entrevista a los bunkers

May 14, 2008 at 8:54 pm 1 comment

«No queremos ser rockeros, solamente»

Al grabar su nuevo disco, los cinco integrantes de Los Bunkers descubrieron cosas inesperadas: la música salía como por intuición, y sus referencias se perdían en una mezcla poco ortodoxa. El grupo que hace dos años se vestía como los Beatles, hoy muestra coloridas poleras y habla de folclore. “Ha llegado el momento en que, como grupo, el rock ya no nos llama mucho la atención”, admiten.

Por Marisol García | EMOL, octubre 2003.


Tres discos a la edad en que muchos músicos aún sueñan con su debut, les dan a los cinco integrantes de Los Bunkers una soltura conceptual que parece la de mentes maduras. Entregados como nunca antes a su intuición, el grupo penquista ha logrado con La culpa el mejor disco de su carrera; un trabajo profundo e imaginativo del cual, sin embargo, les cuesta hablar. “Es que no quisimos meterle mucha cabeza a las canciones”, dicen, y dejan que las interpretaciones vengan recién ahora, con el disco ya en tiendas y una inminente exposición masiva que debiese generar sonoros elogios, si es que en el medio musical queda algo de justicia.

Hay, sin embargo, figuras graciosas con las que reemplazar la descripción verbal. “Si el disco suena un poco sucio, es porque queríamos que los temas, a nivel sonoro por lo menos, no fueran tan cómodos de escuchar. Tratamos de torcerlos un poco”, explica en un momento el guitarrista Mauricio Durán. “Hablábamos de hacer algo así como pasarle la mano sobre la boca a una niña bonita que tiene los labios pintados bien rojos… y echarle a perder el maquillaje”.

La culpa es esa niña bonita con el maquillaje corrido, y Los Bunkers —los hermanos Mauricio y Francisco Durán (guitarras), el baterista Mauricio Basualto, el cantante Álvaro López y el bajista Gonzalo López—, un grupo de músicos chilenos tan seguros de su talento que no andan preocupados de si los adornos están o no bien puestos en su lugar. Su nuevo y tercer álbum apuesta por una cierta crudeza formal, bajo la cual se acomodan excepcionales reflexiones y una raíz sonora de rock melódico y eléctrico, abierto a referencias folclóricas latinoamericanas.

“Los grupos suelen ir perdiendo frescura de grabación a grabación, y estábamos súper preocupados de que eso no nos pasara”, explica Mauricio Durán. “Buscamos entonces una cierta precariedad… sonar un poco como banda de colegio”. Su hermano Francisco confirma la ventaja de haber optado por la autoproducción: “Las decisiones pasaron completamente por nosotros y nadie más. Y estamos orgullosos. Definitivamente nos sentíamos más seguros como para tomar el toro por las astas y decidir hacia adónde apuntar”.

—Es un disco lleno de melodías tarareables. ¿Sienten que por ahí va su fortaleza como banda?
—Mauricio Durán: Claro, por un lado. Podemos pecar de arrogantes, pero para nosotros es súper fácil hacer melodías. Es lo que más natural nos sale. La otra fortaleza creo yo que va por el lado de los textos. Yo miro alrededor y creo que los textos de nosotros están bastante bien trabajados. Como que le tenemos pánico a sacar un tema con una letra de mierda.

—Francisco: Y la parte melódica tiene que ver harto con nuestras influencias. Está inculcado en lo que entendemos por pop.

—Es bien evidente, que en el disco las melodías están por sobre la técnica.
—Mauricio Durán: Claro. Como que nos carga desarrollar demasiado la “parte musculosa” de la música. Mientras menos notas, mejor. La idea es que estén bien puestas.

—La culpa es un concepto poderoso y parece recorrer todo el disco, como algo que marca las relaciones, en un montón de planos.
—Mauricio Durán: Nos dimos cuenta de lo mismo cuando estábamos terminando el disco, buscando un título. Vimos que la culpa era como el hilo conductor en todos los temas, abordado desde diferentes perspectivas: las relaciones de pareja, la relación con Dios, las relaciones sociales. Hoy día Chile está súper marcado por la culpa, diría yo, a todo nivel.

—Somos una sociedad culposa.
—Mauricio Durán: Súper. También la culpa tiene un lado positivo que es asumir las responsabilidades, y que es el sino de la historia de Chile: hacerse cargo de los actos. También hay un poco de rabia en nosotros y en el disco. Creemos que en el disco las letras son bastante personales, y ahí viene la parte de ver la culpa en uno, también.

—¿Se sienten haciendo una suerte de reflexión generacional en ese sentido?
—Mauricio Basualto: Es difícil. Somos un grupo de amigos de distintas edades, y eso nos hace darnos cuenta que cada generación se culpa a sí misma de distintas cosas. En ese sentido, nos cuesta hacer un barniz generacional. Nuestro rollo es más histórico. No creemos que sea el momento de hacer análisis generacionales, ni dar mensajes, porque yo creo que Chile está madurando en eso.

—Es un disco más reflexivo que doctrinario, por ponerlo así.
—Mauricio Durán: Es un disco más intuitivo que los otros dos. Como que llegamos a un punto en que no nos interesa pensar mucho las canciones, meterle cerebro a la música…

—Mauricio Basualto: Y creemos que, en este momento, a las artes en Chile se les está metiendo demasiado cerebro; y no sé si eso sea tan bueno. Los momentos más grandes de la cultura chilena han sido aquellos en donde las cosas han pasado más por el corazón, el estómago, la intuición.

—Mauricio Durán: En ese sentido, yo creo que Radiohead es un grupo que le hizo mal al medio. Siendo un grupo la raja, pero desde el OK Computer yo siento que se vienen pisando la cola.

—Francisco: Terminan obligados a demostrar que son inteligentes.

—Quizás la diferencia en ustedes sea que ustedes no quieren renunciar al rock.
—Mauricio Durán: Claro, es como el sentimiento del rock, en realidad. Porque si bien este disco es más rockero tiene tintes de otros tipos de música que para nosotros pueden llegar a ser más atractivos que el rock… Ha llegado un momento en que, como grupo, el rock ya no nos llama mucho la atención. Como que uno ya sabe lo que puede pasar.

—Mauricio Basualto: Somos una banda de rock, pero no queremos ser rockeros solamente. Creemos que el formato de banda de rock es como lo más sano que le va quedando al rock. Pero de ahí a ser rockeros ortodoxos… a los gringos les viene bien. Sus vidas deben ser súper rockeras también: copetes, minas… pero la vida que uno puede llevar como músico en Chile es, quizás, más parecida a la de un estudiante universitario.

—¿Es tan importante para ustedes, en este momento, la Nueva Canción Chilena como lo sugieren sus covers, la portada de su disco?
—Francisco: No en un sentido de “rescatar”, de mirar la música como pieza de museo. Pero sí son elementos que están ahí, y que se pueden tomar y seguir desarrollando.

—Mauricio Basualto: Si te preguntan cuál ha sido el momento cúlmine en la música chilena, la Nueva Canción le gana por paliza a cualquier otro. Si vai a la Feria del Disco y te terminai llevando un disco de Víctor Jara a la casa es porque no hay nada mejor, ¿cachai?

—De todos los valores de la Nueva Canción, ¿cuál es para ustedes el más importante?
—Mauricio Durán: Yo creo que el trabajo en equipo. No sólo el de los grupos en su centro, sino entre ellos: Víctor Jara con los Blops, con los Quilapayún, Inti—Illimani con Víctor Jara, los hermanos Parra…

—Alvaro: Nunca la música chilena ha sido tan chilena como en esa época.

—Pese a la energía, no puede dejar de sentirse La culpa como un disco muy triste.
—Alvaro: Es que al ser más íntimo, es mucho más profundo. Es un disco abrasador, que te envuelve.

—Francisco: Estamos súper orgullosos de que el disco deje esa sensación de obra, sin ser un disco conceptual.

—Mauricio Durán: Queríamos que las canciones no resultaran tan cómodas de escuchar, y la sensación del disco es que es un disco provocador.

—Mauricio Basualto: La música chilena nunca ha sido “yeah—yeah, vamos a la fiesta” (…). Es un manto que yo creo que trazó Neruda en el Canto General y del cual no hemos podido salir. Sentimos que cuando sea el momento histórico o social para hacer un disco “yeah—yeah”, vamos a ser los primeros en hacerlo. Pero mientras no sea así, no vamos a creernos el cuento que vivimos en una fiesta eterna porque no es verdad.

Sin egos

—Me hablaban hace un rato de su preocupación por los textos. ¿Qué diferencia sienten en ese plano con otros buenos letristas que puede haber en Chile?
—Mauricio Basualto: Pensemos en buenos letristas: Alvaro Henríquez, Jorge González. Ellos son parte de un grupo con una cabeza visible, y donde el resto como que juega en el mediocampo. Nosotros somos un grupo, ¿cachai? Cuando alguien está con nosotros, no logra identificar un líder. Los periodistas no lo entienden. Es difícil asumir a un grupo como grupo, porque yo creo que en Chile no ha habido otro grupo como Los Jaivas. El resto siempre ha sido una cabeza que va a años luz del resto.

—¿Una democracia?
—Mauricio Basualto: El grupo es súper democrático. Las cosas se van construyendo sobre la base de pequeñas decisiones, en las que no está implícito que todos tengan que estar de acuerdo. Somos democráticos para tocar, para grabar, para trabajar, para hacer las entrevistas. Nunca hemos tenido problemas de ego, en ese sentido.

—¿Cómo lo logran?
—Mauricio Durán: Porque nosotros somos más fanáticos de los grupos que de los solistas.

—Alvaro: Nos gustan los Beatles; no John Lennon.

—Mauricio Basualto: Cuando se nos viene a la mente el sueño de ser populares, famosos y recorrer el mundo tocando; se nos vienen a la cabeza los grupos. Me imagino que Los Jaivas, en el año 81, no deben haber estado preocupados de quién se sacaba más fotos.

—Mauricio Durán: Incluso los solistas que nos gustan, nos gustan cuando tocaban con una banda detrás: Bowie con los Spiders (from Mars), Dylan con The Band…

—Mauricio Basualto: En Inti Illimani el grupo es más importante que las personas, ¿cachai? Cambian y el grupo sigue.

—¿No debe ser egótico el rock, también? ¿No debe tener rivalidades, y genios y peleas?
—Mauricio Basualto: Seguramente. Pero Chile no da pa´eso. Yo encuentro ridículo jugar el juego del rocanrol en Chile. Uno no puede ser excéntrico si no tenís ni uno. ¿Cómo pastelear si la plata nos alcanza justo para estar tranquilos? Aquí, tú vai a la tele y te preguntan “¿qué se siente ser estrella de rock?”. ¿De dónde? Uno va a tocar, hay dos mil personas, la gente está vuelta loca, salís y vai a esperar la micro. Habría que ser muy tonto para pretender ser estrella del rock en Chile, porque para eso tenís que tener muchos dólares.

—¿No son castigados acá los músicos que logran ganar dinero?
—Mauricio Basualto: Acá se permite que un gerente gane diez millones de pesos, pero cuando un grupo gana plata le dicen “se vendieron”. Los artistas tienen que ser mártires, todo el tiempo. Y a los cabros se les mete en la cabeza que el mejor es el pobre, el que llora más, el incomprendido.

—En ese sentido, ¿hasta dónde llegan sus ambiciones?
—Mauricio Basualto: Nuestras ambiciones son ultra: ser los más grandes, y los que han tocado más lejos, y los que han ganado más premios. Pero hemos tratado de irlas acomodando a nuestra pequeña realidad, para no correr riesgos, tampoco. Conocemos el medio: pequeño, sin competencia… en Chile yo creo que hay dos grupos más que consideremos buenos, a la altura en la que consideramos nuestro trabajo. Y debiera haber 40 grupos buenos. Somos cuidadosos en ser súper seguros y “cachetones” pero poniéndole harto alambre de púa a la soberbia. Pero acá en Chile uno compite con el pasado: uno compite con Los Jaivas, con Los Tres. Afortunadamente somos trabajólicos en un país de flojos. Y eso nos ha permitido avanzar muy rápidamente.

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  • 1. los bunkers x « De Gira  |  May 14, 2008 at 11:33 pm

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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