eduardo lalo parra (reportaje)

September 30, 2006 at 5:08 am Leave a comment

Cantor intranquilo

Cuequero choro y estrella de publicidad, el autoproclamado “tío de Chile” ha sido también ilusionista de circo, padre viudo y cantor allendista. Su biografía de 88 años es un recorrido por parte de lo mejor de nuestra tradición popular, y muchas de sus mejores anécdotas se han reunido en libros inéditos a los que las editoriales no les ponen ningún apuro.

Por Marisol García | La Nación Domingo, octubre 2006.

La anécdota es conocida pero la recupera una vez más Ángel, su sobrino, en una de las páginas de Violeta se fue a los cielos, su recién editada biografía de Violeta Parra:

“En una ocasión, mi madre logró liberar al tío Lalo de otra cadena que lo ataba y que él ya no podía soportar. Nicanor […] logró conseguirle una beca. Es aceptado y comienza su sufrimiento. Los Parra son pájaros cantores, pero nunca en jaulas.

El pobre vivía una terrible contradicción: su mayor anhelo era poder reunirse, noche a noche en El Toro Azul, con sus hermanos Violeta, Hilda y Roberto para cantar. Pero sus excelentes notas en el internado se lo impedían. Una tarde de visita narra esta situación a su hermana Violeta. Ella, luego de reflexionar, le dijo: Lalo, tengo la solución. Debes comenzar a obtener las peores notas del curso. Es la única forma de que te quiten la beca. Fue así como, al fin del año escolar, el tío Lalo perdió la beca, pero recuperó su libertad”.

La libertad de Eduardo Emeterio Parra Sandoval ha estado, como la de todos, muchas veces en riesgo. Si no por los estudios, en su caso por dos fantasmas que han tendido una sombra más o menos extendida sobre sus 88 años de vida. El primero, un espectro antipático e indeseable, encarnado en enfermedades y malestares diversos de salud, que esta semana lo tienen recuperándose en su casa de una bronconeumonia que hizo crisis el 19 de septiembre en Copiapó, justificando hasta la preocupación de los noticiarios centrales por su suerte. El segundo, más placentero pero igual de veleidoso, el de su condición de perenne enamorado, vigoroso ante las reinas que considera son todas las mujeres (aunque siempre es más reina la del momento). Hace menos de un mes, el chillanejo —casado por primera vez a los 17 años y por última (y cuarta) a los 83— tenía lo siguiente que aconsejarles a los lectores de revista Paula: “Si comienzo a deprimirme, a la cama, caramba: a hacer el amor. Ésa es la verdad. Si las mujeres no creen, que vengan a probar no más a este gallito”.


Hermanos revoltosos

Pero incluso más fuerte que ese impulso de amante incansable, más eterna que cualquier fantasma, la vida entera de Lalo Parra ha estado llena de música, y un seguimiento a su biografía muestra al canto (de boleros y rancheras, primero; de cuecas choras y jazz guachaca, más tarde) como su más duradera compañía. Se han ido Violeta, Hilda y Roberto, los tres hermanos con los que acostumbraba entonar canciones desde pequeño; y de algún modo Lalo es el único testimonio vivo de un pasado citadino en el que la rudeza se medía a través de canciones. Nicanor es hombre de letras e instalaciones; guachacas, quizás, pero ya muy lejanas a los afanes bohemios que mantiene incólumne el cuarto de los Parra Sandoval. La estricta dieta con que hoy se recupera en su casa de Cerrillos “le va a costar más que nunca”, cree su esposa, la enfermera Elizabeth Castro, pero qué se le va a hacer: “Nada de ajicito, nada de vinito. Él mismo dijo que si no se cuida va a volver de nuevo a la clínica y ahí sí que no lo van a sacar”.

La precocidad artística de los Parra fue también talento característico de Lalo, quien antes de alcanzar la adolescencia ya recorría el sur de Chile ganando algo de dinero como cantor en circos y mercados. Que a los 88 siga con la energía para realizar giras nacionales es fruto lógico de su nomadismo innato. Con el dúo que formó junto a Roberto, hacia los años ’40, llegó a presentarse en Bolivia, Argentina, Perú y Ecuador. Poco antes de esta reciente bronconeumonia traicionera, había ofrecido presentaciones por varias ciudades del sur junto a un trío de jóvenes buenosmozos (Cuti Aste, Barraco Parra y Pablo Ugarte) y su ahijada Clementina. Recitales de fox-trots, cuecas y valses en horario de matiné y con el gentil auspicio de una Caja de Compensación. Los problemas vinieron con las fondas y un compromiso en el norte.

“Él tiene un sentido del deber muy profundo”, cuenta Cuti Aste, “y decidió partir a Copiapó pese a que a La Yein Fonda había llegado con amigdalitis. Pero ya en el avión se sentía pésimo. No es cierto que tuviéramos que parar el show antes de tiempo. Lo hicimos completo y él estuvo impecable. Yo le había dicho que se pusiera un abrigo y me respondió: ¡Por ningún motivo!. Salió con su terno”.

Terno blanco, claro. El mismo (u otro igual) que viene usando desde que sus conocidos tienen memoria. “Todos me preguntan si es por cábala o algo así”, cuenta su esposa, “pero es simplemente porque le gusta mucho: blanco como el de las novias, la cordillera y mi piel. Eso dice”.


Querido, masivo, chileno

El registro en disco del folclore de Lalo Parra ha sido importante, pero intermitente, y casi imposible de pesquisar hoy en su totalidad. Según su hija, Clarita, las primeras grabaciones de su padre fueron las que realizó hacia los años ‘40 junto a Clara Moreno, su primera esposa. Más tarde se les sumó Hilda Parra Sandoval, y el trío solía presentarse y grabar como Los Hermanos Parra. Hay también grabaciones junto a sus hermanos Lautaro y Roberto, así como las del grupo Los Viejos Parras (Lalo y Lautaro Parra, con Ena Troncoso), centrado a veces en cuecas circenses como las del álbum “Las cuecas del señor Corales”. De los años ’70 en adelante, el grueso de sus grabaciones fueron cassettes que editó a dúo con Clarita, su hija folclorista. Fiel al espíritu de los tiempos, su disco de 1970 se llamó “Las cuecas choras del hombre nuevo”. Como a tantos, el Golpe de Estado lo acalló. En una entrevista del año pasado con Rafael Gumucio, el cantor recordaba que, tras el 11 de septiembre, “no había qué comer. Yo vivía en una población de La Cisterna. No podíamos ni salir de la casa. Teníamos que esconder el hecho de ser Parra”.

Su actividad de los años ’80 fue casi siempre la que tuvo en vivo con Roberto, siempre con “el tío” en guitarra rítmica y la esperanza de sobrevivir a épocas hostiles hacia ese amor por lo popular que hasta entonces venía sosteniendo su vida. Faltaba mucho para el aplauso de masas de jóvenes y el comercial de Tapsin; para su participación en el disco Peineta, de Los Tres, y sus sucesivas invitaciones a La Yein Fonda. Poco después de la muerte de Roberto, Pablo Ugarte (Upa) coordinó y produjo lo que él sintió era “una deuda por todo lo que yo había aprendido de él”. El disco Estoy llegando a los 80 (1997) fue, probablemente, el primer signo concreto de su validación ante una nueva generación. Firmado por Lalo Parra y Los Churi Churi, entre sus músicos acompañantes figuraban su sobrina, Colombina Parra, su hija Clarita, y el propio Pablo Ugarte, quien comenta:

“Apenas toqué con él por primera vez me di cuenta de lo alucinante que era, y del poco partido musical que se le había sacado hasta entonces. También me encantó como persona: su calidez, su vitalidad, que sea tan buen amigo de sus amigos. El disco fue totalmente independiente; se grabó en la casa de Nicanor, en Huechuraba. Como productor, me preocupé de que fuese un sonido fiel a lo que él es. De verdad yo creía que él podía llegar a valorarse como una especie de Compay Segundo. Es un disco que respeta su identidad, su autenticidad de viejo choro. Yo creo que, a estas alturas, él está más allá incluso de lo que haga. Es alguien totalmente atemporal”.

Cuando el laboratorio Maver le encargó una nueva campaña publicitaria a la agencia DDB-Chile, lo que buscaba era reafirmar la identidad de su analgésico estrella, Tapsin. Si se escogió a Eduardo Parra como símbolo de la campaña fue por lo que el director general creativo de la agencia, Jorge Espinosa, reduce a tres conceptos clave: “Lo querido, lo masivo y lo chileno”. Laboratorio, agencia y folclorista se han declarado su enorme satisfacción con el resultado (Grand Prix 2004 de Achap en la categoría Televisión), que tuvo una secuela con Parra y Chancho En Piedra, y ahora alista los detalles de una tercera versión, para Tapsín-Teletón.


Ilusionista, padre y esposo

Es más bien desconocido el profundo compromiso que el tío Lalo llegó a tener alguna vez con el circo, pues incluso llegó a presidir por seis años el sindicato de artistas circenses (en el que su hermano Lautaro ha sido el Parra más persistente). En el libro Mi hermana Violeta. Su vida y obra en décimas, Eduardo recuerda con calidez sus días bajo las carpas coloridas de los pueblos y campos: “Es que teníamos gana’ de conocer bien la pista / queríamos ser artistas / de circo por preferencia […] / Pa’ nosotros no hay receta / nacimos pa’ saltimbanquis”.

Además de cantor, Parra trabajó mucho tiempo como ilusionista, un pasaje tan profundo de su vida, que su hija Clarita dice que es mejor “no contar a la rápida”. Su experiencia se narra en primera persona en un libro de título elocuente, Las cartas de la suerte del profesor Parra, pero edición aún pendiente (ver recuadro).

“El circo popular es algo de lo más folclórico, chileno y hermoso que puede haber”, cree Clarita Parra. “Si hay algo que te puede dejar valores, tradiciones y sentido de trabajo en equipo es el haber estado muy dentro del circo. Haber vivido en camarines, haber hecho giras dentro y fuera de Chile, vibrar con la juventud. Aprendes a hacer una buena presentación, te duela o no te duela. Todo ese sentido de compromiso suyo con el espectáculo viene de ahí”.

Cuatro han sido las esposas de Eduardo Parra, desde que a los 17 años se casó por primera vez. Con Clara Moreno conformó una sociedad admirable de vida, familia y música, con hijos y discos legados en conjunto antes de su fallecimiento, en 1957. Entonces Lalo debió hacerse cargo solo de los pequeños Clarita y Francisco, con quienes vivió en Argentina por siete años.

Su compañera desde hace once años es Elizabeth Castro, enfermera profesional de puesto fijo en cada una de sus actividades, públicas y privadas. “No nos separamos ni un minuto, y gracias a Dios me hace caso en todo”, cuenta ella. “Lo he salvado tantas veces, y tendré que seguirlo salvando. La gente no deja de pedirle que vuelva a cantar. Lo quieren, lo quieren mucho. Y él siempre dice que sería feliz de morirse en un escenario”.

Hijo Ilustre de Chillán, Cerrillos y Pudahuel; Premio Altazor 2003; tercer merecedor de la Orden Gabriela Mistral entre los hermanos Parra Sandoval, Eduardo Parra creyó conviente hace unos días aclarar, desde una cama del hopital de Copiapó, que “tengo que seguir aportando para el pueblo, para la cultura de Chile. Eso es lo importante para mí”. Cuti Aste estaba entonces a su lado y sabía que hablaba desde una convicción agradecida:

“Mientras él esté cantando estará vivo. Mientras esté payando y tenga un objetivo de vida. Es cierto que, a estas alturas, puede ser un peligro que cante. Pero es más peligroso que deje de cantar”.


Sus proyectos editoriales

Dos libros ha escrito y publicado ya Eduardo Parra: una autobiografía con patrocinio de la SCD y Mi hermana Violeta Parra: su vida y obra en décimas. Pero hay otros tres esperando que las editoriales se agilicen. Las cartas de la suerte del profesor Parra es un recuento de sus años de artista circense que hoy descansa completo en editorial Planeta; y Nicanor Parra: su vida en décimas, contiene recuerdos infantiles de su vida junto al antipoeta. Además, poco antes de la primera disolución de Los Tres, el cantor había comenzado un recuento en cuartetas de sus experiencias junto a la banda. “Pero como iba a salir el de Enrique Symns, el Alvarito [Henríquez] le pidió que se esperara”, cuenta su esposa. “Hace poco le dijo que lo sacara no más, que sería bonito”. Elizabeth Castro ha sido su compañera más rigurosa en la recopilación de todo lo que tenga que ver con el Tío Lalo, incluyendo fotos, y registros de audio y video. “Cuando lo conocí, él no guardaba nada. Yo ahora tengo todo y espero alguna vez poderlo mostrar”, dice.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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