lou reed, berlin

December 6, 2007 at 5:44 pm Leave a comment

rock de escalofrío

Por Marisol García | La Nación Domingo, agosto 2007.

Discos tristes. Chile, el país con más emos por kilómetro cuadrado, tiene una especial predilección por ellos. Hasta las canciones “de amor” en nuestro folclore son para agachar la cabeza y descorazonarse. Pero hay música triste y música escalofriante. Berlin, de Lou Reed, por ejemplo. A través de los sollozos de la drogadicta Caroline, la furia de su pareja, Jim, y los llantos de sus hijos en una ratonera de departamento alemán, el neoyorquino reveló una fotografía realista de pesadumbre urbana acaso sin par en el rock. Hasta sus discos de Velvet Underground son más luminosos que este recorrido entre la separación de unos niños de una madre que no puede ni quiere criarlos al frío corte en las muñecas con el que Caroline se regala su última dosis de extremo: “Oh, oh, oh… what a feeling“, canta Reed. Llantos por todos lados. El mito es que el productor grabó la reacción de sus hijos luego de decirles que su madre se había marchado para siempre. Algunos de los ingenieros involucrados en la grabación cayeron en la heroína cuando la terminaron.

Escalofriante, claro, pero también bello. A 34 años de su grabación, Berlin vuelve a girar por el mundo gracias a una serie de nuevos selectos conciertos montados por Reed –a donde va, traduce las canciones al idioma local– y, sobre todo, a la película homónima de Julian Schnabel con el registro de esas presentaciones, que se estrenó esta semana en San Sebastián. Al fin toma la forma de puesta en escena con la que Reed concibió un disco con vocación de guión teatral. Según el cantautor “si en la canción dos o tres ya tenemos dos personajes, ¿por qué no dejar que interactúen, que ocurra algo con esos personajes, que se vuelvan a encontrar a lo largo del disco? La verdad es que me sorprende que no se hagan más discos así”.

Berlin no vendió ni gustó. Pero así sucedía casi siempre con los discos de Reed. Y décadas después queremos conocer al genio antes de que muera. El drama familiar tiene en el cine, los noticiarios y la literatura estupenda salida comercial. Piénsese en Madeleine McCann. Son canciones oscuras sólo porque no tenemos un rostro angelical con el que asociarlas (el de Reed no sirve, claro). Entonces nos asustamos y ponemos MTV. My Chemical Romance es la opacidad cómoda, la que lucra, la que sirve.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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