siempre ha estado, y lo que estamos haciendo ahora es ensamblar las partes”. Para Roli, Calavera es un álbum al que la banda le ha ido dando carácter después de su edición, pues “fue un disco inmadurísimo”, explicado por su debut en las lides independientes y en la autproducción. “Ahora recién sabemos que ya hicimos un sacrificio por nuestro sello y por otras bandas que grabaron allí. Este disco será el resultado de saber que es nuestro turno”.

A veinte años de su formación y con sólo dos integrantes fundadores en sus filas, Fiskales Ad-hok es hoy, inevitablemente, otra banda que la que sacudió la ortodoxia de la música de protesta en los años ’80, desde un entarimado ruidoso que espantó por igual al “boom pop” y el Canto Nuevo. El cantante Álvaro España advierte, por ejemplo, que las nuevas letras han tomado un rumbo sorprendentemente emocional.

“Hay letras políticas, también, pero han salido muchos textos de desilusión, personales, como bien sentimentales”, advierte el hombre que aprendió a ser rockero con canciones contra la autoridad pública y privada. “El otro día estuve conversando con el Hernán del Canto (La Pozze Latina), y él me contaba que una vez me invitó a cantar a un disco suyo, pero que le respondí que yo no hacía canciones de amor. Puede ser, porque antes no me interesaba. Pero ahora no tendría ningún problema. Estas letras nuevas que estoy haciendo tienen que ver con el amor, aunque con la visión más sufrida y dolorosa. Es cantar sobre cómo fracasan las relaciones”.


—Eso es bien personal.

—Claro, y tiene que ver con una etapa por la que yo estoy pasando, y la separación de mi pareja de siete años. Entonces aquí no me he medido, y está todo bien sufrido, como con puñaladas al corazón [sonríe].

—¿Por qué ocupas la palabra ‘fracaso’?
—Porque todas estas reflexiones van más allá de lo que te puede pasar a ti. Tienen que ver con sentirse fracasado en un mundo en el que se vive la angustia de siempre ser exitoso. Es algo que también se mete en las relaciones de pareja, en las que en algún momento hay que proyectarse y ofrecer algo ambicioso. De repente, yo he estado en un proceso de darme cuenta que no soy ambicioso, y que no me importa nada serlo. Igual es triste.

Bajo la distorsión agitada de la música de los Fiskales, subyació siempre el tono sombrío de canciones que, más que sobre injusticias pasajeras, se lamentaban sobre abusos inherentes a nuestra cultura y desigualdad. Entre versos ácidos o de humor negro, Fiskales ha ido distinguiendo una identidad de banda que no se resigna a que el rock sea visto como un temblor de entretención previa a una estabilidad vinculada al confort.

“De repente me encuentro con gente que me saluda y me dice ¿Y en qué estás? ¿Sigues tocando? ¡Si tocamos casi todos los días!”, cuenta Roli. “Es como cuando te dicen que ‘es normal’ que los cabros más jóvenes compren música contestataria, porque después el gusto les cambia. O sea, a mí eso me parece súper anormal. No puedes resignarte a que cuando te llegue la plata los ideales se te van a congelar”.

Los integrantes de Fiskales Ad-hok han pagado con silenciosos sacrificios personales el apego a una ética de independencia que ha sido, desde muchas perspectivas, ejemplar. La banda celebra este año una década de la fundación de C.F.A. (Corporación Fonográfica Autónoma), el sello que inauguraron cuando se dieron cuenta que su acuerdo con la multinacional BMG (con la cual alcanzaron a publicar el álbum Traga!) los limitaba más de lo que estaban dispuestos a aceptar. Con dos millones de pesos armaron un estudio de grabación junto a su sala de ensayo, y aprendieron a ensayo y error a manejar perillas y softwares. La C.F.A. acumula hoy un catálogo de más de veinte publicaciones, incluyendo trabajos de Revoltosos, Políticos Muertos, Supersordo, Yajaira y Lilits. Su actual desafío es coordinar una red de distribución independiente a lo largo de Chile. Cada paso de avance ha sido una metafórica lucha contra molinos.

“¿Cómo podís competir contra singles pagados por una multinacional?”, pregunta Roli sobre las dificultades de promoción que enfrentan. “¿Cómo bajai los costos si el 57 por ciento de un disco es IVA?”.

—IVA cuando fabricas, IVA cuando distribuyes e IVA cuando te dan la boleta. Te apuesto que lo que el Estado le reserva a fondos de la música es menos que lo que recauda por eso. Yo no sé si realmente sea un aporte destinar millones a proyectos Fondart para que se graben discos que luego terminan acumulados en las casas de los músicos.

—¿Qué piden?
—Nosotros no queremos premios. Y no vamos a postular ni esperar nada. Tampoco queremos favores, porque ninguna banda se merece eso. Pero poder vender discos más baratos es la mejor manera de acabar con la piratería. Nosotros hacemos un esfuerzo máximo porque los discos salgan a $4.990, pero podrían venderse un 57 por ciento más barato.

—Se supone que hay un auge del trabajo independiente. Que las cosas son mucho más fáciles hoy que cuando ustedes comenzaron.
“Yo encuentro que está peor”, estima Roli, y Arredondo precisa: “Se agradecen los espacios que te da Rock&Pop, Vía X… pero son favores, ¿cachai? Yo creo que falta un medio que se ponga con la independencia”.

—¿Por qué? ¿Qué representa el mundo independiente?
—Arredondo: Simplemente, una realidad. Ante un diluvio el país reacciona, da plata, se mueve. Bueno, nosotros somos lo mismo: una realidad que, como un diluvio, no se puede evitar. Yo creo que el desafío en Chile es aceptar que ésta es una sociedad con realidades diversas, y que todo lo que pasa es parte de un mismo país: la homosexualidad, los nazis, los punks, el Opus… ¡todo es real! Es parte de una identidad chilena. Nada puede imponerse como “lo único”, ¿cachai? Y todo tiene que ser aceptado por el gobierno; o por el poder, que es más que el gobierno, en realidad.
—Roli: Si nosotros logramos armar bien nuestra distribución independiente, tendremos una ciudad aparte. Y ante eso la cultura oficial se seca. Porque lo que el gobierno tiene hoy en la cabeza sobre lo que es la cultura, es una cosa…

—¿Ajena?
—Claro. Es como algo que montai encima de un collage, y que no tiene nada que ver con lo que había. No tiene ningúna relación con la tradición, con la historia, con lo que ha habido.

—Decir algo así a los 18 es diferente que hacerlo después, cuando uno tiene hijos y los amigos están en otra.
—Roli: Cómo la gente cambia, cómo reniega, es algo que no me deja de sorprender. A veces me da lata, claro. No tengo previsión, no tengo tarjeta de crédito, hay un montón de cosas que no puedo comprar. Y ahí están mis hijos… y yo igual me saco la mierda trabajando, ¿cachai? Y son cosas que ¿cuándo te las van a avalar? ¿A quién le importan? Te vas quedando…

—Aislado.
—Roli: Aisladísimo. Pero te juro que me siento súper orgulloso de lo que he hecho. Y sé que las construcciones son lentas, porque tampoco te sirve hacerte famoso de un día para otro. Los Fiskales nunca se ha tratado de alcanzar la fama, sino de construir algo de cimientos duros, sobre los cuales uno empiece a subir con seguridad.
—Rozas: Cuando me dicen “qué la raja lo que hacen”, me siento mejor que en cualquier momento de la vida.

La tribu Fiskales fue alguna vez un grupo adolescente sin conciencia de futuro. Hoy incluye a profesionales que han gestionado sus propias grabaciones, han organizado exitosas giras a Europa; e integran también a esposas, hijos y cuentas fijas que pagar. Sin embargo, es el mismo pulso de entonces el que hoy late bajo su punk-rock de íntima conexión social. Las únicas diferencias son, en el fondo, prácticas.

“El Víbora [antiguo guitarrista, hoy en Alemania] una vez me dijo una frase que ahora me ha vuelto, porque voy a ser papá”, cuenta Arredondo, de 28 años. “Un día me agarró y me dijo: Chavón, punk-rock es ir a dejar a tu hijo al jardín a las 7 y media de la mañana y con la caña”.

POLÍTICA AD-HOK
Profesores, ex alumnos y alumnos en toma contactaron hace un mes a los Fiskales Ad-hok para invitarlos a participar de las protestas secundarias en marcha. En el Liceo 7 las alumnas querían que los músicos se quedaran “a carretear con ellas”, cuentan entre risas, porque la invitación fue tentadora. En Valparaíso, tocaron en plena avenida Pedro Montt, frente al Congreso. Y en el Liceo de Aplicación, Roli se reencontró con un grupo de ex compañeros con quienes alguna vez animó otro tipo de protesta secundaria. “Se organizó una especie de homenaje a estos alumnos actuales en toma, y nos llamaron para participar. En ese tiempo, como el año ’82, éramos catorce miembros. Y resulta que al homenaje llegaron cinco; todo el resto son ahora funcionarios de gobierno”, cuenta.

—¿Qué impresión se llevaron de los escolares?
“Quedé para adentro”, responde Roli. “Siempre tuve una visión súper hueca de los cabros, y tuve que tragarme mis palabras. Me di cuenta de que en Chile hay muchos grupos haciendo cosas, tal como nosotros, pero que están ahí, apañaditos. Pero ya van a alzar la voz, ya van a salir”.

“Yo me saqué el sombrero frente a los pendejos, porque creo que le dieron una lección a todos los políticos del país”, agrega Álvaro. “Fue como un tapabocas para todos los viejos que nunca les tuvieron ninguna fe y que ahora no les quedó otra que reaccionar. Fue súper emocionante tocar para ellos. Además, desde hace un tiempo que nuestro público es, en su mayoría, adolescente”.

—¿Cuáles son los temas por los que se justifican hoy más protestas, creen ustedes?
—Álvaro: Aparte de la educación, está bien claro que el sistema de salud pública no ha mejorado; yo creo que está cada vez peor. Si eres indigente, te podís morir esperando que te atiendan. Si eso tiene que colapsar para que se mejore, pues tendrá que ser así. Y después, ¿qué vendrá? ¿Las cárceles hacinadas?

En el próximo disco de Fiskales habrá una canción “al que nunca se muere”, como explica Álvaro. “Me acordé del tema con una entrevista que le leí hace poco a Los Tres. Ellos también compusieron recién un par de temas contra Contreras y Pinochet. Es algo que es muy importante para nuestra generación, porque sabemos que nos vamos a quedar con las ganas de que se haga justicia”.

“Con el esnobismo que hay acá, a mí me causa mucha satisfacción que la política de la banda esté al día”, dice Roli. “Porque si estás en un grupo y te pones a hablar sobre política… pareciera que das la lata. Te dicen Vamos a comer sushi, mejor. Entonces hay amigos de uno que están viviendo en un mundo muy pro, y que no quieren pensar en ciertas cosas. Y no es que ahora las cosas sean más complejas y cueste entenderlas. Es que estamos sujetos a un sistema que es un suicidio, y de eso te das cuenta con puro sentido común. Es tan simple como pensar en qué planeta quieres que vivan tus hijos, tus nietos”.

Se suma Mechitas: “¿Cuáles son hoy los debates políticos mayores? Qué hacer con el petróleo y el gas. Y nos pasamos peleando por los precios sin que alguien diga que no hay caso, que esos recursos se van a acabar”.

—Sin dictadura encima, ¿son los Fiskales todavía una banda peligrosa?
—Roli: De todas maneras. Más que antes, yo creo. Nos huevean cantidad.

—¿En serio? ¿Cómo?
—Roli: En conseguir lugares para tocar, por ejemplo. Creen que vamos a destruir todo. Son cosas que asocian al punk y, bueno, para ellos nosotros somos el punk. Yo tengo clarísimo que si vas a tocar a provincia y no ha ido nadie en dos años, todos se van a juntar de una forma eufórica. Ante la falta de espacios, lo que se genera es ansiedad. Piensa en la [discoteque] Laberinto, que estaba en Vicuña Mackenna. La cierran, la botan, y levantan en su lugar un edificio. Vale: buen negocio. Pero ¿quién reemplaza la actividad que se hacía ahí?

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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