entrevista a santiago all-stars

May 14, 2008 at 7:53 pm Leave a comment

Salsa (de verdad) hecha en Chile

No faltan en el país intérpretes tropicales. Pero Santiago All Stars entiende la salsa como mucho más que pura música de baile. La prestigiosa orquesta de once músicos y la dirección musical del trombonista Héctor “Parquímetro” Briceño, montará el próximo jueves un masivo homenaje al venezolano Óscar D’León.

Por Marisol García | EMOL, octubre 2004


Mucho más que el trabajo de interpretación y la energía que brinda el encuentro musical en vivo, la orquesta Santiago All Stars no tiene dudas sobre cuál es el motor que los mantiene juntos, elevándose de a poco como la más importante agrupación de salsa trabajando actualmente en Chile.

—Sin amor por la salsa no habría manera de mantener un grupo que supone un trabajo arduo de disciplina, de dedicación, de años de estudio y de práctica— cree el tumbador Jorge Hasbún, fundador y principal organizador de una orquesta de características únicas en el país: once músicos de experiencia y formación académica en la mayoría de los casos (entre ellos Parquímetro Briceño y el pianista Lautaro Quevedo), dispuestos a distraerse de sus múltiples proyectos laborales para concentrar en Santiago All Stars un desafío excepcional, que se ha propuesto distinguir muy bien la salsa pura del cacareo tropical con el que suele confundírsele.

Su compromiso no es con la música de baile, puramente, sino con la fidelidad hacia la tradición más noble de la salsa tal y cual nació y se desarrolló en Nueva York, hace más de treinta años. Es la música del Bronx, de aquellos inmigrantes pobres y excluidos que encontraron en esta combinación de ritmos afrocaribeños y de jazz el medio ideal para expresar el sentir de su barrio, de sus luchas, de sus aspiraciones en una tierra ajena. El repertorio de Santiago All Stars se compone, fundamentalmente, de estándares de la salsa neoyorquina, popularizados en su época por gente como Willie Colón, Ray Barreto, Eddie Palmieri, Larry Harlow, Johnny Pacheco, Rubén Blades, Conjunto Libre, Dimensión Latina o Fania All Stars.

Por eso sus espectáculos se presentan como un despliegue tan cuidado en lo sonoro como en lo visual. Su homenaje es, también, hacia la salsa como estética y como espíritu de equipo.

—Sin quererlo, nos juntamos músicos a los que nos justa tocar muy fuerte. Así eran las orquestas de los años setenta, y así entendemos nosotros la salsa. Además, es así como nos sale desde adentro; casi como una energía divina. En un primer momento, la salsa tiene a los trombones como el instrumento protagónico, porque es el instrumento más hiriente, con más “carraspera” como para representar el sentir latino de la época: su rabia, su sensación de marginalidad, su pobreza. Por eso la tumbadora se tocaba en un principio sin atril, sentados en la calle. En ese tiempo, los grupos no usaban uniforme: eran como eran, y a nosotros nos interesa esa misma pureza.


¿Los únicos?

El tiempo de silencio que siguió a sus tres años de trabajo junto a la Orquesta de Manuel Ramírez, desarrolló en Jorge Hasbún una duda bien sustentada: “¿Por qué no existen en Chile más orquestas de salsa?”. Su inquietud era la de un músico, pero también la de un fanático y coleccionista, que incluso ha viajado a Estados Unidos sólo para ser parte de congresos en torno al género, y quien asegura tener la salsa “en el cuerpo”.

Contactó por eso a Héctor Briceño, el más famoso trombonista de Chile (si no le suena por su nombre, seguramente lo haga su apodo: “Parquímetro”) y actual director musical: “Conversamos, y quedamos de acuerdo en armar una orquesta fuerte y potente. Dar la cachetada bien dada”, recuerda sonriendo.

La agrupación completa quedó conformada a fines de 2001, y para mayo de 2002 Santiago All Stars debutaba como una agrupación de once músicos, sustentada principalmente en los vientos, pues cuatro de sus integrantes son trombonistas. Para esa presentación en el Estadio Croata surgió su nombre, una mezcla de homenaje a los grandes “combos” de hace treinta años (Tico All Stars, Alegre All Stars, Fania All Stars) con la reafirmación de su carácter urbano.

—No queríamos un nombre que pudiera asociarse a lo tropical, a la cumbia ni a lo guachaca. Santiago All Stars caía de cajón, porque la salsa es un sonido de la ciudad y porque nos interesa distinguirnos como chilenos.

De sus primeros ensayos en el Club de Jazz, la orquesta avanzó rápidamente hacia los locales nocturnos más tradicionales de la capital, sobre todo el club Buena Vista (en Avenida Perú), y luego eventos tan masivos como las Fiestas de la Cultura en el Parque Forestal y los Carnavales Culturales de Valparaíso. Un uniforme sencillo de poleras blancas y un repertorio que poco a poco integraba canciones populares chilenas adaptadas a su estilo (“Con una pala y un sombrero”, “Mentira”, “Mañana”), comenzó a distinguir a una orquesta que no encuentra en el actual medio chileno competidores en su misma senda. Una nota firmada en California distinguió hace un tiempo su fuerza en viva: “No esperaba tanta calidad y fuerza de nuestros hermanos chilenos. ¡Fue, sinceramente, como escuchar a la orquesta venezolana la Dimensión Latina en sus mejores tiempos! ¡Qué sonido! […]. La salsa no ha llegado al Polo Sur, pero está bien cerca”, cerraba el comentario.

—¿Por qué no hay en Chile más orquestas como la suya?
—No hay que desmerecer lo que ya existe, pero se trata de ejemplos muy aislados. Si te digo que hay diez orquestas de salsa en Chile, sería mucho. Y la mayoría no funcionan como nosotros, pues casi no incluyen bronces. Una sección de bronces es cara de mantener y más complicada para ensayar y armar. El tipo de salsa que esas orquestas hacen es del tipo de son cubano.

—¿Qué hay de “salsa dura”, por decirlo así?
—Está la orquesta de Manuel Ramírez, peruano, quien desarrolla algo parecido al estilo nuestro y que tiene ocho años de trayectoria sólo en Chile. Tienen un muy buen sonido, muy profesional, pero pueden ser un poco más fríos en vivo. Durante un tiempo funcionó también la orquesta de Alberto Lozano, un tumbador peruano, que tuvo orquestas en Chile hace muchos años y que hace poco volvió a armar un conjunto bajo el nombre La Salsa de Siempre. Duró unos meses, y se deshizo… Está también Nuevo Son, un grupo de chicos de Maipú que nació al alero de la Santiago All Stars, luego de que nos vieron en la Sala Master. También son una orquesta de trombones.

Los ejemplos son, se ve, escasos. Para Hasbún, el gran problema para el desarrollo de mejores proyectos de salsa en vivo ha sido “la mala costumbre de la gente” de entender la música como un producto que debe escucharse envasado.

—Eso es algo impensable en otra parte del mundo. Cualquier lugar que te invite a bailar y tomarte un trago, tiene que tener música en vivo, o el cliente lo descarta. Aquí en Chile la gente está mal acostumbrada, y nosotros queremos darle un vuelco a esto, por un lado mostrando profesionalismo en el trabajo: somos rectos, y logramos que los dueños de locales sean también intachables con nosotros. Si cobramos, es porque confiamos en que al público se le está ofreciendo un buen servicio. Si hacemos que la salsa sea una fuente de trabajo, de ingresos, para radios, locales, músicos, revistas… esto va a tomar fuerza y se va a tirar el género para arriba.

—Esta puede parecer una pregunta un poco extraña, pero ¿qué has aprendido de la personalidad del chileno como músico de salsa?
—Mmmm. Al chileno cuesta un poquito animarlo. Tiene la mala costumbre de la música envasada. Cuando nos tiene al frente, queda tremendamente impresionado con esta energía, y se cohíbe. Y en vez de aprovechar esta orquesta tan grande, con tanta fuerza, se queda en la silla mirando este enorme tren que se le viene encima. Al rato, cuando se han tomado un traguito, salen a bailar. No están acostumbrados porque no se les tiene acostumbrados. Y hay mucha gente que no tiene idea ni valora la cantidad de esfuerzo que hay detrás de una presentación como las nuestras; en gasto de tiempo, profesionalismo, de años de estudio, para que esto suene como ellos lo escuchan.

La potencia de Santiago All Stars será fácil de comprobar esta semana, cuando en el club Habana Vieja (ver recuadro final) a la orquesta se le unan cuatro invitados para homenajear al venezolano Oscar D’León, el fundador del grupo Dimensión Latina, responsable de hits como “Pensando en ti” y “Llorarás”.

Santiago All Stars:

Héctor Parquímetro Briceño, trombón y dirección musical / Frano Kovac, batería y arreglos / Lautaro Quevedo, piano / Jorge Rodríguez, bajo / Martín Zegarra, bongó / Jorge Hasbún, tumbadoras / Raúl Silvestre, trombón / José Pino, trombón / Jaime Fredes, trombón / José Antonio Medina, voz / Fabián Rosales, voz.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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