entrevista a álvaro escobar, diputado

September 10, 2007 at 2:37 am 4 comments

Alerta en el dial

Un espectro radioeléctrico finito requiere mayores normas de resguardo que las que hoy contempla nuestra legislación, estima el parlamentario. La reciente y millonaria fusión de doce radios bajo el paraguas de PRISA sirve de excusa para que el ex PPD lance esta semana un proyecto de ley y dos preguntas urgentes: «¿Cuál es el porcentaje máximo de concentración de espectro radioeléctrico que debe quedar en manos de un solo titular?; y ¿cuánta es la participación conveniente de capital extranjero en nuestro mercado radial?».

Por Marisol García | La Nación Domingo, septiembre 2007.

Ha sido una omisión periodística elocuente. Pese a ser la fusión más importante en la historia de nuestra radiofonía, escasea en la prensa local información sobre la reciente venta del conglomerado radial Iberoamerican, el más grande del país, al grupo español Prisa. Luego del pago de 74,6 millones de dólares y el visto bueno del Tribunal de la Libre Competencia, el gigante europeo de comunicaciones —que a través de Unión Radio opera 1200 emisoras en el mundo— enfrenta hoy una última apelación ante la Corte Suprema antes de contar con vía libre para quedarse con las ocho radios reunidas en un edificio de Eleodoro Yáñez que acoge cada día a algunas de las más sonoras voces del dial; del Rumpi a Alfredo Lewin, y de Pablo Aguilera a Pirincho Cárcamo. Así a las cuatro estaciones (W, Radioactiva, Bésame y 40 Principales) que Prisa ya administraba en Chile por medio de CRC se sumarán las señales de Imagina, Concierto, Futuro, Pudahuel, Rock&Pop, FM2, Corazón y Hit.

El aparente escaso interés público ante la millonaria transacción preocupa también al diputado Álvaro Escobar, quien dice no entender por qué la forma y el fondo que sostiene nuestro mercado radial no genera un debate equivalente al de la televisión o la prensa escrita. El ex PPD ha sido el congresista más pendiente de la reciente venta de Iberoamerican a PRISA, y planea presentar esta semana un proyecto de ley para, entre otras cosas, limitar en un treinta por ciento la concentración de espectro radioeléctrico en manos de un mismo titular. El actual sistema de concesiones no será revisado en el país sino hasta el 20 de enero del año 2010. Asegura que su batalla no es contra un conglomerado en particular —”podrían ser españoles, chinos o chilenos y el tema me preocuparía de todos modos”— y que en este debate, como en todos, cada uno actúa a partir de su rol específico:

“Si yo hubiese estado hoy al aire esto no pasaría de ser una conversación más. Pero en este momento soy diputado y lo que quiero es que se vele por el cumplimiento de la ley para que podamos avanzar hacia una legislación más completa y eficiente en torno a lo que respecta a concesiones de radiodifusión, tanto en sus aspectos de fondo como de forma. Y entiendo que otros velen por los intereses que se les han encomendado. Esto no es contra nadie sino que es a favor de algo que nos trasciende a todos”.

Efectos y riesgos

Actor aún en ejercicio y locutor radial durante once años, Escobar cree estar encauzando una inquietud más amplia y en cuya defensa se ha involucrado “porque tengo cercanía, conocimiento e interés por el tema. Conozco o más bien intuyo las implicancias que puede tener para efectos del pluralismo de uso del espectro radioeléctrico chileno la fusión en un mismo titular de doce radioemisoras de cobertura nacional”.

—Cuando hablas de “implicancias”, ¿te refieres a riesgos?
—El primer riesgo es el impacto que puede tener la concentración de medios en el mercado relevante, que es el de avisaje. Una “radio chica” es comparativamente débil al lado de un conglomerado que puede ofrecerle mejores y más amplias condiciones al avisador. Pero además me parece necesario hacerse dos preguntas: ¿Cuál es el porcentaje máximo de concentración de espectro radioeléctrico que debe quedar en manos de un solo titular?; y ¿cuánta es la participación conveniente de capital extranjero en nuestro mercado radial?, y con esto estoy haciendo referencia incluso a asuntos concernientes a seguridad nacional. El espectro radioeléctrico es y seguirá siendo limitado, finito, y es generalmente considerado un bien nacional de uso público. Entonces, okey, es legítimo preguntarse a cuánto de este parque nacional queremos darle propiedad extranjera.

Ya en octubre del año pasado Escobar había presentado un oficio ante la Fiscalía Nacional Económica con el detalle de algunas de estas aprehensiones. En su respuesta, el organismo recomendaba al Tribunal de la Libre Competencia que, en el evento de que la citada fusión prosperara, el nuevo conglomerado se deshiciera de cuatro estaciones. Hoy a Escobar le preocupa que algún organismo se haga responsable por el artículo noveno de la Ley de Prensa, el cual garantiza la reciprocidad en el mercado de las concesiones entre personas jurídicas chilenas y extranjeras. Luego de que la Secretaría de Telecomunicaciones adujera incompetencia para dirimir, el diputado espera la respuesta a un oficio presentado ante la Contraloría General de la República.

—No estamos siquiera entrando en argumentos que pudieran parecer más románticos, como los efectos culturales que algo así pueda tener.
—Ni siquiera me estoy metiendo ahí todavía, si bien es lógico que hay objetivos de interés público que las radios deben cumplir. Y ahí podemos discutir si acaso es legítimo velar por los contenidos, por un mínimo de difusión de música chilena, etc. Pero por ahora me preocupa debatir en torno a la existencia de normas que resguarden lo que nuestra Ley General de Telecomunicaciones les asegura a todos los habitantes de la República: el libre e igualitario acceso al espectro radioeléctrico. Entonces, ¿protege nuestro ordenamiento jurídico el pluralismo, la diversidad, la libertad de opinión?

—¿No es raro que sólo a ti parezca estarle preocupando tanto este tema? ¿Porqué no ha entrado más fuertemente a este debate la ARCHI, por ejemplo?
—Ah… Creo que sé cuál es el problema que puede tener la ARCHI y es que algunos de sus socios son las partes involucradas. Si comparas la situación de radio con la de la televisión, Anatel es al Consejo Nacional de Televisión lo que la ARCHI es a un órgano… que no existe. Entonces es legítimo preguntarse: ¿No está quedando aquí de manifiesto que este tipo de conflictos no pueden estar entregados a la buena de Dios de quienes son, en esencia, competidores? ¿Quién resuelve conflictos que se den entre socios? ¿Debe haber un Consejo Nacional de Radiodifusión?

Efectivamente, no existe hoy en el país un organismo regulador del contenido de las radios chilenas. Así, y como no sucede en ningún otro ámbito de los medios masivos, los radiodifusores chilenos están entregados a lo que ellos mismos definen como una “autorregulación eficiente”. Para Escobar, el país se ha complejizado demasiado como para seguir descansando sólo en declaraciones de buena intención. “Además, no podemos olvidar”, insiste, “que los radiodifusores están administrando un bien nacional de uso público. El espectro radial es de todos los chilenos y las concesiones tienen que cumplir con objetivos de interés público: lo mismo que corre para el Consejo Nacional de Televisión, como las normas de producción mínima nacional, cultural, etc.: criterios muy objetivos que nisiquiera existen hoy en radio”.

—No hay concepto que ponga más a la defensiva a un neoliberal que el de “proteccionismo cultural”. ¿Van tus intenciones por ese lado?
—Mi inquietud sobre este asunto partió desde algo mucho más visceral y romántico, si tú quieres, y que estaba relacionado con mi trabajo en radio y mi particular gusto por la música chilena. Pero he debido llevar todo eso a una posición con sustento jurídico, y para eso he tenido que estudiar mucho y desarrollar otro tipo de argumentos, pues no basta con el de protección al patrimonio, del que no tengo dudas que la música chilena es parte.

—¿Cuáles otros argumentos?
—Piensa, por ejemplo, en cuáles son las plazas de trabajo para los músicos nacionales. Un escenario, claro, pero también el espectro radioeléctrico. Si tú entraras a un hospital público y nueve de cada diez profesionales que te atendieran fuese extranjeros te parecería que hay algo raro. Hoy es ésa la situación en la radio chilena: de cada diez temas que suenan, con suerte uno es chileno. Hasta el Código del Trabajo asegura que el ochenta por ciento de cualquier empresa con más de 25 empleados debe ser chileno. Es decir, hay criterios de producción objetivos en nuestra legislación que también conciernen al espectro radioeléctrico como espacio de trabajo y que debemos garantizar para todos los talentos musicales que hay hoy en el país. Por otra parte, el Estado está dilapidando recursos del Fondo de la Música en creaciones que están destinadas a quedarse en el velador de los músicos o a tocarse en programas subsidiados y destinados a auditores que ya gustan de esa música.

—Gastos que terminan en prédicas a los conversos.
—Exacto. Ahora, yo sé que trabajo sobre un tema… lo he sondeado bien, y me he encontrado con diputados muy respetables que me han dicho: “Oye, ¿y no será que la música chilena es mala?”.

—Uf. ¿No será que a los políticos chilenos les da lo mismo la música?
—Probablemente. Creo que la sociedad chilena no valora el trabajo de sus artistas. Acabamos de discutir la reforma previsional. En otros países hay fondos sociales de protección a los artistas, porque se entiende que tienen un trabajo de una naturaleza completamente diferente a la de otras profesiones. Pero aquí ni siquiera se concibe como un trabajo, porque es un hobby, porque es ocio. Alguien con talento ni siquiera se anima a seguir una carrera en las artes: está absolutamente desprotegido. Por eso yo he insistido en el argumento de que las radios son plazas de trabajo. Un tema de Coldplay, a quienes adoro, es un tema menos de Difuntos Correa. Entonces, claro: hay más trabajo independiente, hay más discos, la SCD tiene dos sellos de publicación… so what? Si no los tocan.

“Por eso respeto mucho al diputado que me dice que quizás la música chilena es mala. Porque ¿cómo puedo culpar a alguien que no ha tenido otro manera de conocer la música si no es pasando ocasionalmente por las distintas radioemisoras? En el Parlamento se homenajea a Violeta Parra y Víctor Jara, y me parece estupendo, pero olvidamos que los Víctor Jara de hoy pueden estar en las salas de ensayo condenados a un anonimato absoluto”.

—Cuando en Chile se habla de “cultura”, casi siempre se excluye la música popular.
—Mira lo que pasa con el concepto de pluralismo: hoy sólo se ve desde el punto de vista de la palabra hablada, de que se emitan opiniones diversas. Nadie aborda el pluralismo desde una perspectiva de estéticas, de que el folclor no tiene nada que ver con el hip-hop ni con el jazz. Hace tres meses que integro la Comisión de Libertad de Expresión, Pluralismo y Medios de Comunicación. Pero mientras ahí estamos analizando el duopolio de la prensa escrita chilena, a vista y paciencia nuestra está ocurriendo en radios exactamente lo mismo. Afortunadamente, y si se entiende la importancia de todo esto, estamos a tiempos de poder evitarlo.


Luis Conejeros, presidente del Colegio de Periodistas:

“En general, no creo razonable establecer diferente trato a la inversión extranjera, menos en un país que se vanagloria de sus TLC. Pero aquí el tema de fondo es que la concentración de propiedad de los medios no es buena para la democracia ni para la industria, y en eso no creo que hayan opiniones discordantes. Sin embargo, las limitaciones a la propiedad vienen de vuelta, entre otras razones porque la convergencia de multimedios hace casi imposible establecer limitaciones que cumplan con el objetivo de garantizar más pluralismo.

A mi juicio, el mejor camino para promover un sistema de medios más plural tiene que ver con: 1) Reconocer que los medios en el Chile del siglo XXI son una industria más que un reducto ideológico; 2)que es necesario y positivo que en esta industria coexistan grandes, medianas y pequeñas empresas periodísticas, que cumplen diversas funciones y sirven a distintos objetivos y públicos; y 3)que lo que requiere Chile con urgencia es la existencia de un sistema de fomento que haga posible la existencia de emprendimientos periodísticos de nicho, de carácter local y también masivos. Que haya más, no combatir lo que hay. Me encantaría que pudiésemos plantear en el parlamento una discusión sobre un buen sistema de fomento, no de subsidios ni de dirigismo estatal, sino que de fomento real a los emprendimientos periodísticos y mediales de diversos tamaños”.


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4 Comments Add your own

  • 1. Stonerose  |  September 10, 2007 at 2:32 pm

    Bien lamentable. Más aún cuando la batuta la toman, una vez más, unos que creen saber lo que queremos los que estamos al otro lado del parlante. Que podremos ser pesados, pero no tontos, jaja. A mí me da pena ver como se desperdicia el poder de la retroalimentación auditor-radio, probablemente la unica verdadera arma de fidelización. Y qué decir del basureo a la música popular chilena, ¿no?.
    Saludos, Marisol.

    Reply
  • 2. in.tuyo  |  September 11, 2007 at 9:27 pm

    Evidentemente, algo hay que hacer. Implementar radios estatales? Asegurar un porcentaje de contenidos locales por ley? Hay muchas posibilidades. Me alegra saber que hay al menos un congresista que se interesa a fondo en el tema.

    Reply
  • 3. Anonymous  |  November 23, 2007 at 10:04 pm

    Hoy leí en El País de España, que la corte suprema aprobó la compra, y por unanimidad….ni siquiera a los medios locales parece interesarles que con la radio pase lo mismo que con el agua, la electricidad y los teléfonos

    jorge m.

    Reply
  • 4. Raul Castillo  |  June 2, 2008 at 7:28 pm

    Disculpa mi comentario Marisol, soy informático, pero yo creo que si Microsoft (o Bill Gates) estuviese detrás de la compra de esas radiomisoras, de seguro que tendríamos a una tropa de activistas fomentando la noticia hacia los 4 vientos y realizando campañas antiglobalización y tirando cadenas, saliendo en la tv, atacando al sistema neoliberal y bla bla bla.

    Lamentablemente la radio no tiene ese poder de convocación y a casi nadie le interesa.

    Llama la atención que Chile, siendo un país más chico que una pulga, y Santiago, siendo más chico aún, tenga tal grado de concentración radial que incluso tiene 2 radiomisoras que emiten lo mismo pero en distinto dial (Hit 40).

    Es lo que hay y es todo legal.

    En todo caso, este chico Escobar siempre lo he encontrado con contenido. Como actor es excelente, es abogado y ahora diputado con contenido…Lamentablemente 1 contra el mundo es poco lo que se puede hacer, espero que tenga poder de convencimiento o lobby.-

    Si hay que mirar algo positivo de este “duopolio” es que no se andan sacando los ojos los rostros de cada radioemisora como en la televisión.

    Saludos

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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