entrevista a los tres

May 14, 2008 at 10:46 pm 1 comment

«Fome es otra manera de tocar»

«Llegó un estado de cosas, cuando estábamos en México, por ejemplo; cuando ya realmente… nos podríamos haber separado ¿cachai? Realmente estábamos pegados en una cosa: pegados, pegados, pegados. No estábamos grabando nada nuevo ni teníamos pa’ cuándo grabar. Entonces fue súper duro».

Por Marisol García | inédita, julio 1997.

—Hay canciones del disco que mantenían guardadas desde hace años. Hay temas de la etapa de Se remata el siglo, por ejemplo. ¿Significa eso que Fome no incluye canciones especialmente compuestas para el álbum?
—Álvaro Henríquez: Sí, son canciones que más que tuvieran una unidad entre sí (que igual la tienen, pero casi por coincidencia en realidad), había que grabar ahora o ya se iban a poner definitivamente añejas, se iba a poner todo demasiado cerebral. Había que registrarlas ahora para que fueran más espontáneas.

—Entonces quizás resulte impreciso buscarle una temática común al disco, considerando que hay composiciones hechas en momentos diferentes.
—Henríquez: Es que yo creo que sí tienen una temática común. La temática común de todas esas letras… soy yo, no más, el que hace las letras [sonríe]. Básicamente, escribo de los mismos tópicos o los que a mí me interesan. Aunque uno sea más viejo o vaya pasando el tiempo, igual son cosas que de repente igual te llegan, o te acordai de cosas que pasaron antes con esa canción, ¿cachai?

—Aunque su situación sea totalmente distinta.
—Henríquez: Aunque es distinto, claro. De todas formas, la situación personal varía en un sentido, pero en el momento de escribir las canciones uno como que siempre recurre y vuelve a los tópicos con los cuales uno se siente más identificado.

—Es que respecto a “Bolsa de mareo” se ha hecho mucha interpretación con que lo del mareo, el asco, todo eso sería como una reacción ante la complacencia que surge con la fama, el éxito. Entonces, parece una canción compuesta para un momento específico del grupo, como lo fue todo por lo que ustedes pasaron durante el año pasado.
—Henríquez: Claro, sí. Pero es que yo creo que eso se malinterpretó. No se restringe solamente a …

—¿…al hastío?
—Henríquez: O sea, al hastío claro, pero no solamente al hastío del negocio de la música, porque tampoco vendemos ocho millones de copias en el mundo; o sea, no somos las súperestrellas. Sería como medio snob hablar sobre eso. Esto es hastío general de muchas cosas personales… que son personales, no más.

—Ángel, te leía una frase referente a que cuando los músicos están en estudio deberían aprender a tocar cada vez menos. Eso se nota en el disco en la falta de solos, en un trabajo instrumental que, en general, parece más medido y balanceado con respecto a lo que ya parecía una marca del grupo en los trabajos anteriores.
—Ángel Parra: Sí, en realidad en este disco todos nos vimos obligados a escuchar la opinión del otro, en el sentido de que ponle tú el Alvaro me decía no toquis en esta parte’ y yo no tocaba nada. O uno le podía decir al Titae…
—Titae: Retírate de la pieza [fuertes risas de todos].
—Parra: No hay ningún solo de guitarra como en “Déjate caer”. Como que cada vez más la música y los instrumentos están al servicio de la canción y eso es bueno. O sea, los músicos, en general, hacen poco ese trabajo. Va más bien por el lado de la ingenuidad: volver a tocar el instrumentos tratándose de olvidar todo lo que uno aprendió.

—Es interesante cómo ustedes trabajan desde referencias antiguas pero se manifiestan también bastante al día de la música que está haciéndose ahora. Hay quienes los califican hasta de trasnochados pero en este disco hay un sonido muy fresco, contemporáneo.
—Titae: Sí, lo que pasa es que nosotros siempre estamos ligados a ese sonido que nos encanta, que es el sonido de vinilo de los años 60, 70 y 80 también. Y, claro, eso no tiene mucho que ver con el sonido actual o hacia dónde va la música hoy en día. Mezclamos todo eso y proyectamos una cosa nueva. Pero, vamos a la raíz. Hay que tener una pierna en el pasado y otra en el futuro.
—Parra: No a la moda.
—Titae: No a la moda, claro.
—Pancho Molina: Joe [Blaney, el productor] tiene el mismo concepto de lo que nosotros entendemos por raíz. O sea, la música de nosotros es blues, y el Joe ha trabajado con mucha gente así. Tiene un carrete impresionante, ha trabajado con Keith Richards… ¿entendís? O sea, es un tipo muy fino y con raíces muy parecidas a la música de nosotros, entonces se complementó muy bien. Fue un agrado, ¿cachai? A pesar de que el tipo tampoco conociera las letras, lo cual era un punto bastante importante…

—Muy diferente a lo que alcanzaron a hacer con [Mario] Breuer.
—Molina: Bueno, es un mar de diferencia, un mar de diferencia. Porque esto ya para mí, no sé si la llamaría una nueva etapa de Los Tres, pero es completamente distinta la situación. Los otros dos discos anteriores eran con productor, como se dice, designado por el sello. O sea, sin ninguna mala onda con respecto a Mario, pero teníamos que trabajar con otros tiempos, nos teníamos que retirar un día antes del estudio porque, no sé, lo tenían que ocupar, el Álvaro tenía que grabar las voces en un día… era como medio terrible todo. Ahora el sistema era completamente distinto: tuvimos como un mes y medio para hacer todo. Y con eso bastó y sobró

—La gente a veces no entiende ese tipo de tecnicismos. En qué se va a notar esta mejoría de producción en términos de sonido.
—Molina: Eso debería reflejarse en que el trabajo quedó totalmente redondo. O sea, hay una gran diferencia, no más. Es otra manera de hacer las cosas: teníamos el estudio a disposición las 24 horas para hacer lo que quisiéramos. No se trataba tanto de una cosa técnica, porque estamos convencidos de que aquí también hay buenos estudios y buenos micrófonos, sino de cómo uno pueda enfocar el trabajo. Como decía el Ángel, la universalidad de los productores aquí en Chile es más tirada para la parte jingle. Trabajamos con un tipo que nos cayó casi del cielo.

—Álvaro, en el disco no hay temas de amor.
—Henriquez: No hay temas de amor, ¿en serio? Yo pensé que sí había [sonríe, irónico]. Temas de amor tú decís en buena.

—Sí.
—Henriquez: No, no hay ninguno. “Amor violento” yo creo que es el único tema de amor en buena que yo he escrito en mi vida. Y el resto, son todos en mala, en general.
—Pero en el disco parece no haberlos ni siquiera en mala.
—Henríquez: Pienso que “Fealdad” es un tema de desamor total. “Libreta”, también. “Toco fondo” no, por ejemplo. “Me arrendé”, también. Esas tres yo creo que son de desamor, de frentón.

—Odiarías que te encasillaran como un compositor romántico…
—Henríquez: Sabís que a mí cómo me encasillen me da lo mismo, porque yo me entiendo; me entiendo perfecto. Entonces, si me encasillan en que yo hago letras de amor y que soy, no sé, un latero… a mí me da lo mismo, porque a mí me gusta cómo yo escribo. Las canciones en este disco son de desamor y también están muy mezcladas con la rabia. No tienen tanto que ver con el desamor del tipo “pobre de mí”.

—¿Te hace bien escribir eso?
—Henríquez: Me hace bien, me hizo muy bien. Fue como un exorcismo, en realidad. Hacer el disco fue como sacar absolutamente todo lo malo que pudiera haber habido en algún momento. Todas estas cosas son imperecederas. Son cosas que siempre te van a estar afectando, a lo largo de toda tu vida.

—¿Escribes siempre?
—Henríquez: Depende. Escribo porque de repente no puedo dejar de escribir, no más. Me entretengo mucho escribiendo. No cuentos ni cosas tan largas, sino que frases que de repente anoto. Tengo siempre llenos los cajones de frases que, no sé, de repente veo en un libro o en la tele, o que escucho y lo anoto. Y a partir de eso casi siempre hago canciones.

—Como “De hacerse se va a hacer”.
—Henríquez: Claro. Como esa vez en el taxi que vi la frase [dicha por el fiscal Torres Silva], me guardé La Segunda, llegué a la casa e hice la letra de una.

—A la luz del éxito que sigue teniendo su Unplugged, me gustaría que me explicaran un poco de esa sensación general de que ustedes han venido poco menos que a salvar nuestro folclore. No sé qué pasará ahora con lo rockero que ha salido Fome.
—Parra: En las letras de Álvaro siempre va a haber palabras súper chilenas. Es algo súper natural y espontáneo, y nosotros ya pasamos por la etapa del Unplugged y La Yein fonda, donde realmente nos dimos en el gusto, porque grabamos con nuestros maestros, como Pepe Fuentes, Lalo Parra. Fue una etapa que vivimos a concho, y realmente aprendimos mucho al grabar esos discos y tocar con ellos. En este disco, no tenía cabida hacer un fox-trot. Eso no significa que nunca más vayamos a hacer esa música, pero ahora queríamos hacer algo muy diferente porque estábamos mareados. “¿Quién es la que viene allí” nos tenía chatos.
—Lindl: Teníamos muchas ganas de grabar. Habíamos como olvidado un poco lo que es probar cosas, probar instrumentos. En el estudio de Woodstock había piano, wurlitzer, vibráfono, había un piano de cola… un sinnúmero de cosas entretenidas para ponerles a los temas.

—Álvaro, en el disco estás cantando muy bien. ¿También tiene que ver con el reencantamiento después del cansancio?
—Henríquez: Creo que la gira anterior me sirvió mucho para todo: para tocar, cantar y hacer la música no agradable sino que importante pa’ los oídos de uno. No que fuera como “qué lindo suena”, sino que fuera realmente al hueso. Es como una actitud frente a las cosas, porque llegó un estado de cosas, cuando estábamos en México, por ejemplo; cuando ya realmente… nos podríamos haber separado ¿cachai? Realmente estábamos pegados en una cosa: pegados, pegados, pegados. No estábamos grabando nada nuevo ni teníamos pa’ cuándo grabar. Entonces fue súper duro.
—Parra: La etapa por la que pasamos, y que duró como dos años y medio, no podía derivar en algo sino lo que fue este disco, que es otra manera de tocar. “Bolsa de mareo” es algo nuevo. Es como una mezcla de músicas que han hecho Los Tres en el pasado, es totalmente diferente. No es más rockera, ni más acústica, ni más no sé qué. Es otra manera de tocar y eso es lo choro que tiene este disco, que yo siento que cada tema lo hemos enfrentado de esa forma. Tanto la manera de tocar, como la manera de cantar de Alvaro…
—Henríquez: Yo en este disco, concientemente quise gritarla toda. Las canciones lo pedían. Me interesa que se entienda exactamente lo que estoy diciendo en el momento. Siempre me he negado a tomar clases de canto ni nada. De hecho, me puse a fumar más, por ejemplo. Era como media autodestructiva la onda para hacer este disco. Finalmente, cuando salieron las canciones, la voz salió súper bien. Ahora me interesa cantar bien, como canté en el disco. Estoy tomando miel y todo. Como que quedó la vara alta y no podís cantar a medias sino que tiene que ser… [gesto de chillar]. Aunque te quedís mudo, mala cueva

—Para La Yein Fonda estuviste con muy buenos cantantes.
—Henríquez: [se entusiasma] Puff… Yo les preguntaba a los más viejos, a Pepe Fuentes, cómo lo hacían cuando quedaban mal de la voz, y me decían: “Hay que darle, no más”. Y, bueno, a La Yein Fonda le dimos, le dimos, le dimos. Ellos tienen nociones muy básicas sobre cómo educar la voz. Tienen su manera propia de impostar, porque es otro tipo de música, y son otras inflexiones y armonías. No es lo mismo cantar rock que cantar cuecas.

—¿Y en tú caso como guitarrista, Ángel?
—Parra: También, también. Ha sido un ejercicio fantástico para mí. Cada vez que uno va a grabar un disco tiene que tener la mayor humildad para recibir los comentarios, que son miles, y nadie se puede ofender, porque todos tienen derecho a criticar al otro… hay que ser muy amigos, yo cacho. Y nosotros somos bien amigos, entonces aunque uno queda “Chucha, lo que me están diciendo”, uno no es tan tonto de quedarse estancado en eso. Entonces, hay que pensar lo que te dicen, madurarlo y hacer caso. Todas las personas que están en el grupo son inteligentes y son buenos músicos. Si no, no tocaríamos juntos

—¿Se mantienen al día con lo que está pasando musicalmente en Chile?
—Titae: En realidad, no mucho. No hemos tenido mucho tiempo pa’ ver bandas en vivo.
—Molina: Y de las bandas que hemos visto no me ha llamado ninguna la atención. Yo creo que Carlos Cabezas….
—Titae: Escuchamos el último disco de Carlos Cabezas y es buenísimo.
—Parra: Pero hay muchas bandas que no les dan ni la hora y son buenísimas, como Los Santos Dumont. Es una vergüenza que no los graben, que los echen de los sellos. Todo eso da asco, es increíble. Hay bandas malas pero hay bandas buenas también. A ellos los meten en el mismo paquete y es súper penoso que pase eso.
—Henríquez: Y los Masticables son buenísimos.

—Pero ahí viene de cerca la recomendación. Tú les produjiste un tema.
—Henríquez: ¡No! ¿Quién dijo que yo les produje un tema?

—Los diarios.
—Henríquez: Sabís que eso no es verdad. Yo nunca estuve en el estudio con ellos, ¿Dónde salió? Yo no produje nada, eso es chiva. ¿Quién dijo eso? Llegó la Esperanza [Restucci] y me pidió que hiciera una guitarra. Y yo hice una guitarra, pero nisiquiera la grabé con ellos. Lo que pasa es que nosotros más que opiniones hemos hecho cosas. Por ejemplo hemos invitado a Los Santos Dumont y a los Ex a compartir el show, que no es teloneo. Porque creemos que son excelentes. Les dijimos “Compartamos el show”, y les pasamos todas las luces, todo él sonido. Eso, nadie lo hace. Porque todos quieren mantener su status de súpergrupo y que los grupos te agradezcan. Y como hemos estado ocupados en otras cosas, no hemos tenido tiempo de ver grupos jóvenes, que me imagino debe haber millones buenísimos y a mí me parece súper alentador que sea así, ¿cachai?

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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