entrevista a los tigres del norte

May 14, 2008 at 7:47 pm Leave a comment

México rudo y querido

Dicen que llegar y triunfar en Chile era sólo cosa de tiempo. Y es probable que con el disco Pacto de sangre conquisten a nuestro país con la misma rapidez con que hasta Asia se ha rendido a sus canciones de realismo contundente y, muchas veces, doloroso. Hay un México de tacos, mariachis y Luis Miguel; pero el México de Los Tigres del Norte exige una piel curtida.

Por Marisol García (EMOL, diciembre 2004)

Es paciencia de grandes artistas la que mantiene en pie a los cinco mexicanos que, dentro de una suite del hotel Crowne Plaza, graban una y otra (y otra) vez los saludos más insulsos imaginables a cada uno de los programas televisivos que han llegado esta tarde a su rueda de prensa.

—Ya, ahora con más ánimo, porque esto va para un matinal. Repitan: “Somos Los Tigres del Norte y los invitamos a que salgan de la cama con nuestro nuevo éxito: ‘José Pérez León’”.

—Hola, amigos de Chile, somos…— va y dice, entonces, Jorge Hernández, el director y cantante principal. “¡¡¡…Los Tigres del Norte!!!”, gritan luego en coro sus cuatro compañeros. ¿No está bien la entonación? Pues se va y graba de nuevo.

En eso se les va un rato largo a cinco músicos dispuestos con sorprendente prestancia a este castigo promocional, pese a haber llegado hace pocas horas al aeropuerto de Santiago y tener mañana una labor promocional igualmente intensa. Es su primera vez en Chile, un país que probablemente conquistarán con la misma rapidez con que han fascinado en Corea, Japón y parte importante de Europa. Sus más de treinta años de trayectoria se notan en detalles como esta amabilidad imbatible. Los Tigres del Norte son una banda excepcionalmente gentil para haberse hecho famosa cantando sobre narcotráfico e inmigrantes muertos a balazos.

—Venir a Chile… era una cosa de tiempo —dice Jorge Hernández, cuando toca el turno de hablar más en calma. Según el cantante, lo de la Teletón ha sido una excusa para conocer mejor nuestro país, verificar el arrastre que siempre le han dicho que aquí tiene la música mexicana norteña, y planificar próximas visitas en plan promocional para su nuevo disco, Pacto de sangre.

—Aquí se les sigue presentando como un grupo de “narco-corrido”, ¿les acomoda todavía esa definición, considerando que el grupo tiene canciones cada vez más diversas?
—Bueno, lo importante es que la gente nos conozca de algún modo, ¿no? El grupo quedó con una imagen que ha perdurado porque nuestro primer éxito, el año 1973, fue una canción llamada “Contrabando y traición”, que efectivamente trataba sobre el narcotráfico. Pero ahora el grupo tiene historias de todo tipo, y yo te diría que lo que une nuestras letras es el interés por crear conciencia sobre lo que vivimos, y que nuestro repertorio se vaya ampliando hacia diferentes culturas, países y formas de pensar.

Grabada hace más de treinta años (no hay que olvidar que el grupo se formó en 1968, cuando Jorge tenía 14), “Contrabando y traición” es una canción muy representativa de la fama que adquirirían Los Tigres del Norte en el mundo entero, en cuanto a ser acaso el primer grupo capaz de integrar a la música tradicional mexicana retratos de un realismo crudo e incómodo. En el caso del tema citado, el foco está puesto en las peripecias de los traficantes Emilio Varela y Camelia, la Tejana.

“A Los Ángeles llegaron, a Hollywood se pasaron
en un callejón oscuro las cuatro llantas cambiaron
ahí entregaron la hierba, y ahí también les pagaron.

Emilio dice a Camelia: “Hoy te das por despedida.
Con la parte que te toca, tú puedes rehacer tu vida.
Yo me voy pa’ San Francisco, con la dueña de mi vida”.

Sonaron siete balazos: Camelia a Emilio mataba
La policía sólo halló una pistola tirada
Del dinero y de Camelia, nunca más se supo nada”.

Iniciado ya uno en sus discos, éste tipo de letras se convierten rápidamente en una adicción, y no sólo para los seguidores de la música típica mexicana. Fanáticos tan dispares como Álvaro Henríquez (quien grabó “Jefe de jefes” en su nuevo disco solista) y el exitoso escritor español Arturo Pérez-Reverte (quien basó su novela La reina del sur en una canción homónima del conjunto), son algunos de los muchos que sostienen la fama planetaria de un grupo que el año pasado firmó un contrato para filmar tres largometrajes para el cine, y que ha mantenido una relación de altibajos con el mismísimo gobierno de su país.

—Hay canciones nuestras que le han servido al gobierno para promocionar, por ejemplo, una mejor relación de los mexicanos en el extranjero con su país —explica Hernán Hernández, bajista—. Pero eso no quita que luego vengan y veten nuestras canciones.

Lo dice a propósito de “Las mujeres de Juárez”, la canción incluida en Pacto de sangre que alude al inexplicable silencio de las autoridades ante el genocidio femenino que sacude a esa localidad mexicana desde hace aproximadamente una década (van 400 asesinatos en once años, sin culpables condenados). “Humillante y abusiva, la intocable impunidad / las muertas de Ciudad Juárez son vergüenza nacional“, es uno de los versos que le molestó al alcalde de esa ciudad de la región de Chihuahua, quien les solicitó personalmente a las radios locales que no la transmitieran, por los “efectos negativos” que podría tener sobre los negocios en la zona.

—La canción es una expresión de solidaridad con las víctimas y sus familiares. No difama en absoluto —repite Hernán sobre un asunto que hasta tuvo que explicar para la BBC—. Si les preocupa la imagen de la ciudad, pues que vayan y hagan algo con lo que allí sucede. No puede ser que vengan a reaccionar recién cuando aparece una canción. Ya es tarde.

—Entre el poder y el pueblo, ¿logran estar más cerca del pueblo, pese a la fama y riqueza que han logrado con su música?
—Nos sentimos muy orgullosos de ser un grupo que ha llevado una carrera sana, limpia, durante la cual hemos logrado mantenernos imparciales —estima Hernán—. Nadie puede decir “es que a esos les pagan”, ¿entiendes? Quizás no siempre cantemos aquello que nos sucede personalmente, pero sí nos interesa estar al tanto de lo que le preocupa a la mayoría de la gente.

“Tenemos credibilidad, y eso no es fácil después de tantos años de carrera”, recuerda Jorge Hernández, quien ve al grupo como si cumpliese una labor de crónica social.

—Lo que cantamos es lo que el pueblo vive. Somos cronistas de historias que vienen del pueblo, y que el pueblo luego hace suyas. Nuestras canciones se comprenden inmediatamente, y es porque son historias reconocibles. Fuimos los primeros en atrevernos, y creo que hemos abierto una corriente musical que es muy auténtica de Los Tigres del Norte, pero que luego les ha servido como una memoria para otros compañeros que deciden hacer lo mismo.

La clave “humanista” es esencial para los mexicanos, quienes se hacen cargo de musicalizar, arreglar e interpretar canciones cuyas letras han sido compuestas por un equipo especial de asesores. Es un sistema poco habitual de trabajo: los Hernández van y conversan aquellos temas que les inquietan, y que luego sus letristas salen a “investigar”, como reporteros. Así nació gran parte del material del nuevo disco Pacto de sangre, en el cual se combina la tragedia de un mexicano que cruza ilusionado a Estados Unidos para sólo morir baleado en la frontera (“José Pérez León”), con canciones coquetas de amor (“La manzanita”).

—Si escuchas una canción de Los Tigres del Norte, siempre escucharás al menos un párrafo que llama a la reflexión; por ejemplo, advirtiendo lo que te puede pasar si te metes en problemas, o buscando que los mexicanos respetemos nuestras raíces, sin importar en qué lugar del mundo nos encontremos.

Uno de sus mayores éxitos, “La jaula de oro”, gana vigencia con los años: es la historia de un hombre que ve cómo en Estados Unidos su familia ha ganado en prosperidad y perdido en identidad:

“De qué me sirve el dinero
si estoy como prisionero
dentro de esta gran nación,
cuando me acuerdo, hasta lloro
y aunque la jaula sea de oro,
no deja de ser prisión.

—Escúchame, hijo: ¿te gustaría que regresáramos a vivir a México?
—What are you talking about, dad? I don’t want to go back to México, no way”.

—Es triste, ¿no?
—Es verídico, simplemente —cierra Jorge Hernández—. Las cosas son como son: no hay ni por qué quitarle, ni por qué ponerle.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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