entrevista a canal magdalena

May 14, 2008 at 8:41 pm 1 comment

Revolución interior

En Agua miel, su nuevo y tercer álbum, el cuarteto de pop desarrolla una estética luminosa y parcialmente nostálgica. Si le cantan a la revolución, es buscando un cambio interior, aseguran los mejores representantes del pop eléctrico en el próximo festival de Viña.

Por Marisol García | EMOL, enero 2004.

En las calles de Santiago se nos repite que “el mundo está cambiando”, junto a imágenes que remedan una época en la que los hippies no alcanzaron a detener los vicios de una sociedad incómoda con el dinamismo. Por radios, Canal Magdalena canta desde hace un mes sobre una revolución interior, de amor y libertad, sin necesidad de barbas, ropa ancha ni auspicios. El single “Revolución” es parte de un EP homónimo, y adelanto del nuevo y tercer álbum del grupo, el primero tras la salida de dos de sus integrantes fundadores (el guitarrista Ygal Glisser y el baterista Kamal Lues), construido sobre una estética parcialmente nostálgica, según adelanta su principal compositor, el cantante y bajista Cristián Arroyo.

Ubicar en un mismo verso los conceptos de revolución, amor y renacimiento, guarda poca relación con la nostalgia por una época “de cambios” si quien escribe es Arroyo, un ex estudiante de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, quien fundó Canal Magdalena cuando descubrió que no podía hacer otra cosa que música. “Si dejara de hacer canciones, no sé, quizás me dedicaría a robar joyas”, adelanta.

—¿Cómo cae hoy en Chile hablar –o cantar- sobre la revolución? ¿Está el horno para bollos?
—Me parece irresponsable plantear esta canción en un sentido colectivo. La canción la escribí para mí y tiene un sentido muy individual. O sea, hay que ser responsable con el uso de la palabra revolución. Yo creo que Chile ha pasado por procesos revolucionarios de verdad. Y no creo que una canción ni una teleserie tengan nada que ver con un proceso político. No tiene sentido ponerme a la altura de Quilapayún. Lo único que he planteado en ese tema es que los grandes procesos y cambios sociales parten de las revoluciones interiores de cada persona. Y de ahí surge algo más amplio. Pero lo primero es el cambio personal.

Aunque al músico, “Revolución” le parece un single “poderoso” –y, además, inusual: “avanza casi dos minutos con una pura nota: Re”—, dice que el venidero álbum de Canal Magdalena guarda canciones aún más apabullantes. Con fecha de salida para el 5 de febrero, el disco Agua miel acompañará la febril actividad que tendrá el grupo como artista invitado al Festival de Viña del Mar, un escenario que ya pisó Arroyo cuando cantó a dúo “Tú… siempre tú” junto a Franco Simone, su ídolo desde hace mucho antes de la moda por la balada italiana. Tras la guía pop de los anteriores Teledirigido (1998) y Canal Magdalena (2001), Agua miel será un álbum eléctrico, en la línea del rock clásico latinoamericano.

—¿Spinetta?
—Ponle Canción animal, de Soda Stereo.

—¿Medio retro?
—El disco tuvo dos inspiraciones bien claras. Por un lado, desde hace dos años que me tiene muy agarrado Lennon, en todas sus facetas. Y, además, el disco fue compuesto e inspirado por Las vírgenes suicidas (la película de Sofia Coppola). Creo que tiene el mismo ambiente estético, y también el planteamiento sobre el malentendido histórico que ha existido en las relaciones entre hombres y mujeres. O sea, nuestra incapacidad de entender espiritualmente a las mujeres. Lo poco coincidentes que somos. Esa gran incógnita que sigue siendo el sexo opuesto.

—¿Qué te llamó la atención de la película?
—Se ambienta a principios de los años 70, que fue la generación como de nuestros tíos, los hermanos chicos de nuestros padres. Y es la generación que vivió el Golpe de Estado y el toque de queda, y que se quedó sin saber qué pasaba en el mundo. Y puede parecer un período medio “ni fu, ni fa”, pero la película me hizo descubrir una estética en la ropa, en la música, que tiene un atractivo enorme. Qué sé yo: grupos como ELO, por ejemplo, que yo odiaba. Y me di cuenta que ahí había algo. En el disco hay algo de eso a nivel de calidez espiritual.

—Algo bien necesario por estos días.
—Pienso que la música debe ser propositiva, y darle salida a gente bella. Bella de verdad, no hablo en un sentido de farándula. No veo hoy en MTV ni en radios que alguien le dé un espacio a la belleza o al amor. La música parece haberse convertido en un medio para hablar sobre lo mal que estoy, lo deprimido que estoy, lo solo que me siento. Y creo que, finalmente, la gran diferencia que puede haber entre Canal Magdalena y otras propuestas artísticas es que estamos con el estandarte de una verdadera espiritualidad sana, y de la belleza.

—¿Sientes que eso se logró con los dos discos anteriores?
—La intención siempre ha estado. Creo que lo que hemos perseguido durante años ha sido traducir en sonido nuestras emociones. Ahí está nuestro paradigma, nuestra consigna. Y, en ese sentido, este disco lo lleva aún más allá.

—¿Es un disco de amor?
—Bueno, el amor es el tema de mi vida. No hay nada que me interese más que el amor y la libertad. Todos los temas tienen una dinámica distinta, una historia, pero siempre filtradas por un velo amoroso.

—¿Qué tiene que transmitir una canción de amor? ¿Un recuerdo, una declaración, una ilusión?
—El asunto estético es complejo. Estamos en una banda con una forma de expresarse, y uno debe ser respetuoso de eso. Cuando uno hace una canción, espera que contenga un momento de inspiración –ese concepto tan manoseado—, el momento espiritual de un ser humano que está pasando por una lucidez espiritual distinta del resto de las personas. Y hay que aprovecharlo, porque eso después se acaba. En ese sentido, muchas canciones que yo he hecho luego han perdido sentido para mí. Yo desconozco a la persona que hizo “Enséñame”.

—Lo que dices es muy luminoso.
—Creo que una buena canción te deja frente a una solución espiritual, no a un conflicto. La música se ha dedicado últimamente a crearle problemas al ser humano. Como que todo está muy oscuro, muy deprimido. Lo que planteamos con este disco es justamente lo contrario: para ser cool no hay por qué ser oscuros.

—¿Interrumpe ese fluir espiritual el que seas sólo tú el que vaya quedando de la formación original?
—Es una ayuda, finalmente. Con el disco anterior hicimos 300 shows. Cuando se produce un desgaste, no es lo mismo agarrar una guitarra y componer. Y si de repente llegan nuevos integrantes, que no tienen la experiencia de ser famosos, ni tocar en vivo, que adoran la banda… uno vuelve a tomar para sí mismo esa energía. Y uno se reencuentra con una dinámica que es esencial.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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