entrevista a calambre

May 14, 2008 at 7:49 pm 1 comment

Mi vida, mi verso

El trío hip-hop prefiere rapear sobre aquello que mejor conoce: sus vivencias cotidianas, antes que grandes temas sociales o reivindicaciones colectivas. En ese enfoque personal está sólo parte de su fuerza. La otra está dada por un trabajo musical de cuidado excepcional.

Por Marisol García | EMOL, noviembre 2004.

Algo invisible mantuvo firme al grupo Calambre cuando los cantos de sirena de probables éxito, fama y dinero embobaban a casi todos sus amigos y compañeros de trabajo. Hace siete años, el éxito de Tiro De Gracia, Makiza y La Pozze Latina sacaba de sus oficinas a los ejecutivos disqueros para emprender una búsqueda que hoy han olvidado: buenos intérpretes chilenos de rap con una proyección segura a largo plazo.

Como una niña bonita en baile de estreno, Calambre le dijo que no a una infinidad de pretendientes, esperando un contrato que realmente los favoreciera, pero que nunca llegó. Pese al desamparo, creen que fue la decisión correcta. Cuando muchos de sus compañeros de generación hoy se reparten en proyectos diversos y se han mostrado incapaces de sostener una carrera coherente, Calambre postula como la voz más sólida del hip-hop hecho en Santiago. Prueba evidente es el estupendo single “Pasos”, de creciente rotación en radios.

—Nunca nos ha interesado regalar nuestro trabajo. Y, por otro lado, estamos muy dispuestos a trabajar mucho por mostrar nuestra música. Entonces no necesitamos que nadie nos esté diciendo qué hacer—, explica Óscar, con firme amabilidad.

Nacieron en 1994, con la unión espontánea de dos compañeros de colegio interesados en la música negra, Willy Gálvez y Óscar Manzano. En 1997 se incorporó Pablo Salazar, y un año más tarde Calambre debutaba con la autoproducción Avanza.

—Nuestra idea fue apoyar ese disco con la mayor cantidad posible de tocatas. Entonces, de dónde nos llamaran íbamos. Llegamos a hacer dos recitales por día. Fue duro, pero nos ayudó mucho a evolucionar, y mejorar detalles de nuestro canto. Además, la reacción de la gente fue siempre excelente.

—¿Era la misma gente que comenzaba a interesarse por el “boom” del hip-hop chileno en las radios? Era el tiempo del debut de Tiro De Gracia, por ejemplo.
—Claro, pero nuestro circuito era otro. Lo suyo era algo mediático; nosotros jugábamos en otra liga. Mucho más que estar en los diarios y hacer videos, lo que nos interesaba era tocar en lugares grandes. Y creo que así nos salvamos de contaminarnos, porque todos los grupos que trataron con multinacionales y que venían de abajo, murieron. Nadie pudo con eso.

El período dejó aportes rescatables, concede Óscar, sobre todo los discos de Tiro De Gracia y Makiza.

—[Las suyas] eran buenas producciones. Se logró un profesionalismo en el medio que nos terminó sirviendo a todos.

Pese a la convicción que describen, la falta de mayor apoyo obligó al grupo a una pausa temporal. En dos años, sus únicos conciertos fueron para telonear a visitas extranjeras de importancia (Violadores del Verso, Razcal). En el silencio de sus casas, preparaban en tanto las canciones de Pasos, un disco que se tomó más de cuatro años de preparación, pero que ha resultado el regreso más macizo imaginable para el trío y su talento.

—La recepción del disco ha sido… puras buenas palabras, buenos comentarios, se nota que la gente lo entiende. Y eso es muy valioso, considerando que lo que buscamos es llamar la atención de gente que no suele escuchar rap. Son ideas, son conceptos: que tengan una estructura rap no tiene por qué alejar a nadie. El rap suele ser muy mezquino, en el sentido de que se fija en ciertos códigos y apunta a un público muy cerrado. Ese público no nos interesa. Lo que queremos con el disco es que cuando uno diga “hago hip-hop”, no tenga por qué sentir miedo de que te asocien a esa caricatura horrible del rapero. El disco tiene la intención de que hay propuestas diferentes, que hay otras formas de lo mismo.

En el caso de Calambre, esa diferencia no sólo está dada por el cuidado trabajo de sampleos que contrasta con la ruda vocalización de sus tres integrantes (todos, letristas), sino también por el talento narrativo que se cuela en composiciones que nada tienen que ver con los tópicos usuales del género. Ni marginalidad urbana, ni reivindicaciones frente al poder. A Calambre le interesa mucho más rapear sobre lo que siente un escolar con problemas de disciplina (“N.I.S.P.E.L”.) o un ser humano que siente que Dios se ha desentendido de los problemas terrenales (“Dios, ven”).

—Nuestro primer disco era bien hardcore, porque éramos más gritones, más jóvenes y teníamos la garganta con más capacidad —dice Óscar riendo por hablar como un viejo—. Pero hemos evolucionado, y hoy nos concentrarnos en la rima. Hemos volcado toda esa rabia en algo más melódico, para que la subversión sea un poquito menos obvia, que haya que pensarla un poco más.

—Tiene que ver con cantar sobre lo que uno más conoce, ¿no?
—Claro, hablar sobre lo que conocemos y sobre lo que tenemos más base. Nuestra intención es contar nuestra historia a través de la narración. Pero de hechos verídicos, que tengan que ver con el grupo y con lo que ha sido nuestra vida cantando.

Tampoco están ya para comportarse como unos adolescentes. Entre los tres, promedian los 25 años de edad, y dos de ellos son padres de familia. En una escena más desarrollada, no habría problemas en hablar de un “rap adulto”. En este Chile más dado a las caricaturas, Calambre merece, al menos, superar cuanto antes la etiqueta de “promesa”.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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