entrevista a alberto zapicán, “el albertío”

October 3, 2007 at 4:33 pm 26 comments

«Violeta Parra era alguien que aportaba al universo»

Quedará en nuestra historia popular por una canción, y no muy halagadora. Violeta Parra llegó a reprocharle a Dios darle “sombrero con tanta cinta a quien no tiene cabeza”. Pero Alberto Zapicán, “el Albertío”, conoció sobre todo el lado generoso de la cantautora. Acompañó con su trabajo sus difíciles últimos meses y colaboró estrechamente en su último y mejor disco. Cuarenta años más tarde, el uruguayo vive completamente distanciado de su antigua rutina de músico y activista político. A treinta kilómetros de Montevideo, en una casa construida con sus manos en el medio de un bosque, recuerda al Chile que bullía con la Nueva Canción y agradece el encuentro con una mujer más famosa que cualquier presidente: “Violeta tenía tan clara su identidad, lo que ella era, que mostró por sí sola en Europa la cultura de toda una nación”.

Por Marisol García | versión completa de
publicación en The Clinic, septiembre 2007.

Muchos quieren ubicar a Alberto Zapicán, pero a punta de negativas han aprendido que son ellos quienes deben partir a su encuentro, y no al revés. Invitaciones recibe el artista y terapeuta uruguayo por cientos y desde hace años, pero ninguna de ellas —incluyendo las del Centro Gestáltico de Montevideo, del programa radial de Daniel Viglietti y hasta los sorprendentes llamados de Carlos Cardoen (a quien no conoce) desde Santa Cruz— lo ha hecho abandonar ni una vez su plácida vida en las afueras de la capital uruguaya.

Vive junto a la carretera que va de Montevideo a Punta del Este, en un sector que alrededor del kilómetro 34 se identifica con un nombre sugerente: Neptunia. Un poco más allá está el baneario de Atlántida. Así es la costa uruguaya y sus evocaciones de cuento, que aquí no sorprenden a nadie y menos a Alberto Zapicán, un hombre de vida atípica y recorrido también imaginable dentro de una extensa novela. Precoz activista de los derechos campesinos, preso y torturado político, militante tupamaro, poeta y músico (fue parte del destacado grupo Curacas, y publicó al menos dos LPs solistas además de otro par de libros de poesía), hoy practica la medicina natural, y se entretiene martillando y regando el canelo de su jardín.

—La gente llega y dice: “¿Por qué no sales? ¿Por qué no te muestras?”. Incluso quieren darme un sueldo de como 600 dólares por una ley de reparación a los veteranos que han estado en cárceles, y los funcionarios que han venido hasta acá me dicen: “Pero eres el único que no acepta”. Porque yo no acepto nada: no tengo jubilación, pensión ni derechos de autor. Prescindo de ello porque… mira en el castillo en el que vivo. Al lugar que mires, hay cosas. Y todas las cosas me sobran.

—¿Cualquiera puede vivir con ese desprendimiento material?
—Resolver tu existencia no implica edad ni condición económica, sino que tú desarrolles y practiques lo que es tu necesidad. Y, al resolverla, tu núcleo se expande un poco más afuera y tienes una ascendencia para criticar. De algún modo estoy diciendo que soy no “la” alternativa pero sí una de las alternativas que demuestra que se puede vivir con plenitud, con plena tranquilidad y felicidad, sin filosofía ni religión, y teniendo el alimento hasta para compartir. Yo no ando tirando tarjetitas en la calle, pero uno intenta ser o seguir siendo un referente, como los referentes que a mí se me cruzaron en la vida.

Esos referentes no fueron sólo personas inspiradoras para Zapicán. Algunos de ellos son nombres fundamentales del arte popular y la política que bullía en Sudamérica en la segunda mitad de los años ’60. Dos de sus mejores amigos en Chile fueron Víctor Jara y Osvaldo Gitano Rodríguez. “Son seres como hermanos para toda la vida”, explica desde su mirada color calipso y su cuerpo enjuto. “Aun muertos, los haces permanecer vivos al mantenerlos incorporados dentro de ti. Eso te fortalece”.

—¿No es tentadora la nostalgia cuando se ha sido parte de un momento histórico tan brillante?
—En mis grandes silencios nunca me permito pensar, menos de atrás. Estoy sintiendo el presente y doy mis pasos de acuerdo al día. Y los doy muy tranquilo, muy seguro, y estoy feliz con eso. Pero a veces me cruzan ideas; tú me detonas una cantidad de historias… caminando por Valparaíso, de noche con el bombo… imágenes en la memoria con las que me siento bien. No siento que perdí, que dejé, ni tampoco que gané. Sigo siendo el mismo; quizás hoy puedo expresarme mejor. Pero todo el conjunto de las vivencias sabias y valorables van a mantenerse siempre contigo si las sabes ver, y quizás en un momento de fragilidad acuda a alguna de las historias para sentirme fuerte o acompañado.

Por todo aquel profundo pozo de recuerdos, a Zapicán le incomoda que se reduzca su relación con Chile puramente a su período de trabajo con Violeta Parra. Describe a sus amigos en el país como “una familia gigantesca que podría consolidarse en un pueblo”. Su esposa, Lupe, es una chilena que viajó hasta aquí con él hace diez años. Conoció nuestro país en 1960, cuando un llamado del gobierno de Uruguay para ir en ayuda de los afectados por el terremoto de Valdivia avivó su solidaridad errante.

Hubo luego otras razones por las cuales Alberto Zapicán querría salir de Uruguay. Desde muy joven su nombre era ya conocido para la policía, y los casi dos años de cárcel a los que fue condenado por sus actividades de concientización en torno a los derechos laborales de los campesinos lo habían dejado con el triste mérito de ser “el primer torturado político” de su país. Incluso Eduardo Galeano difundió cartas públicas sobre su situación. Su segunda y más larga visita a Chile, en 1965, estuvo por eso determinada por la falta de un convenio de extradición entre ambos Estados. “Entré de forma clandestina cuando yo ya venía muy trajinado”, describe. “Era como un rebelde… pero con una causa. No andaba buscando causas en el camino. Mi causa era común, colectiva, no individual. Iba un pasito más adelante, no porque yo supiese más sino porque había recorrido más camino que los otros.

—Pese a tu juventud.
—Lo que pasa es que, desde muy temprana edad, yo ya estaba formado en la actividad laboral colectiva y en instancias de movilización en las que representaba a los campesinos indígenas del norte. Entonces, ya tenía alguna notoriedad pública como un tipo que se movía a través de la defensa de los derechos del hombre de la tierra y de su identidad. Me motivaba defender la pertenencia a la tierra, como “ser parte” de la tierra; no “dueño” de la tierra.

—¿Te afirmabas entonces en alguna ideología?
—Ideología siempre tuve, y es la misma hasta hoy; lo que no tenía era formación política. Yo no tengo formación educacional occidental: nunca había ido a la escuela. Pasas a ser un riesgo, pues planteas un referente que es muy ácido, muy duro, y que va contra todos los intereses del mundo occidental.

—¿Cómo cuales?
—Si ahora me preguntas qué pienso sobre la cultura, quizás mi respuesta va a ser muy fuerte: más bien no “pienso” sobre la cultura, porque ya son demasiadas mis discrepancias, mis diferencias. Ya sé que el hombre no es un aporte, lo cual es muy fuerte. En la medida en que el sistema social nunca le dio al niño el camino o siquiera la pauta de lo que es el desarrollo de la identidad del ser humano, ya ahí está trasgrediendo sus derechos sagrados. Sin una orientación, lo que el sistema hace con esos hombres es computarizarlos para generar dividendos, para manejarlos: ésa es la práctica y el desarrollo del poder. Si se diera una pauta de desarrollo de la identidad como parte del sistema, se generaría un camino para la existencia de hombres libres. Pero los hombres libres no dan dividendos.

—¿No estás fundiendo el concepto de cultura con el de sistema económico?
—Pero es que es lo mismo. Te voy a dar una respuesta que puede ser simplista pero que es muy sabia: la única nación del planeta que antepone toda necesidad del hombre a cualquier acción ritual o religiosa es la nación indígena. Piensa en lo antagónico a eso que es el mundo occidental: primero hace las grandes catedrales, y, luego del superavit económico o lo que sea, ve cuáles son las necesidades del hombre. Los púlpitos están muy lejanos de las necesidades humanas.

—¿Era más optimista tu diagnóstico en los años ’60?
—Todas las décadas tienen sustancias de cosas muy positivas. Pero en los años ’60 existía en el continente una ideología que se conjugaba con los pueblos como una instancia colectiva hacia el mismo punto: lograr un camino que pauteara la democracia. Entonces no estaba tan inmerso el hombre en la mentalidad del consumo. Hoy el conocimiento, la actividad, todo te subordina a lo económico. Entonces vas anulando lo vocacional.


Violeta

Fue a través de un dato de su amigo Osvaldo Gitano Rodríguez que Alberto Zapicán llegó en 1966 a la carpa que Violeta Parra mantenía en lo alto de La Reina desde su regreso a Chile. La cantautora planeaba montar allí un gran centro de arte popular, pero una serie de obstáculos frustró su más querido proyecto. Eran meses difíciles para Violeta Parra, enfrentada de golpe a la indiferencia de un país que no la acogía como lo había hecho la comunidad artística en Europa y a la ruptura irremontable de su amor de seis años con Gilbert Fauvre, un antropólogo suizo con el que alcanzó a vivir allí hasta que éste decidió marcharse a Bolivia.

El uruguayo la vio allí cantando. “Qué te creís, huevón, que estás recién llegado y no aplaudes” fue lo primero que ella le dijo. Más tarde, cuando Violeta accidentalmente lo escuchó golpeando el bombo y gritando como se lo había aprendido a los campesinos uruguayos, le dijo: “Desde ahora dejarás el martillo, tomarás el bombo y tocarás conmigo”. Pese a la severidad de sus palabras, Zapicán intuyó de inmediato el valor de una mujer que, según él, se movía, hablaba y creaba como sólo puede hacerlo “alguien que es parte integral de la tierra”.

“Yo podía ver que Violeta era alguien que aportaba al universo. Y de alguna manera me arrimé a ella para eso, para aportar. Hasta hoy yo veo en Violeta a un referente ejemplarizante, un faro muy claro para la vida. Buscamos referencias lejanas, por internet o en gurúes extranjeros, y no vemos la sabiduría que tenemos al lado y que es parte nuestra. Lo que quiso decir Violeta, cómo lo dijo, cómo era su conducta y su forma de vida, cómo y hasta dónde defendió los valores…, si tú sientes todo eso vas a entender que ella es parte tuya”.

—¿Lo notaste apenas la conociste?
—Era algo evidente en ella hasta en cómo se movía: todo su comportamiento era el de una mujer de la tierra. No dueña de la tierra, sino parte de la tierra, como un arbolito. Uno minimiza a la mujer: es frágil, no tiene músculos, es chiquita… pero Violeta tenía tan clara su identidad, lo que ella era sin tener que buscar nada, que fue capaz de mostrar la cultura de una nación en Europa. Imagínate: una sola persona lleva hasta allá la realidad cultural de todo un pueblo. Ése es el poder de una identidad: puede más que todo un sistema. Los sistemas se olvidan, no logramos memorizar el nombre de los presidentes, cuál viene después de cuál… pero esta gente queda. A una gran autoridad rara vez la van a conocer en otra región, pero hasta los chinos cantan a Violeta.

—Entonces, ¿a qué atribuyes la incomprensión en medio de la cual vivió ella aquí en Chile? ¿Por qué la figura de alguien tan valioso parece seguir generando incomodidad en nuestro país, en donde ni siquiera hay un museo para ir a ver su obra plástica?
—Una persona que tiene su identidad, que no es frágil, que no tiene miedo de mostrar lo que es, es un ser libre. Y eso es lo más peligroso para un sistema. El sistema occidental siempre va a preservar modos de no generar seres así, porque son una amenaza. Aportan, remueven, agitan.

—Pero Violeta sufrió mucho con esa incomprensión. No era indiferente a la hostilidad en su contra.
—Lo que pasa es que, como toda persona con una aguda sensibilidad y un caudal muy fuerte de creatividad, ella vio lo que le iba generando el sistema social en el que estaba enclavada, y cómo se iba quedando sola en su pelea. Hay mínimos detonantes que aparecen y que van rebasando el vaso. El estado emocional se daña, se afecta; la sensibilidad queda muy herida y, bueno, en un momento de quiebre se produce el suicidio. Pero no por buscar la complacencia ni la aceptación del sistema: ella sabía muy bien que el sistema nunca la iba a aceptar.

—Incluso era capaz de trascender a esa mentalidad y darse cuenta de que trabajaba para un largo plazo, un legado póstumo.
—Yo me atrevería también a decir un disparate. Quizás aprovechó ese momento de fragilidad para decir: “Bueno, en definitiva, la única forma en la que realmente voy a quedar en la codificación de la historia es suicidándome”. Y puso en juego su vida y la entregó hasta ese nivel. Y eso es lo más respetable. No fue un ser inconsciente… aunque hay cierta cosa egoísta en ese momento, de pensar mucho en sí misma, olvidándose que hay hijos, nietos. Ella amaba profundamente a sus hijos…

El disco que Violeta Parra comenzó a trabajar en 1966 partió, según Zapicán, como el proyecto de un dúo. Ella y el uruguayo cantaron juntos varias veces en la Carpa de La Reina y en radios. Los temas que fueron componiendo podrían haber quedado en un disco de ambos de no haber mediado una fuerte pelea poco antes de comenzar la grabación.

“Ya no sé qué problema hubo y se produjo un conflicto”, sintetiza Alberto. “Yo me puse bronco y dije ‘chao’. Los dos éramos medio rebeldes, claro. Dije algo como ‘a mí que me importa esto…’, y ella respondió: ‘Bueno, vas a quedar en penitencia en el rincón’. Y entonces tomó una foto nuestra que habíamos pensado para la carátula, recortó mi imagen y la puso en una esquina”.

Zapicán sonríe al recordar el fin de aquel disco a dúo que nunca fue. En Las últimas composiciones (1966), el último y mejor álbum de Violeta, el nombre del uruguayo figura en los créditos a cargo de la segunda voz y el bombo. Los únicos otros dos invitados fueron los hijos mayores de la artista, Ángel e Isabel.

—Todo indica que Las últimas composiciones fue un disco que Violeta compuso y grabó con su suicidio a la vista. ¿Recuerdas que lo haya trabajado de acuerdo a alguna planificación especial?
—No, no fue un disco muy planificado. Para ese momento éramos un dúo muy afiatado y por lo mismo no había mucha planificación de arreglos; hasta los ensayos brotaban como algo natural. De pronto se pone fecha para la grabación y nos vamos al estudio, pero sin tanta elaboración. No estuvo eso de prepararse un año, de buscar un productor… ahí se iba a un impulso emocional y con el fiato de la experiencia, nada más.

—Es inevitable verlo como la cumbre de su creación. Es un disco de canciones muy poderosas, trascendentes, las mejores que hizo: “Gracias a la vida”, “Volver a los 17”, “Run Run se fue pa’l norte”, “Maldigo del alto cielo”. ¿Fuiste tú capaz de darte cuenta entonces de la importancia de esas canciones?
—Es que la envergadura de Violeta no es Las últimas composiciones: es todo. Es el alambre torcido como escultura, es los tapices, es una pintura. Es por qué bailaba o tocaba como lo hacía; por qué no ponía una orquestación, teniendo la posibildad de hacerlo. Había todo un criterio, marcado por la identidad del ser humano, que no se toca ni se ve. Ahora, para responderte en parte tu pregunta, me siento un poco incómodo porque… a ver: tengo que hacer una alusión muy personal y que también fue comentario de otros. Algo le pasaba a Violeta en lo energético, lo psicológico, lo emocional, en que, al encontrarnos y comenzar a cantar, muchos dijeron: “Violeta, ahora con el Alberto, a ti te va saliendo más tu voz”. Fue una gráfica así, bastante textual. Entonces mi voz grave, masculina, era un apoyo para que ella se afirmara en sus tonos. Ella misma decía: “Siento la garganta gastada”, pero conmigo la voz le salía. Todo esto contribuyó a acelerarse en grabar y empezar temas diferentes. Antes, sus canciones eran más de documentar la cultura de los pueblos. Pero entonces ella empieza con esta cosa más personal, que fue sólo en este disco. No sé si te respondo, más o menos…

—Es que también uno podría pensar que toda esta composición personal, existencial, se vuelca porque ella ya tiene planificada su muerte.
—Claro, también eso. Está el título, muy comentado y no muy ocurrente. Ella misma lo dijo: “Éstas son mis últimas composiciones”. Y de ahí, chao. El pronosticarse el suicidio ya era algo viejo. Ella había tenido varios intentos. De uno la salvé yo, en enero, menos de un mes antes de su muerte… tuve que hacerle un torniquete.

—¿Cómo fue eso?
—En la carpa, una vez que sentí mucho silencio… intuí que algo pasaba y tiré abajo una puerta y la encontré desparramada, se había cortado. Le hice un torniquete; se salvó apenas. Entonces esto ya venía ya muy diagramado, muy programado. Había dado muchos avisos.

—Qué tenso debe haber sido para ti…
—Es fuerte, sí. Además, heredé mucha historia, y toda esa gratuidad de gente que escucha y no oye. Mucha gente que se guíaba por la copucha, por lo que dicen, sin investigar…

—Sabrás que se especula sobre un romance entre ustedes.
—Claro, todos esos cuentos con los que se queda la gente. Es pesado, claro; porque, sin que en ello yo viviese la culpa ni algún sentido de responsabilidad, hice lo que pude: intenté, tiré mensajes, avisos, órdenes, códigos y señales… pero más no podía. En eso tuve siempre la plenitud y la tranquilidad de que siempre estuve allá, a la vista. Después es muy fácil hablar para quienes no han vivido las historias.

—Cuando te escuchas en Las últimas composiciones, ¿te gusta? ¿Te sientes ajeno?
—Aunque estoy ahí con ella, lo que veo absolutamente es su trabajo: lo que ella es, lo que ella dio. Es una maravilla que no merece ninguna corrección. La visión de Violeta, su anticipación, su premonición… hay letras que han dado vueltas hasta convertirse en muletilla de algunas regiones, como es lo que pasa con “Gracias a la vida”. Entonces, en ese disco hay todo un canal de enseñanza que la ha incorporado al universo, y que no merece ni una mirada que siquiera diga que hay algo que puede estar bien o estar mal. Creo que nadie tiene ninguna licencia de poder criticarla. En Violeta no hay lugar a correcciones.

—¿Incluso si en “El Albertío” no quedas tan bien parado?
—Mira, es un tema medio ambiguo. Ella quiere ponerme como referente pero al final parece que me estuviera criticando. Si se lee bien y se me conoce, se ve que hay algo que no se armó. Fue un tema que hizo muy rápido, de un tirón, y claro que lo discutimos luego. Pero no me siento afectado: aunque ella hablara mierda de mí sería un honor; por último perdió el tiempo conmigo y no con otros.

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margot loyola x 2 violeta parra (reportaje RS)

26 Comments

  • 1. Á  |  October 5, 2007 at 4:57 pm

    ay marisol, ¡qué maravilla!
    gracias

  • 2. claudia  |  October 22, 2007 at 12:55 am

    MUY POCOS, PERO LOS MAS BELLOS RECUERDOS TENGO DE ALBERTO, SOY HIJA DE UNA MUJER QUE LO CUIDO EN CHILE , EN UN PERIODO DE ENFERMEDAD. CON PAZ EN SU MIRADA, CON PAZ EN EL ALMA, DEJASTE EN MI ALBERTO UNA HUELLA INOLVIDABLE.
    BESOS Y MIL ABRAZOS PARA TI.DESDE CHILE.
    CLAUDIA .

  • 3. solgarcia  |  October 22, 2007 at 1:34 am

    Claudia, gracias por tu mensaje. Soy Marisol, la autora de la entrevista. Sería fantástico que pudieras dejarme un mail en el cual ubicarte.

    Escríbeme a solgarcia@yahoo.com

    Muchas gracias,

  • 4. claudia  |  November 4, 2007 at 2:50 am

    HOLA MARISOL, INGRESE NUEVAMENTE..PORQUE NO ME HABIA QUEDADO CLARO TU NOMBRE..SI ERA SOLEDAD O SOL O ….NO SE..PERO AHORA SI SUPE QUE ERA MARISOL….BUENO MARISOL YA TE MANDE UN MAIL CON MI MAIL…..PARA TENER CONTACTO CONTIGO…..TAL VEZ PUEDAS CONTARME MAS DE COMO ESTA NUESTRO QUERIDO ALBERTO¡¡¡¡¡
    INFINITAS GRACIAS POR DARME LA POSIBILIDAD DE SEBER DE A. ZAPICAN.¡¡¡¡¡
    CLAUDIA DANGELO….SI POR AHI LO VEZ….DALE MIS CARIÑOS…BESOS….ABRAZOS….CUENTALE QUE MI MAMA….SIEMPRE LO RECUERDA CON MUCHO CARIÑO..AL IGUAL QUE YO…Y LE CONTE QUE HABIA ENCONTRADO TU ENTREVISTA Y QUEDO MARAVILLADA CON LA NOTICIA Y MAS CON EL SABER QUE ALBETO ESTA BIEN…Y FELIZ CON UNA BELLA FAMILIA.¡¡¡¡¡¡¡
    CARIÑOS PARA TI Y PARA ALBETO DESDE CHILEEEE¡¡¡¡¡

  • 5. DANGELO  |  November 6, 2007 at 8:37 pm

    MARISOL..QUE PASA QUE NO HE TENIDO NOTICIAS TUYAS?

  • 6. Marisol Garcia  |  November 6, 2007 at 9:57 pm

    ya te escribo. sólo son días un poco agitados.

  • 7. violeta parra x « De Gira  |  May 31, 2008 at 2:54 pm

    […] (The Clinic, septiembre 2007) […]

  • 8. Nelson  |  June 1, 2009 at 5:31 am

    Esta entrevista es muy linda. POr el gran tipo que es Alberto Zapicán y la calidad de la entrevistadora. La había leído en la Clinic en su oportunidad y no sabía que era tuya. Qué lujo tener a alguien como tú, Marisol, “en el lado de los buenos”!!

  • 9. javier  |  June 18, 2009 at 2:57 am

    Mi trabajo (bendito sea!) me ha llevado a Violeta y a urgar en su vida para acercar el ser humano aún más que con sus canciones.
    Es una radio, un programa nocturno y la voz de Violeta es como un arrullo para el descanso, y tambien como campana que llama, convoca a la union…
    Esta historia que leo aquí es solo para mi, dejamos los porques, si los hay, a la sabiduria profunda de todo ser humano.
    Gracias a la vida.

  • 10. Rodrigo  |  September 4, 2009 at 1:39 pm

    Hace tiempo que no leía una entrevista en internet de punta a cabo: es una maravilla de investigación, profundidad y amor por el ser humano. Es un rescate del esfuerzo que hay detrás de cualquier genio. Muchas felicidades para la colega autora de este prodigio y gracias por enseñarme esta historia.

  • 11. Gabriel  |  September 21, 2009 at 6:00 am

    yo tambien hace mucho no leo una entrevista en internet de pies a cabeza, quede maravillado con la boca abierta, tengo 18 anios, estoy hoy en Canada artes plasticas, pero me crie en Chile y ahora hace poco al descubrir entre cajas olvidadas y baules polvorientos en el sonato encontre el disco de Violeta, el de sus ultimas composiciones donde sale con Alberto, y juro por dios que nunca habia escuchado algo tan bello, nunca me identifique con el folklor, como muchos jovenes, pero ella tiene algo unico, algo hermoso, algo que esta muriendo y junto a Zapican las canciones son inmensamente bellas, definitivamente mi favorita es “Una Copla me han Cantado”, puedo ver los paisajes desolados de mi tierra mientras se tocan los instrumentos y los sollozos de Violeta y Zapican… le debemos mucho ha esta gente, en Chile aun estan creciendo, doscientos anios no es nada y ya tenemos a grandes figuras, unicas en el mundo. muchas gracias por la entrevista!!! quede muy inspirado!

  • 12. gladys cardozo  |  October 6, 2009 at 1:44 pm

    que palabras utilizar para ser justa con su filosolia digo para con alberto,como uruguaya siento mucho no haber podido saber de el antes es una lastima que personas tan simples y con tanto para dar en este mundo de plastico,con el que luchamos todos los dias nos pase por junto y no nos damos cuenta hasta que una simple persona nos lo presenta asi por una entrevista,que decir de violeta dio todo, pero no me olvido que era un ser humano con su historia y sus vivencias que nos marcan y hace que tengan esas respuesta siempre me gusto dio al acervo popular mas contenido bueno un saludo para todos los que compartimos estas viviencias estas historias de vida y a difundirlas

  • 13. Adriana Marzán  |  November 4, 2009 at 12:31 am

    Hola:
    Es fantástico que la gente pueda ver a traves de esta pagina , la gran persona que es Alberto Zapicán.
    Lo conocí en los años 70 en Chile. El era amigo de infancia, de mi marido en Uruguay.
    Por diversos motivos, nos perdimos de vista…
    Sé que vive en Uruguay, pero no hemos conseguido localizarlo.
    Gracias por esta magnifica entrevista
    Adriana

  • 14. Jaime Cáceres Hidalgo  |  November 5, 2009 at 7:59 pm

    Hola
    Muchos años que no sabia nada de Alberto y me alegra por ti GRAN PERSONA, aun tengo aquel ” pequeño libro para una gran pena de (Sept…) Octubre”. Siempre recuerdo aquella caja con arina tostada de Chillan que te deje en la puerta de tu casa un dia en que no estabas y cuando llegaste casi te mato de la imprecion.
    Un abrazo y toda la fuerza del Universo y los Dioses para ti.
    Desde San Pedro de Atacama un amigo te recuerda.

    Jaime Caceres Hidalgo

  • 15. Monica Carrasco  |  December 7, 2009 at 9:34 pm

    Alberto, donde te peudo ubicar, siempre te recuerdo tanto …con todos mis amigos, yo de regreso a Chile
    me podras enviar tu telefono, sueño en escuchar a uno de mis amigos mas profundos

    besos Monica Carrasco

  • 17. Daniel Gallardo Campos  |  February 8, 2010 at 7:17 pm

    Leer esta entrevista ha sido para mi algo demasiado bello…..que de recuerdos de Alberto…conoci de ti una forma diferente de enfrentar la vida….entiendo porque no aceptas dinero alguno por tu pasado….aún viene a la memoria la tarde que llegue a tu casa para que me enseñaras como hacer una quena (1971)….y ahi estuvo el maestro para guiar al pequeño aprendiz.
    Conoci de tu bombo en Los Curacas, de canto quebrado de la noche y tu bondad que jamas he vuelto a encontrar,
    Daniel Gallardo Campos
    Integrante de Los Cuiracas

  • 18. Leonor  |  October 29, 2010 at 2:34 am

    que gusto encontrar esta entrevista…sólo había escuchado la voz de Alberto junto a Violeta y buscando más información sobre esa voz que tan hermosa se me hizo, supe hace unos días quien era. Pues ahora además de admirar su voz, me parece un ser humano de aquellos trascendentes…que gusto haber dado con esta entrevista que además me parece muy muy buena
    felicitaciones y gracias

  • 19. angelica rojas  |  October 31, 2010 at 8:14 pm

    alberto, lo conocí como terapeuta y lupe me contò lo de violeta

    el por si solo se destaca
    hombre lindo por dentro y por fuera
    literalmente salias ma´s grande despues de estar con aberto zapican

  • 20. Jaime Vasquez Perez  |  January 25, 2011 at 11:38 am

    Conocí a Alberto Zapican, cuando vivia en Fco Meneses frente a la calle 12 en Ñuñoa, lo invitamos a un encuentro de culturas aborigenes de america en Macul, su mujer era igual a la Violeta, me sorprendio su sabiduría y sus ojos azules. grande Tio Alberto o Albertio.

  • 21. ruben  |  March 7, 2011 at 12:34 pm

    apenas lo conozco y ya siento que lo conozco desde siempre pues a travez de su expresion , de su mirada y sus dichos siempre acertados hace que uno sea el dicipulo atento a todas sus palabras . lo conozco pues el se presento un dia en nuestra casa y parece como si supiera que algun dia yo lo iria a visitar solo que el se adelanto y en realidad eso lo hacen los grandes humanos del planeta auque como dice un amigo y alberto asi tambien lo siente el es tierra que camina un abrazo de luz de ruben y esmeralda desde uruguay – neptunia – canelones

  • 22. Jaime Bravo M.  |  March 22, 2011 at 3:47 pm

    Mis padres son amigos de Alberto.
    El año paso estuvieron con él.
    Cuando era chico estuve en su casa alguna veces, me acuerdo de su perro un collie que se llamaba Mito.
    Me acuerdo del letrero sobre el WC que decía algo como “vivir cuesta tanto y gran parte de ese esfuerzo queda aquí”
    Saludos para Alberto
    Gracias Marisol

  • 23. marianela pozo  |  May 20, 2011 at 2:35 am

    Alberto , era sola una joven de la rebeca , que en muchas ocaciones te visite , nunca me hablaste de violeta aunque siempre te preguntaba de ella , pero quiero que sepas que para mi tu eras un hombre muy especial , me llamaba mucho la atencion tu versatilidad en hacer las cosas y todo de una manera muy rustica , te acompañe en tu taller que tenias en el patio con algunos comentarios de mi que no recibia de tu parte mucho interes , pero era porfiada y queria estar con tu compañia tenia yo en ese entonces 22 años y tu artos mas 1982 ? , bueno en fin tengos el recuerdo de ti , de haber conocido un hombre inteligente, reflexivo , y buen mozo , tus silencio me generaban mucha paz , bueno tambien esta tu mate que no lo sortabas para nada y lo bueno es que conbidavas , hace cuatro años atras te fui a visitar y lo que era tu casa ya no lo era , estaba todo cambiado y la olga del negocio me digo que te habias ido a Uruguay a vivir , Alberto saludo a la Lupe tambien la recuerdo dejandome estar a solas contigo cuando te visitaba . deseo con toda mi alma que el Señor bendiga grandemente tu vida y la de los que amas , mi visita a tu casa de la rebeca , la mensione asi porque hace mas de 15 años que no vivo alli , estoy ahora maipu , fue para compartirte del gran amor que tiene tu creador por tu vida , ya que fue el el que te formo en el vientre de tu madre , con propositos y planes que a tu vida le dan valor sentido y razon , pon tu vida en las manos de el y el vendra en tu ayuda . muchas bendiciones . marianela ( una chica que espero que me recuerdes )

  • 24. Amaru  |  September 7, 2011 at 6:56 pm

    Soy de Santiago de Chile de la comuna de Ñuñoa, vivi junto a Alberto muy amigo de mi Padre (Miguel) recuerdo las tardes de mates y pintar pelicanos de yeso junto a mi amigo alberto el cual se fue un dia y no supe nada de el hasta hoy leyendo esta entrevista, agradezco este documento y si algun ejecutor de esta entrevista tiene algun numero o algo mas sobre Alberto haganmelo saber, les dejo mi numero de telefono movil 07 9620747, soy Amaru y saludos a este gran hombre que no muchos supieron de su existencia.

  • 25. Marga  |  November 6, 2011 at 7:36 pm

    Conocí a Alberto Zapican siendo casi una nina en un viaje a Jujuy que hice con mi tío. No recuerdo cómo nos encontramos pero si recuerdo el frío y el hambre que pasamos juntos caminando por la quebrada. En la iglesia de Yavi él quitó un amuleto de un santo de tela al que se le colgaban las partes enfermas de los cuerpos para pedir su curación. Han pasado muchos anos y conservo ese cuerpo de plata como único recuerdo de mi viaje. Y el disco de Violeta que él llevaba consigo. Tal vez Alberto recuerde algo de ésto. Tal vez no. Pero siempre estará en mi corazón!

  • 26. lorenzo  |  March 20, 2012 at 7:41 pm

    conocí a alberto en el tiempo de dictadura en Chile en ñuñoa en los talleres comunales de arte en el cual surguio una amistad de esa amistad alberto tubo un romance con mi hermana nora y de ese amor nacio josue zapican mi sobrino hoy an pasado los años ya es recuerdo… pero mi sobrino josue quiere conocer a su padre a alberto sabemos que el se fue a uruguay el tiene aprox.. 25 años josue su corazon es uruguayo mapuche ya que somos de esta maravillosa raza quisiera que alguien hiciera un contacto con alberto ya que el tambien lo sabe es darle una alegria a mi sobrino como joven de tener a un gran hombre con muchos dones artisticos y humanos como alberto zapican se despide muy agradecido mi numero de celular 81620320 mi correo es jeremias_segundo @hotmail.com

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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