entrevista a la ley

May 14, 2008 at 8:52 pm 2 comments

Un desafío tras otro

Llenar el Estadio Nacional este fin de semana es sólo una de las muchas metas de La Ley para los próximos meses. El trío fundado en Santiago y de actual residencia en California piensa que Estados Unidos, Argentina, España… el globo entero, si corresponde, puede y debe ponerle atención a su madura concepción del pop.

Por Marisol García | EMOL, noviembre 2003

Cantidad y calidad son dos conceptos que, en la historia de La Ley, se han relacionado de un modo inexplicable. Y no es un juicio crítico. El mismo trío se extraña de no poder compatibilizar de modo simultáneo las marcas de recepción que en el ámbito de la música popular son como los síntomas de bienestar: las ventas, las fans, los premios, las buenas críticas. Y sobre todo en Chile, un país al cual cada vez que vuelven deben ejercer de relacionadores públicos de ellos mismos.

La banda chilena de mayor éxito en el continente americano cosecha con Libertad (2003, Warner) algunos de los mayores elogios de su carrera gracias a un sonido que regresa a las guitarras eléctricas como base de un concepto global que esta vez ha querido ser más opinativo, más extrovertido, sin límites en términos de difusión. Dentro de esas ambiciones, el grupo ha emprendido campañas inéditas en el medio, como un plan de promoción en España que los tuvo recién en Barcelona y Madrid y contempla al menos dos visitas de regreso para el 2004. Además, Beto Cuevas anuncia esta tarde la posibilidad cierta de que la próxima edición del trío (también con Pedro Frugone en guitarra y Mauricio Clavería en batería) sea un álbum en inglés.

A horas de sus presentaciones en Concepción y el Estadio Nacional de Santiago, La Ley reafirma la importancia de que un grupo no deje de plantearse desafíos, sin importar los logros cosechados ni “el chaqueteo chileno” del cual se quejan no sin justicia. “Jamás nos hemos quedado estancados, por ningúna razón”, estima Beto Cuevas. “Puede haber habido discos que se han vendido más que otros, pero el ascenso ha sido constante”.

—¿Es dentro de esa lógica que ubican el riesgo de pretender llenar el Estadio Nacional, este viernes?
—Beto Cuevas: Claro. Es una forma de consagración, de algún modo. Es un buen desafío. Y creo que los desafíos hay que ponérselos siempre. Nuestra premisa para crecer ha sido no competir con otros artistas, sino con nosotros mismos.

—¿Ven algún símbolo especial en el Estadio Nacional de Santiago?
—No más que el reencuentro con Chile, nuestro país, la gente que nos vio nacer. Es el regreso de parte de un grupo que ha ido creciendo, tomando importancia en Latinoamérica.

—Libertad ha sido un disco que ha obligado a La Ley a explicarse mucho más, a pronunciarse sobre un montón de temas. ¿Quedan satisfechos con cómo se ha transmitido hasta ahora ese mensaje?
—Pues, a juzgar por la llegada que hemos tenido yo creo que sí. Hay que separar un poco el caso de Chile, que es donde siempre nos reciben con más dudas. Ha habido muy buenos comentarios afuera, y también hemos tenido opiniones de nuestros fans, que son nuestro termómetro más directo y objetivo.

—Te lo han preguntado mil veces, pero vale que lo confirmes. ¿Por qué convertirte justo ahora en un vocero de inquietudes sociales?
—Cuando eres adulto, y tienes hijos, y conoces el mundo; sientes algún tipo de responsabilidad por manejar un medio de comunicación masivo como el que nosotros tenemos con el grupo. Pero sin afán de dar respuestas. Nosotros también andamos en la búsqueda de verdades. En ese sentido, Libertad sí es un disco más reflexivo, que pone en la mesa temas sobre nuestra condición humana. No es una temática oportunista, sino muy actual, muy real. Creo que tenemos completo derecho a tratar los temas que nosotros queramos en nuestra música.

—¿Han logrado traspasar esa inquietud a un determinado sonido?
—Pedro Frugone: Está en las guitarras. Como el disco toca temas más sociales, sentíamos que, desde los años 60, la guitarra era el instrumento que tomaba el lugar preponderante en decir las cosas no como en protesta, sino de una manera más cruda y más rockera.

—¿Por qué creen que La Ley podría funcionar en España, un mercado bastante virgen para la música chilena?
—Beto Cuevas: Primero, porque no hay ningún grupo con las características que tiene La Ley, en términos de contar con un frontman de un desempeño bien preciso y personal. No hay ninguna banda española que suene como nosotros; todas suenan como españoladas o de fusión latina. Eso lo baso en opiniones de los mismos españoles. Además, estamos haciendo alianzas a nivel artístico con músicos… como Amaral, con quienes hemos cantado en vivo y ya grabamos un dúo (los singles “Más allá” de La Ley y “Te necesito” de Amaral).

—¿Y te salió así como “españolao”?
—Al principio no me salía. Les decía “pero es que yo no puedo”. Y ellos, “tío, trata, que no te salga como Elvis”. Y, al final, creo que me salió mejor que a ellos. Debo tener alguna sangre sevillana, gitana. Me encantó.

—¿Y crees que gustará?
—Vamos a volver. Y sí creo que vamos a pegar, porque nosotros somos así: cabeza dura. Ocho años nos costó Argentina, y ahora ya tenemos dos (estadios) Luna Park vendidos. Nuestro show, creemos que es atractivo para gente de cualquier lado.

—Se habrán enterado ya de todas las peleas entre Los Prisioneros. ¿Creen que es importante la lealtad como un valor de trabajo al interior de una banda?
—Es fundamental. Las pruebas de lealtad que nosotros hemos podido darnos son las que hacen afianzarnos más como grupo, confiar más. Ya no tenemos las inseguridades del principio. Sabemos nuestros roles y nos manejamos bien. Y estamos muy bien como trío. Nuestra dinámica de grupo, nuestra comunicación, ha sido muy buena de esta forma. No creo que haya que cambiar nada. Somos de la idea de que si el aparato no está roto, ¿para qué lo vamos a arreglar?

—¿No hay enojos, siquiera?
—Tenemos enojos, pero en general hay un concepto conciliador. Jamás creamos bandos, no son esos enojos de “dos contra uno”. Somos tan pocos… que tenemos que cuidarnos. Además, yo he llegado a entender que el trabajo al interior de una banda no tiene que ser tomado con tanta seriedad, o con más de la que merece.

Libertad es un disco que está muy bien cantado. ¿Te sientes reconocido en ese ámbito, como un buen vocalista?
—No en Chile. En otros lados, sí. He aprendido a ser un buen cantante. Empecé siendo un cantante afinado, no bueno, pero hoy tengo un dominio sobre lo que hago.

—¿Cómo se aprende eso?
—Estudiando. Constantemente estudiando, no sintiendo eso de “ya la hice”. Cuidándose físicamente, no siendo tan excesivo con nada, porque es un instrumento físico. Y también cantando cosas entretenidas, que salgan del alma. Nosotros, en general, acá tampoco hemos recibido tantos halagos en nuestro desempeño como músicos. Quizás Mauricio, que hay bastante consenso que es un súper buen baterista. Pero no se dice lo mismo de Pedro como guitarrista, ni de mí como letrista o compositor… Pero, bueno, uno hace lo que hace, y en el balance general—demográfico, sí hemos recibido muchos elogios. Afuera más que en Chile.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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