entrevista a césar farah, rockero y escritor

November 22, 2007 at 3:09 pm Leave a comment

País karaoke

A bordo del combo-ska Santo Barrio, César Farah fue hace diez años un rockero convencido que le cantó a Tony Manero y a Martín Vargas, y que alcanzó una figuración no pequeña en el entarimado rock de entonces,. Hoy ofrece clases de apreciación literaria e historia del teatro en diferentes universidades y está convencido de que “es mucho más entretenido y excitante ser profesor que ser rockero; además, menos mentiroso”. Su primera novela, Trilogía karaoke sigue las desventuras de un niño convertido precozmente en rostro televisivo, cuyo drama termina siendo también el nuestro, una sociedad encandilada, incapaz de escarbar en lo que le incomoda. En la portada, una chica con cabeza de perro refriega sus curvas con el cuerpo de un hombre-tiburón. Vaya metáfora.

Por Marisol García (inédita, 2007).

“… La tele es una cochinada, los periodistas también son una cochinada, sólo superados por la cochinada que somos los artistas, que, a su vez, sólo se ven superados por la única cochinada peor: el público (…). el público que se traga cualquier cosa, pero realmente cualquier cosa”.

No han pasado dos páginas de Trilogía karoke y César Farah (Santiago, 1974) ya ha lanzado más dardos que probablemente todo el andiamaje de literatura juvenil “crítica” acumulado en el año. El debut literario de este otrora rockero y actual profesor universitario no se contenta con los blancos obvios de farándula, corruptos e ignorantes con poder, sino que desplaza la reflexión hacia la responsabilidad de quienes los mantienen en sus puestos: nosotros.

“Yo no quiero meterme mucho en el tema de si en Chile hay buenos o malos escritores, porque creo que es más interesante observar a los consumidores. O sea, veamos cuáles son los libros más vendidos hoy en Chile: ¿el de Coco Legrand y Pilar Sordo? Si tú eres consumidor de esos libros, por favor no compres mi novela. En serio: no quiero que me leai”.

—¿Por qué?
—Porque probablemente sostienes y crees cn cosas que esta novela precisamente desarma. Porque no te interesa lo que a mí más me interesa, que es encontrar en un libro pensamiento, reflexión, ética.

—¿No es ésa la intención de cualquiera que escribe un libro?
—No lo sé. En el libro también hay una crítica a la impostura de los artistas, la importancia que puede darse, por ejemplo, un escritor en un país como Chile, donde nadie lee. Mira, todo el mundo llamado “artístico” puede ser muy charcha: los artistas pueden ser hoy muy ignorantes, muy autorreferentes, estar muy mal de la cabeza. Tampoco creo que yo sea mucho mejor que eso, pero al menos tengo una conciencia. La impostura de muchos artistas, su conciencia social y su rebeldía, son… notables [irónico] . Las cosas están muy fuera de lugar cuando se habla de la “subversión de los artistas” o cosas así. Una novela es una novela; no es una metralleta ni es salir a la calle a una marcha con una molotov. El texto tiene un valor social, pero en su lugar. Los artistas no son revoluciaaaaaarios ni nada por el estilo, menos en Chile, creo yo. Pese a eso, creo que sigue siendo totalmente válido hablar de arte y hacer arte como una toma de posición importante. Construir pensamiento, reflexión, es una huevá seria, que debería importarnos mucho más.

Con varias referencias a personajes del teatro griego clásico y un apéndice de voces que actúa a la manera de un coro dramático, en Trilogía karaoke Farah dice que se propuso “una tarea imposible, que es escribir según los postulados aristotélicos desde ahora, lo cual es simplemente imposible. Ésta es una época que no sólo no es aristotélica, sino que está en la oposición total”.

—En el epígrafe citas una frase de su Poética: “Los antiguos hacían hablar a sus personajes en tono político, y los de ahora, en lenguaje retórico”.
—Claro. Aristóteles ahí está pensando en los antiguos poetas dedicados a escribir tragedias que fuera morales, éticas. El artista no estaba –no se le ocurría estar– desvinculado de una posición política, ética y moral. Y creo que hoy, luego de las vanguardias y, sobre todo, luego de la posmodernidad, eso huele muy mal. “Este huevón es moralista, es edificante: qué huevada tan tonta”. Se desvaloró todo eso, entre otras razones porque quienes estuvieron a cargo de eso se corrompieron, se apegaron demasiado al poder… La moralidad, la ética y la política se las robaron huevones que valían una mierda, ¿cachai?, pero eso no significa que sean suyas. Hay que quitárselas de nuevo. Que Joseph Ratzinger se crea dueño de la moral es problema suyo, pero creo que por eso justamente hay que quitársela y convertir esas ideas en lo que nosotros creemos que son.

—Con tanta mordacidad frente al mundo del espectáculo, se hace inevitable pensar que respiras por la herida. ¿Son éstas las impresiones que te dejó tu paso por el rock?
—No, o no totalmente. Hacerte rockero es, a estas alturas, un cliché fatal. Y si me preguntas, honestamente es mucho más entretenido ser profesor que ser rockero. Es un trabajo menos falso, menos mentiroso y más reflexivo; y la teoría es excitante. Y tengo la sensación de que en la docencia hay más amor. El oficio de profesor requiere de un amor ¡enorme! Tienes que tener un amor insólito y heroico por la humanidad para ser profesor, y particularmente ser profesor de colegio en Chile. Esos se merecen una estatua gigantesca, y para mí son más bacanes que cualquiera.

—¿No debería haber más libros como éste en Chile?
—Es que para un literato estos temas son…

—Banales.
—Claro. ¿Cómo vai a estar escribiendo sobre televisión? Además creo que la moda de hoy en el arte es la reflexión sobre la propia disciplina artística, lo cual me gusta y me parece interesante: novelas sobre la novela, pinturas sobre la pintura, etc. Pero se ha perdido esa veta de reflexionar sobre un país, la sociedad, las personas. Y en Chile particularmente eso se ha perdido porque, cuando se hizo, se hizo muy mal.

—¿A cuándo te refieres?
—Por ejemplo, cuando los periodistas se convirtieron en escritores. Fuguet, por ejemplo, que a mí como que me impacta que haya tenido tanto éxito.

—¿Y qué, entonces? ¿Habría que resarcir esa oportunidad desperdiciada?
—No. No sé, la verdad. Éste es un afán mío, no más; es algo que me parece importante decir con cierta profundidad. Creo que en el texto hay una reflexión política seria. Y la reflexión política sí que es un valor perdido en el Chile actual, sin duda.

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violeta parra (reportaje RS) lou reed, berlin

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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