roberto parra, las cuecas de roberto parra (1965)

September 11, 2007 at 6:02 pm 3 comments

Por Marisol García | texto de carátula para reedición
en CD: Colección Bicentenario-EMI Chile.

Fueron pocos y tardíos los discos que registró Roberto Parra. Pese a que sus primeras composiciones comenzaron a tomar forma hacia fines de la década de los ’50, el cantor no parecía interesado en grabarlas ni, mucho menos, en una carrera musical convencional. Roberto Parra era, según sus amigos, un indisciplinado sistemático, y también su trabajo seguía esas pautas de total dispersión. Por eso, de la existencia de este primer disco suyo debe concedérsele un crédito especial a su hermana Violeta, quien, convencida no sólo del talento de Roberto sino también de la seña pionera de sus cuecas —tan lejanas al molde de música campesina como a los estereotipos que entonces encuadraban la identidad chilena—, ingenió el modo para encerrarlo en los estudios que el sello Odeon mantenía en calle San Antonio, hasta acumular material suficiente para un álbum. A acompañarlo llegaron cuatro instrumentistas de lujo: el guitarrista Humberto Campos, el pianista Rafael Traslaviña, el contrabajista Iván Cazabón y el acordeonista Hernán Bahamondes. Las voces y la percusión de su hermana Violeta, y sus sobrinos María Elena y Nano completaron el cuadro de honor. Enormes tazones de té distrajeron las ganas del cantor por su habitual pipeño.

No es ningún secreto que Roberto Parra fue un bohemio reacio a la rutina y las órdenes, pero no por ello su cueca careció de firme dirección. Estudiosos de su música han destacado las características únicas de aquel subgénero del folclor urbano que de boca en boca quedó bautizado como “cueca chora”: versos pícaros y realistas, muchas veces testimoniales y con giros del coa; armonías siempre en tonos mayores; y un rasgueo veloz, de punteo con uñeta, que hacía que la guitarra se escuchara fuerte e invitara de inmediato al baile.

Los de este disco son ejemplos inmejorables de esa tríada de virtudes, capaz, además, de cerrar una historia completa en menos de dos minutos. Bajo el concepto de “cuecas choras” se agruparon composiciones correspondientes a otros subgrupos, como las cuecas “bravas”, “a lo divino” o “carcelarias”. De estas últimas, este disco regala tres de las mejores: “El arrepentido”, “En capilla” y “En el banquillo”; al menos en parte inspiradas en el caso del campesino Jorge del Carmen Valenzuela Torres, quien a principios de los años ’60 animó la crónica roja con el asesinato alcoholizado de su conviviente y sus cinco hijas, y cuyo fusilamiento fue más tarde inmortalizado en la película El chacal de Nahueltoro.

En contraposición a esas descripciones oscuras y nostálgicas de los últimos momentos de un condenado a muerte, los versos de “Me sacan por la ventana”, “25 de enero” o “El chirimoyo” son las narraciones ligeras de desfalcos varios —de los que el cantor es víctima o hechor— a cargo de pillos que no perdonan a los distraídos, y que en la voz de Roberto Parra parecen tan ingeniosos como graciosas las prostitutas porteñas que caen en la redada policial descrita en “La ronda”.

“El afuerino” y “El chute Alberto” se ocupan de un asesinato brutal, que el cantor describe sin compasión pero que el recitado de Violeta Parra remata con una nota de humor negro. Ese sarcasmo dolido suaviza también las descripciones autobiográficas (fehacientes o no) de “Detrás de Las Torpederas” o “La vida que yo he pasado”, en las que incluso la pobreza se recuerda con resignación socarrona. En el texto que acompañó la edición original de este disco, Enrique BelloRoberto Parra, como los personajes de sus cuecas y tonadas, siente tanto respeto a la vida como a la muerte. Es decir, ninguno». destacaba que «

En los versos de Roberto Parra, la descripción de aquel mundo de presos, choros y prostitutas —hasta entonces, por completo marginado de la música folclórica— no es resultado de una investigación o una impresión lejana, sino la narración sencilla de quien ha compartido su ambiente. No figura en estas cuecas el afán reivindicador que pudiera motivar a un estudioso social, sino la convicción de que se trata de personajes que merecen una difusión cariñosa y humana, sin maquillajes. El investigador Fidel Sepúlveda le atribuyó a este acervo «la maravillosa revelación de un Chile de diversa profundidad y amplitud que no sospecha el Chile banal, exitista, inmediatista».

Al momento de esta grabación, estas cuecas extraordinarias se las habían arreglado para sonar hasta en Europa. El primer disco que grabaron en París Los Parra de Chillán (el grupo que temporalmente unió a Violeta con Isabel, Ángel y Tita Parra) incluía “Las gatas con permanente” (aquí identificada como “Ya se fue el mes de agosto”) y “25 de enero”. Más tarde, Ángel Parra ubicó en su primera publicación solista “El afuerino” y “El chute Alberto”. Las cuecas de Roberto Parra fue el segundo volumen de la serie “El folklore urbano”, desarrollada por el productor Rubén Nouzeilles para EMI-Odeon.

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entrevista a álvaro escobar, diputado quelentaro, coplas al viento + lonconao (1967, 1982)

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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