entrevista a patricia vásquez, soprano

May 14, 2008 at 8:00 pm 2 comments

¿Dónde está la ópera chilena?

Es la pregunta que motiva desde hace más de diez años a la soprano chilena Patricia Vásquez, quien desde su función de intérprete y pedagoga abordó el campo de la investigación hasta dar con arias y piezas de compositores chilenos prácticamente perdidas en archivos bien empolvados. Con parte de ellas, da inicio este martes al ciclo de recitales de canto y piano “Ópera chilena y europea”.

Por Marisol García | EMOL, agosto 2004

Hace ya catorce años, la primera versión de la Retrospectiva de música vocal chilena reunió por primera vez el trabajo de compositores locales sistemáticamente ignorados por el mundo musical del país, más por ignorancia que por una consciente negativa a su valía. Entonces y ahora, la principal responsable de este auténtico rescate cultural ha sido la soprano Patricia Vásquez, quien prefiere definir que es desde su trabajo de intérprete que ha abordado la labor investigadora para, en sus palabras, “dentro de mi pequeño ámbito de desempeño, contribuir a la difusión de lo nuestro. No tengo otra pretensión”.

La tercera versión de esta excepcional muestra se iniciará esta semana y continuará con otros dos recitales durante agosto y septiembre (ver recuadro, al final) en la Sala América de la Biblioteca Nacional (Moneda 650), bajo el título específico de “Ópera chilena y europea”, con Patricia Vásquez en la voz e Isolée Cruz en el piano. En conjunto, ambas intérpretes han estructurado un repertorio diverso en temáticas y estilos, con un total de 14 arias y solos de 10 óperas de compositores chilenos. Entre el estreno de Luis Advis (Murales extremeños, compuesta originalmente por encargo del gobierno español) y la adaptación de Juan Orrego Salas para un texto del escritor Ariel Dorfman, descansa la diversidad de un campo creativo misterioso incluso para un público selecto y sin más deuda de raíz cultural que el híbrido que caracteriza al total del arte chileno.

—Me encanta la música europea, la he cantado mucho, pero considero que lo nuestro hay que darlo a conocer —aclara Patricia sobre la motivación para este esfuerzo nada menor—. Que a mí me encante la ópera italiana, la ópera francesa, la ópera alemana, no significa que yo, como intérprete, ignore lo otro. Yo soy intérprete chilena y desde siempre he tenido la necesidad de contribuir a la difusión de lo nuestro. Súmale a eso que soy profesora universitaria y que contribuyo a la formación de profesores.

—¿No es sorpresivo que no haya más personas dispuestas a este esfuerzo?
—Hay esfuerzos previos. Por ejemplo, la pianista Elvira Savi ha contribuido en el campo de su especialidad.

—Pero no en ópera. ¿No es eso un descuido?
—Yo no culpo a nadie. Quizás la responsable de esto es nuestra mentalidad, y ahí estamos todos metidos. Yo creo que ésta es una realidad nuestra que viene de antiguo. Me encontré en la Biblioteca Nacional con un comentario del estreno de la ópera Caupolicán, a fines del siglo XIX, en el que se mencionaba que era la primera ópera chilena que se montaba completa, luego de años de esfuerzo del autor para que la comisión del Teatro Municipal accediera a programarla. O sea, no ha cambiado nada: ni en relación a los artistas nacionales, ni en relación a la producción musical chilena. Programar obras nacionales es un desafío. Hay esfuerzos puntuales, de la Universidad de Chile y el Instituto de Chile, pero no es una política ni una inquietud nacional.

Éstas son ideas que quedaron marcadas desde muy temprano en la carrera de Patricia Vásquez. El año 1972, la soprano participó en la preparación, producción y montaje de la ópera Ardid de amor, “para la cual se programó una función. Y punto”.

—¿Te das cuenta? Y ahí hubo un trabajo de mucha seriedad y cariño. Y me atrevería a afirmar que, desde ahí, no hubo nada [chileno] hasta Joaquín Murieta. O sea, un salto desde el 72 al 2002.

—Ante ese panorama, ¿qué tan difícil ha resultado su labor de recopilación y búsqueda?
—Me he encontrado con que casi no hay registro de muchas obras y que no existen las partituras. Revisé en bibliotecas, conversé con compositores, musicólogos e investigadores del área, y no están [de Telésfora de Aquinas Reid, la primera ópera chilena, no existe partitura]. De lo que encontré hice un catastro, y seleccioné lo que yo puedo abordar, porque no te olvides que yo soy soprano, y estoy con una frontera marcada por mi registro vocal.

—¿Puede distinguirse un sello peculiarmente chileno en la ópera hecha por nuestros compositores?
—No. Al igual que en la música de cámara, te diría que no veo una línea que te permita decir: “La ópera chilena es esto”. No. Hay influencias muy variadas: españolas, italianas (el Mauricio [estrenada en 1939] está escrita en italiano, y también otras). Es un amplio espectro de estilos, de idiomas, de enfoques, de influencias. Me llama la atención que no encuentro lo nuestro en los giros melódicos, en el rescate de lo vernáculo, de lo folclórico. A diferencia de la ópera, en la música de cámara sí hubo compositores que tomaron lo nuestro para hacer lo que se llama “música de arte” con el rescate de las raíces nuestras, como lo hicieron don Federico Heinlein, Lucho Advis y otros. Yo creo que ésa ha sido la definición más clara de nuestra nacionalidad: el híbrido.

Patricia Vásquez ejerce actualmente la docencia en las universidades Metropolitana y Andrés Bello. Desde 1974, el canto y la enseñanza la han mantenido en una gustosa “doble vida”, como lo define con humor.

—Empecé en la docencia con pánico. Tenía conciencia de la responsabilidad enorme que significaba. Pero, en el ejercicio, me fui enamorando de la pedagogía. El año 74 empecé a hacer clases, y siempre las he ejercido junto al canto. Estoy convencida de que ambas actividades se nutren y son un complemento absoluto.

—¿Qué diagnóstico hace, entonces, de la formación musical que están recibiendo, por ejemplo, los niños chilenos?
—No me atrevo a hacer diagnósticos. He visto con preocupación que las asignaturas de Música y de Arte están casi optativas. Desde ese punto de vista, creo que no se ha entendido mucho el asunto. Ahora, afortunadamente, las universidades siguen produciendo profesionales en el área. Y sigue habiendo personas dispuestas a estudiar, y colegios interesados en que el área artística y musical tengan un buen desarrollo. Siempre es deseable que eso crezca.

—¿Por qué?
—Creo que aún no se entiende por qué es necesario que un niño chileno, desde el principio, acceda a la música y a hacer música. Es mucho más que “el efecto Mozart” y esas cosas de las que se habla ahora. Yo he estado muy vinculada con Japón, por razones de cariño y porque el personaje de Madame Butterfly ha sido, para mí, emblemático. Y tuve el agrado de estar en Japón años atrás. Dentro de la educación escolar están insertos la música y el arte, y creo que eso ha contribuido a que la población tenga un nivel de cercanía con el arte, con lo estético, que hace que su país tenga todas las maravillas que tiene. Si esta perspectiva se multiplicara a través de los alumnos a los cuales uno puede acceder y de ahí a las personas que determinan cosas, sería fantástico que quedara claro por qué la música no puede dejar de hacerse.

El primer recital del ciclo “Ópera chilena y europea” está programado para este martes 27 de julio, con un programa centrado en la música italiana y compositores como Puccini y Verdi.

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2 Comments Add your own

  • 1. sjdfc  |  August 3, 2010 at 9:27 pm

    mas fome jajajjaa fomeeeee la weaaaaa

    Reply
  • 2. interprete  |  June 22, 2012 at 3:21 am

    la ignorancia es mas fome!!!

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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