entrevista a luis advis, compositor

May 14, 2008 at 8:40 pm Leave a comment

«Me acostumbré a tratar la música desde muchos planos»

16 preludios para piano son la creación más reciente del compositor acaso más versátil de la música chilena, recientemente galardonado con el Premio Presidente de la República.

Por Marisol García | EMOL, enero 2004.

Sin haber estudiado nunca en un Conservatorio, y con una formación más ligada a las Humanidades (es licenciado en Filosofía), Luis Advis (1935, Iquique) fue encontrando su camino musical de un modo parcialmente autodidacta, guiado por oportunidades que le regalaron su identidad como compositor. Cuando era alumno de Derecho, un grupo de actores le pidió que musicalizara la obra La princesa Panchita. Para su sorpresa, la composición para teatro se convirtió en un camino mucho más fructífero y pleno para él que las leyes.

—En ese tiempo yo sólo escuchaba a Wagner y Beethoven, no me interesaba la música chilena. Pero como resultó la obra, llegaron más peticiones, y comencé a hacer mucha música para teatro. Y ahí tú tienes que adaptarte a lo que te piden: puedes hacer música isabelina si es una obra de Shakespeare, una comedia musical estilo Tomás Vidiella… es muy diversa. Entonces me acostumbré a tratar la música desde muchos planos, y eso hace que parezca muy versátil, porque me ha tocado hacer muchas cosas distintas.

Décadas más tarde —y con una trayectoria que incluye hitos culturales tales como la Cantata de Santa María de Iquique (1969), Canto para una semilla (1972), la sinfonía Los tres tiempos de América (1987) y la Suite Latinoamericana (1994)— el flamante Premio Presidente de la República 2003 (en la categoría docta) mantiene una actividad inalterada, que incluye sus clases de Estética e Historia del Arte en la Universidad de Chile, múltiples encargos de composición, la investigación para un libro sobre el valor poético de las canciones de Violeta Parra, y su labor de presidente de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD). En calidad de tal, explica en esta entrevista los alcances de la nueva Ley de Fomento de la Música Nacional, un paso adelante, según él, aunque sea porque “de no haber nada, ahora hay algo. Eso es positivo”.

—Este Premio Presidente de la República se suma al que, el año pasado, usted recibió de parte de la SCD. Siempre se coincide en destacar su integración de mundos: lo docto y lo popular, lo académica y lo folclórico.
—Justamente. Hay dos universos creativos en Chile. El primero es toda la influencia que nosotros como músicos tenemos de Europa. Europa es un gran peso, y lo recibimos con mucho gusto. Tenemos una enorme tradición vinculada a los nombres de Bach, de Beethoven, de Schumann, de Chopin, Strauss, Wagner, Mahler, Stravinsky, etcétera. Pero, por otro lado, en Chile también existen músicos enfocados en lo que es América y su aporte musical. Yo me he inclinado por incluir en mi música elementos que a veces son populares y a veces son nacionales. Yo tengo por ejemplo una Suite Latinoamericana, que es una ópera sinfónica de hace unos seis años atrás, en la que incluí diversos ritmos latinoamericanos. Pero eso no significa que la orquestación no sea europea. Por mi formación me he ido metiendo en muchas músicas diversas, y parece que soy medio múltiple en cuanto a estilos porque paso de una cueca a un bolero, y luego a música sinfónica.

Formado particularmente junto a Gustavo Becerra, la temprana cercanía de Luis Advis con la música popular resultó en un camino sin retorno por la integración de mundos, acaso como ningún otro compositor chileno. Su lista de colaboraciones impresiona por su extensión y variedad, incluyendo trabajos junto a Quilapayún, Inti-Illimani, Napalé, Quinteto Hindemith, Orquesta Sinfónica, Orquesta Filarmónica de Chile, Patricio Manns, Isabel Parra, Víctor Jara, Danai, Gloria Simonetti y Margot Loyola.

—No es que yo busque ser diverso ni emplear elementos que otros no emplean. Es sólo que lo que vas haciendo te influye, y comienzas a aplicar en tu trabajo elementos que te parecen interesantes. Para mí, esa diversidad ha sido de un valor enorme.

—¿Cuáles definiría usted como las fortalezas de su composición?
—Uno no lo puede decir. Siempre uno quiere mucho a la obra que hace, y después pasan unos meses y piensa: “No era tan buena”. Esta mezcla rara que hago es la que me gusta: esta mezcla de lo docto y lo popular. No sé por qué, pero me gusta, me entretiene.

Su más reciente trabajo son 16 preludios para piano, inspirados en “la gran tradición clásico—romántica” que aún lo conmueve.

—¿Lo sorprende tanta actividad?
—Pasan los años, uno puede estar cansado. Pero las ganas siempre están. Y yo creo que hasta que uno se muera —mientras esté conciente, claro— uno va a hacer cosas. Es muy lindo compartir con los colegas, escuchar lo que ellos hacen, mostrar lo de uno.


Ley de Fomento de la Música

Presidente de la SCD desde 1993, Luis Advis atestiguó como primer interesado los ires y venires de la Ley de Fomento a la Música Nacional, aprobada finalmente en septiembre pasado tras años de modificaciones y discusiones en el Congreso.

—Me parece importante destacar la creación de un Consejo, que puede disponer de una serie de elementos para la clasificación y promoción de la música chilena. Es como un Fondart, mucho más que un Fondart, pero dedicado a la música. Es un Consejo totalmente apolítico, nada que ver con el gobierno de turno. A eso se suma la creación del premio Presidente de la República.

—Sobre la obligatoriedad de tocar música chilena en las reparticiones públicas, se ha armado una pequeña polémica en diarios. Hay editorialistas que hablan de una “imposición”.
—La palabra “imposición” es muy fuerte. Es una propuesta de que ojalá se tocara música chilena, y no para alentar al mercado. Eso significa que en las reparticiones públicas se puede tocar a Arrau, Inti-Illimani, Cristina Gallardo-Domas, Alfredo Perl. Música chilena en autoría o interpretación. ¿Por qué no?

—Recién ahora se aprueba algo tan obvio. ¿Existe en Chile una cultura deficiente sobre la necesidad de la promoción musical desde el mundo legal?
—La historia de Chile es la historia de Chile. Ha habido intentos desde la década del 30 por legislar en torno a una cantidad mínima de rotación radial de música chilena. Había leyes muy antiguas, que nunca se cumplieron bien. Creo que en el año 52, había una ley que decía que debía tocarse un diez por ciento de música popular chilena… pero la tocaban a las dos de la mañana. Esta ley nueva no impone eso. Más bien busca promocionar la música chilena con otro tipo de incentivos. Porque esto es como un círculo vicioso: los sellos no editan música chilena porque dicen que se vende poco, pero a la vez no hay música chilena que comprar.

—¿Están las condiciones para que en Chile se desarrolle música de calidad?
—Siempre están las condiciones. Las condiciones son las naturales. Este es un problema que tiene que ver con Sociología, con Antropología, con el espíritu de una nación. Ahora, somos catorce millones. Ya cuantitativamente hay menos posibilidad de que haya músicos como los hay en Brasil. Desde el punto de vista cualitativo, el mercado no tiene por qué apoyar exactamente lo que uno podría considerar la buena música. Por eso, ahora nos abocamos a algo más concreto: existen en Chile músicos chilenos, haciendo música. Ojalá esta fuera muy buena y llegara a la mayor cantidad de gente.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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