entrevista a rubén albarrán, voz de café tacuba

October 8, 2006 at 6:07 pm 1 comment

Papá Tacuba

En sánscrito y con la boca callada le ofrece música a su hijo el famoso cantante de Café Tacuba. Bienvenido al sueño es su primer álbum solista. Un aporte más al subgénero-rock de “música de padres”.

Por Marisol García (versión completa de entrevista para 
La Nación Domingo, octubre 2006).

Rubén Albarrán, cantautor en los treintitantos y nativo de México, se acostumbró a explicar su vida pública siempre como parte de un “nosotros”. 18 años de trabajo junto a la banda más importante de su país, Café Tacuba, convirtió a la primera persona del plural en la plataforma natural de su discurso. Sus discos, conciertos, reflexiones y éxito han sido, también, los de sus amigos Emmanuel, Joselo y Quique.

Podría abandonar la práctica ahora, que por primera vez presenta un álbum solista. Pero no tiene la más mínima intención. El nuevo Bienvenido al sueño, su primer álbum sin Café Tacuba, es un disco familiar que Rubén (ahora Sizu Yantra, como antes fue Nrü, Anónimo o Cosme) describe como “nuestro trabajo”. Súmese a la ecuación a su esposa, Psikini, y a su recién nacido hijo (ya viene otro en camino, todo en la foto).

“El evento de convertirnos en padres fue el que nos trajo la energía y la necesidad creativa de generar este proyecto”, explica el músico al teléfono desde el D.F. mexicano, poco antes de presentar en vivo ese material y sus animaciones relacionadas en un lugar llamado Domo Digital. “También lo vemos como un regalo que quisimos hacerle a nuestro hijo: darle la bienvenida y decirle que nos sentimos felices que de que nos hayas elegido como padres; que es bienvenido a este sueño”.

Con escasas voces y el descanso prioritario en programaciones electrónicas calmas y cálidas, Bienvenido al sueño es un trabajo sin pretensiones de gran difusión, y que constituye un lujo de álbum familiar de recuerdos. Disponible desde hace más de un mes en México y Estados Unidos, nadie en Chile le está poniendo apuro a su edición. Según el cantante, “quizás el sello no lo considera prioritario”, lo cual debe ser un halago. El tema “Bardo” dura más de veinte minutos.

“Estaba la posibilidad de ir a tocar con la banda a Chile, y entonces presentarlo allá, pero eso ya no es tan seguro. La decisión es del sello [Universal], la verdad. Los artistas o los productos que para ellos son prioridad pues no tienen nada que ver con la música que yo estoy haciendo. Como tú dices, puede ser un halago”.

El único intento previo de Rubén Albarrán por un álbum fuera de los márgenes de Café Tacuba sucedió hace alrededor de cinco años en una banda llamada Villa Jardín. Allí compartió espacio con el ingeniero del grupo, Luis Román, y un miembro de su equipo técnico. El único EP que alcanzaron a grabar lo repartieron entre amigos. Para el cantautor es fundamental encontrar espacios alternativos de creación para mantener vital y atractivo a su grupo mayor. Con un pie en la paternidad y otro en la música, pasa a explicarse Sizu Yantra.

Es duro ser papá
El tema “Cada tres horas” se inicia con el tipo de llantos de bebé que sólo podrían enternecer a los solteros sin hijos. “Cada tres horas todo vuelve a comenzar / Cada noche, cada día”, canta Sizu sobre bases programadas. ¿Es obsesión? No: es la agotadora rutina de un padre primerizo.

“La verdad es que hay como tres meses en que toda tu vida gira en torno a un bebé que come, caga, duerme y luego despierta para volver a comer. Son meses en los que no duermes nada y que, si eres primerizo, llegas a creer que durarán para siempre. Y que tu vida se convertirá en un infierno [se ríe]”.

—Como en El día de la marmota.
—¡Exacto! La canción trata sobre esa sensación de repetición, que es agotadora pero también hermosa. Pero sin duda es fuerte, es intensa.

—¿Más que el agote de las giras y todo eso?
—¡Salir de gira es como estar de vacaciones al lado de eso, jajaja! Esto es mucho pero mucho más duro.

Se ve: ser padre es más heroico que ser rockero. Por algo, de John Lennon a Andrea Echeverri han creído necesario construir canciones a partir de la especial intensidad existencial que les ha significado tener un hijo.

“Es algo como natural, como una necesidad”, explica Rubén sobre el subgénero de “música de padres”. “De alguna forma, es como encaminar la energía que genera esa nueva relación y darle salida, para que así tome una forma. Es algo que te permite compartir”.

—Imagino que la de la paternidad es una energía mucho mayor a lo que alguna vez pensaste.
—Definitivamente: pues es muchísimo más de lo que uno se puede imaginar. En primer lugar, ya no eres más el protagonista de tu película: de personaje principal pasas a ser secundario, lo cual te hace cambiar la visión de absolutamente todo. Y lo haces con alegría. Por otro lado, te expones a una luz que viene directamente de la fuente. Por más opaco que uno esté, este ser te irradia luz. Tus pensamientos empiezan a cambiar de una forma muy amable. Llegas a sentir niveles de alegría que antes no conocías. Todas esas experiencias, más allá del nacimiento mismo, pues son transformadoras. Y si así son para un hombre, imagínate como serán para una mujer. Es una experiencia que definitivamente agradezco, porque también sé que no es para siempre: poco a poco regresas a tu opacidad adquirida. Pero ya tuviste esa experiencia que te transformó.

Voz acallada
Al menos dos títulos de Bienvenido al sueño son frases en sánscrito, el idioma de la literatura clásica de la India y soporte de gran parte de los textos en torno a Buda, el hombre que alcanzó el nirvana. “Tayata om bhaykandze bhaykandze maha” y “Yatha butha ñana ohassana” son mantras budistas de sanación que dan señas sobre el tipo de proceso espiritual que inquieta desde hace años a Rubén, mexicano que no conoce la India, pero que agradece haber forjado un camino personal de desarrollo interno a partir de citas provientes de Oriente.

—Quizás hace cuarenta años todo esto era parte de filosofías extrañas, difíciles de encontrar. Pero hoy es información que está en todas partes, la verdad. Por eso no quisiéramos hablar mucho de ello sino más bien despertar la curiosidad por si alguien más quiere iniciar una búsqueda. Es información que nos ha servido muchísimo en nuestro desarrollo como personas, como pareja, como familia.

—¿Es más bien una inquietud mística que religiosa?
—No qusiéramos hablar de esto como si estuviéramos fomentando algo ni dando lecciones. Son prácticas y son personas, lecturas y situaciones, en las que he estado interesado desde hace mucho tiempo. Y no solamente de este tipo [budista]. Como que estoy abierto a las diferentes ramas de las expresiones espirituales. El camino me lo voy forjando solo, tomando de por aquí y por allá.

—¿Qué significa para un hombre famoso por ser cantante hacer un disco casi puramente instrumental?
—Me encanta la música instrumental. Por un lado, tiene una de las características que es de las más valiosas en el arte: ser una página en blanco, un libro abierto en el que cada persona puede imprimir sus recuerdos, sus imágenes, todo lo que va surgiendo a partir de lo que escucha. Eso me fascina. Por otro lado, me encanta el carácter outsider de la música instrumental, pues no necesariamente responde a los formatos y requerimientos de la media.

—Obviamente, ese desvío a la larga beneficia tu trabajo con Café Tacuba, ¿no?
—Es una cosa muy sana. Ya llevamos 18 años tocando, y de pronto la gente te capta como una sola entidad. Es un muy sano volver a la indiviualidad, aunque una individualidad relativa, porque también colaboras y se generan nuevas relaciones. Todo esto te enriquece y, cuando vuelves al grupo, viertes lo que has aprendido.

Ya hay veinte canciones compuestas para el próximo disco de Café Tacuba, el sucesor de estudio de Cuatro caminos (2003). Según Rubén, son canciones “que a los cuatro nos encantan”:

“Nosotros estamos juntos por lo que podemos desarrollar como grupo. Si de repente la creatividad comienza a aflojar y sientes como que la esencia de la banda ya no está, surge la posibilidad de que el grupo pueda desaparecer. No es nuestro caso. De nuestros trabajos paralelos regresamos renovados, con muchas más ideas. La creación se vuelve intensa, interesante. Nos volvemos a llenar de energía”.

—Ustedes surgieron como parte de una generación de músicos totalmente opuestos a lo que entonces se entendía en México por música joven. ¿Hay algún signo cultural en el hecho de que ahora Julieta Venegas venda cien mil discos en un mes y ustedes sean una banda popular hasta en Estados Unidos? ¿O que tus amigos de Los Tres tocan en México junto a Cerati?
—Me parece que era cosa de tiempo. El talento, la calidad musical de todas esas personas que nombras es algo que tuvimos presente desde que los conocimos. Valoramos lo que ellos son y representan como artistas. Es fantástico que ahora la gente pueda disfrutar de estos compositores a una escala más masiva. Siempre estarán los demás: los productos fabricados para el lucro. Pero es increíble que puedan existir también artistas que están en esto por el arte, por la música, por el gusto, y que entregan toda la fuerza de su energía y su pasión.

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  • 1. café tacuba x « De Gira  |  May 11, 2008 at 11:29 pm

    […] May 11, 2008 Rubén Albarrán: Papá Tacuba (La Nación Domingo, 2006) […]

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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