entrevista a los bunkers

May 20, 2008 at 4:06 am 3 comments

Mauricio y Francisco, Los Bunkers

Durán Durán

Juntos, como hermanos, los dos principales compositores de Los Bunkers analizan un año que iniciaron cantando sobre sus más dolorosas heridas y concluyen en la ola de un éxito internacional. ¿Felices? Sí, pero con cautela: “Quizás nunca vamos a disfrutar lo que nos pasa”.

Por Marisol García | Rolling Stone-Chile, diciembre 2006.


Desde que tienen memoria, los dos compositores del grupo Los Bunkers han pasado por momentos en los que han debido compartir dormitorio, colegio, guitarra, chaquetas, amplificador, fiestas familiares, presupuesto de supermercado, cuenta de gastos comunes, taxi, obligaciones de aseo y vacaciones (eso sí: jamás una novia). Cuando en marzo del año 2000 dejaron la calle Freire de Concepción para instalarse en el capitalino barrio Lastarria, Francisco y Mauricio Durán estuvieron varios meses durmiendo en una misma cama, pues lo que tocaba entonces era compartir su aspiración de triunfo desde una misma apretura. El televisor en su departamento era tan viejo que sólo sintonizaba el canal La Red.

Compartieron luego los pasos programados en su plan común de conquista rock: un primer disco, una primera gira, la primera portada de un suplemento de viernes. Sigan o no en Los Bunkers el resto de sus vidas, Francisco y Mauricio saben que su existencia completa seguirá la misma doble vía que hoy los hace mirar juntos el panorama brillante de la difusión continental. No queda otra cosa entre hermanos; mucho más cuando la suerte parece ser categórica en demostrarles que sus talentos funcionan mejor asociados entre sí.

Los Beach Boys, los Kinks, Los Jaivas y Oasis han sido bandas estupendas sostenidas por sociedades fraternas. Los Bunkers tienen también en sus lazos de sangre (a los Durán Fernández se suma la pareja de hermanos Álvaro y Gonzalo López) una marca contundente de identidad. Pero es una entre muchas. Su precocidad, su claridad de enfoque, el ritmo de su trabajo (cuatro álbumes y siete participaciones en discos colectivos en no más de un lustro) son tan peculiares como la naturalidad con la que hoy parecen interpretar su ascenso en México. Entre mayo y noviembre pasados, Los Bunkers viajaron allí tres veces para ofrecer treinta shows en ocho ciudades. Sólo por pocas fechas no alcanzan a Kudai como el grupo chileno no residente de más activa agenda en ese país.

“Nos repiten mucho lo bien que nos ha ido, pero a nosotros siempre nos ha ido bien”, zanja Mauricio, y establece de entrada el modo inusual en el que este grupo se autoevalúa. “Quizás nunca vamos a disfrutar lo que nos pasa, porque estamos permanentemente pensando en que hay que hacer otra cosa. Los más exigentes somos nosotros”.

La maquinaria musical de Los Bunkers ha probado ser más poderosa de lo que probablemente se estimaba hace doce meses, cuando aún nadie sabía —mucho menos, ellos mismos— que el grupo cerraría el año preparando un show en el teatro Caupolicán y otro para el Festival de Viña del Mar. Cuando en agosto del 2005 terminaron de grabar su cuarto disco el ánimo general en la banda era el que se eligió para el título: Vida de perros. Los Bunkers eran jóvenes, chilenos y sensibles, y —cómo no— estaban llenos de rabia y frustración. A nadie en el grupo pareció preocuparle que en la canción homónima Mauricio cantara: “Paso la lengua sobre mis heridas”.

Catorce meses y varios logros profesionales más tarde, a los hermanos Durán ya no dan ganas de ofrecerles ayuda. Una tarde de primavera los aviva con sonrisas y poleras de colores encendidos. En pocos días partirán a México por tercera vez en el año y su rutina de viajes, festivales y fans se ha vuelto la del tipo de personas que tienta envidiar. Sentados Los Tres en torno a una mesa, parecerá sin embargo muy de mal gusto hablar de “éxito”. Del tedio y decepción de esa Vida de perros quedan en Los Bunkers innegables huellas, por bien camufladas que estén. Las intercambios de esta tarde y las siguientes —en persona, por teléfono y por e-mail— serán el recorrido verbal por los claroscuros de vidas que, si bien están hoy mucho más iluminadas que las del promedio, cargan todavía con la sombra que ha venido fortalecido un cancionero de raro balance entre su popularidad y profundidad. Según Francisco, “parte de la pena queda en los discos, y hay otra parte que todavía no está resuelta. Como han ido las cosas con el grupo, quizás hoy percibimos todo aquello de lo que cantamos de otra forma”.

—¿Más optimista?
—No: más tranquila.


MAURICIO DURÁN (30) COMPUSO sus primeras canciones para una banda llamada Grass, proyecto informal que lo ocupó a partir de los 20 años, cuando en su corazón juvenil latía una (aún firme) admiración por Ray Davies, el ingenioso y siempre bien vestido líder de The Kinks. Alternó la música con sus clases de Periodismo en la Universidad de Concepción (obtuvo un título que nunca ha usado), y supo que tenía algo cercano al talento cuando de sus dedos salieron los acordes de “No sé”, uno de los temas que más tarde se incorporó al primer álbum de Los Bunkers. El mayor de los hermanos Durán Fernández sonríe con facilidad, tiene un color de pelo inasible y ofrece té suficientes veces para postular con serias posibilidades de triunfo a una competencia de Mejor Anfitrión.

“Entre mis brazos”, el primer tema que alguna vez compuso Gonzalo López (24), nació cuando Los Bunkers ya existían pero él era aún estudiante de Sicología en la Universidad de Santiago, una carrera que no cursó más allá del segundo año. Neil Young definió una vez esa preciosura melódica como “el tipo de canción que no quieres que se termine”. Francisco la compuso de una vez, cuando no lo dejaron entrar a una clase por llegar atrasado. El menor de los Durán Fernández habla lo justo, parece escudriñar rincones internos con su mirada profunda y corresponde con perfección a esa categoría materna de “maduro para su edad”.

“Fuimos unidos desde chicos”, dice Mauricio. “Crecimos tocando guitarra y piano juntos, y también nuestros descubrimientos musicales fueron a la par. Pero jamás se me pasó por la mente que terminaríamos haciendo canciones entre los dos. Francisco es más adulto de lo que debiera y yo, más pendejo. Por eso nos topamos perfectamente”.

Cuando nacieron Los Bunkers, hacia 1999, fue decisión de ambos dejar frente al micrófono a Los Jaivas —el único del grupo con clubes de fans sólo para él— y mantenerse como coordinadores discretos tras sus guitarras y teclados. Pudiendo haber formado un dúo, los hermanos Durán han decidido hasta ahora dedicarle su vida a una banda. En el papel no son jefes de nadie, pero su lucidez muchas veces los delata: puesta la vida de Los Bunkers en un set, sería desde la silla de Mauricio o Francisco que se escucharía “¡Acción!”.

Pete Townsend decía que en los Who se sentía como el director de una película, y que su actor protagónico era [el cantante] Roger Daltrey”, cuenta Mauricio. “Me gusta esa manera de explicarlo. En Los Bunkers hay muchas canciones nuestras que las tiene que cantar Álvaro”.

—¿Por qué?
—Francisco: Porque es como somos. No me imagino a otro baterista que no sea el Mauro [Basualto] dando en el clavo con lo que hay que tocar para un tema mío. La identidad de banda es algo que tengo clarísimo.

—¿Crees que también lo tienen claro tus compañeros?
—Francisco: Yo creo que cachan que el cambio de cualquier integrante haría que esto deje de ser lo mismo. No pasa tanto por lo que se escucha, sino por el espíritu del grupo.
—Mauricio: Yo preferiría disolvernos a que se fuera alguien. Que hiciéramos otra cosa, con otro nombre y otra historia.

—¿Funcionan las bandas a pura democracia?
—Francisco: Yo creo que es importante cierta jerarquía… y también cierta democracia [sonríe]. Me imagino que si McCartney no hubiese chicoteado al resto, un disco como el Let it be jamás hubiese salido. Siento Siento que hemos ido aprendiendo una lógica de trabajo con la que no hay drama. Las decisiones muchas veces salen de nosotros, pero hay pocas ocasiones en las que los demás no estén de acuerdo.
—Mauricio: No sé cómo sea en otras bandas. Me imagino que Los Jaivas son un grupo bien democrático, y que hay otros con un tipo que mandonea al resto y eso también funciona. Creo que Los Bunkers no somos ni lo uno ni lo otro.

—¿Qué sienten cuando ven una pelea como la que han terminado teniendo los Inti-Illimani, por ejemplo?
—Mauricio: Más que nada, da lata la “ventilada” de los problemas, que no tiene nada que ver con los valores que te han enseñado como grupo. Pero es difícil tener una opinión tan categórica, porque nosotros mismos cachamos que las cosas son súper difíciles, y no hemos sacado ni la décima parte de los discos que ha sacado Inti-Illimani.

Los dos Mauricio del grupo (Durán y Basualto) son, en rigor, los fundadores de Los Bunkers. Entablaron amistad en Concepción hacia 1996, y decidieron apostar por un proyecto en el que no se repitieran las malas experiencias que habían tenido en otras bandas: juraron entonces hacer las cosas a su manera. Basualto podía jactarse del paso por un grupo comentado (Los Cuatro Amigos del Doctor) y de una colección de cassettes y discos impresionante incluso para los estándares melómanos penquistas. Durán, ocho años menor, necesitaba una figura inspiradora para aventurarse por primera vez como compositor. Pocos alrededor suyo compartieron su confianza. Era el momento de ser pedante o no ser.

“Yo he llegado a la conclusión de que el ego es súper importante para alguien que quiere crear algo”, dice Francisco, un hombre “obstinado”, según su hermano mayor. “Supongo que tienes que aprender a manejarlo, pero no puede dejar de estar ahí. Y creo que una banda no tiene que pedirle nada a nadie. Ni al público. No estamos de acuerdo con eso de ‘apóyennos’, porque generalmente se suben al carro cosas bien malas”.

—Mauricio: A las canciones hay que soltarlas y dejar que anden solas, sin buscar demasiados artilugios: si son buenas, funcionarán. Hay bandas con las que nunca pasó nada en su momento, y que hoy son enormes, como los Velvet [Underground]. Las buenas canciones pueden sobrevivir a muchas cosas.

—Decir en Chile que uno se dedica a hacer canciones debe ser algo muy raro, ¿no?
—Francisco: Para mí, cada vez menos. La verdad, me parece más raro que alguien me diga que estudia Medicina [sonríe]. Hacer música es trascendente; es hacer algo que queda.
—Mauricio: Lo llevamos con orgullo. Es un trabajo noble.



NO ES SECRETO QUE LOS BUNKERS se mueven con un rumor de fondo tejido no siempre de bondad. Dicen que a un hombre lo define el tamaño de sus enemigos. El manifiesto de una banda se forja, también, de cara a sus críticos. No cuesta tanto sintetizar los cuatro ejes de la antipatía hacia este quinteto. A saber:

1. Que son buenos, pero copiones.
—Francisco: Esa crítica tiene que ver con la idiosincrasia de acá. En México las preguntas sobre Los Tres son del tipo: “Ustedes tienen influencias de Los Tres, ¿no?”; y no “¿hasta cuándo les copian a Los Tres?”. Tampoco vamos a hacer canciones pensando en cómo demostrar que somos originales, porque si te ocupas en eso, no haces lo que tienes que hacer. En ese sentido, siempre hemos admirado a la gente que sigue adelante pese a todo, que no pesca los comentarios.

2. Que se disfrazan de sus ídolos.
—Francisco: Lo encuentro taquilla. En un video antiguo nos vestimos de Quilapayún y fue como una cita, ¿cachai? Acá analizan todo con el ceño fruncido, y no podemos estar pendientes de eso. Es imposible que no se te noten las influencias, y es tonto pretender esforzarse en parecer original cuando nada lo es. Yo siento que todavía estamos en una etapa de aprender a hacer canciones.

3. Que son demasiado aplicados y no tienen sentido del humor.
—Mauricio: Una vez filmamos un video intencionalmente absurdo. Dijimos: “Tratemos de que salga divertido”. Por supuesto, el resultado fue patético y hoy está guardado bajo siete llaves. Supongo que el humor es algo que se tiene o no se tiene. No somos Ringo Starr. Quizás nuestras risas son hacia adentro.
—Francisco: Creo que sí somos un poco graves. Como que aún no tenemos desarrollado un lado más absurdo, siendo que los grandes grupos nunca se tomaron muy en serio. Los Beatles, los Kinks, los Who eran bandas con mucho humor, y reconozco que eso nos falta. Miramos con mucha seriedad nuestro trabajo, y quizás nunca dejemos de ser así.

4. Que no se llevan bien con otros músicos.
—Francisco: Nunca hemos tenido mucha afinidad con nuestros pares, la verdad. No tenemos muchas cosas en común, no más. Hemos sabido que muchos músicos nos pelan, pero eso ya nos pasaba cuando nos fuimos de Conce: “¡Cómo se van a Santiago!”. Pasa algo raro con los grupos acá: como que se soban mucho la espalda entre ellos.

—¿Creen que se les nota que son del sur?
—Mauricio: Yo creo que sí, es algo que siempre va a estar ahí. La gente en provincia es educada de otra forma. ¿Si eso se nota en las canciones? No lo sé. Mira, yo creo que Conce es súper buena ciudad para la formación de un grupo. No hay lugares donde mostrar tu música, y eso te obliga a defenderla como sea. Así forjas el carácter, ¿cachai? Yo creo que las bandas de acá, en Concepción no durarían más de un mes.



PESE A SER PENQUISTAS, LOS BUNKERS conocieron a Neil Young en Santiago. Y siendo chilenos, no llegaron a darle la mano a Jorge González sino hasta que visitaron su casa… en Ciudad de México. A los hermanos Durán les brillan los ojos cuando cuentan de sus conversaciones con Claudio Parra, Eduardo Gatti o Germaín de la Fuente. Son representantes perfectos de una categoría extraña: la de músicos-fans.

Jorge González fue súper buena onda con nosotros: nos invitó a su casa, estuvimos tocando, y quedamos impresionados de toda la música que conoce. Cachaba hasta temas muy rebuscados de, no sé, los Zombies.

—¿No le había tirado un par de palos a Los Bunkers en Maldito sudaca?
—Francisco: Sí, sí. Yo creo que de picado.

—¿De picado?
—Francisco: Picado de que nos tocaran los temas en la radio, que estuviéramos en los diarios, justo cuando él estaba con su disco… Eso me gustó; si fuera indiferente, lo encontraría más charcha. Pero ¿qué le podís cuestionar a Jorge González? Lo que diga de nosotros no va a cambiar la percepción que yo tengo de él.
—Mauricio: Él puede decir lo que quiera: escribió “El baile de los que sobran”. Todavía recuerdo que cuando empezó a hablar contra los curas en el Festival de Viña (2003), yo pensaba: “Éste es mi súperhéroe” [se ríe].

—El rock ha avanzado muchas veces sobre la base de la rivalidad entre las bandas. ¿Pueden sentir ese desafío con algún grupo chileno actual?
—Mauricio: Nos encantaría, pero no. Sería súper bonito que alguien acá sacara un disco y nosotros dijéramos: “Qué ganas de sacar un disco mejor”.

—¿No les pasa ni con el nuevo de Los Tres?
—Mauricio: Al menos a mí… no.

Un poco de Brigitte Bardot duerme cada noche junto a la cama de Mauricio Durán. Allí está un vinilo antiguo con la firma de la francesa, y otro firmado por los Ramones. Los tesoros discográficos del mayor de los Durán dan vida a una colección que no es extensa en el sentido de acumulación: es llamativa por lo selecta. Títulos de Salvatore Adamo, Abba o Silvio Rodríguez saltan en la conversación como referentes quizás sorprendentes en la formación musical de los hermanos Durán, dos hijos únicos de una madre que asesora asuntos de jubilación y un padre empleado por una empresa siderúrgica de Huachipato, aficionado muy en serio a la guitarra. Don Víctor Durán es el tipo de melómano que alguna vez respondió el reclamo de su esposa por la falta de lavadora en el hogar regalándole… un piano. La pequeña crisis doméstica quedaría más tarde registrada en uno de los versos de “Miño”.

“La guitarra en nuestra casa era algo muy importante, y la primera influencia grande para nosotros fue Silvio, que a mi papá le encantaba”, recuerda Francisco. “Fue con sus discos que aprendimos a tocar, no con los de los Beatles. Siento que en ‘Canción de lejos’ o ‘Canción para mañana’ hay harto de eso, aunque no sea tan evidente”.

Sensibles por lo mismo a la poesía política de izquierda, los hermanos Durán aprendieron tempranamente cuánto más efectivo es un verso social bordado con ingenio y sobriedad, el tipo de cosas que los hacen acercarse a la temprana Nueva Canción Chilena o a bandas como Los Prisioneros. Las lecciones aprendidas se han hecho verbo en temas suyos como “Miño” o “El detenido”, dos canciones sobre abuso jerárquico y derechos humanos que han colado a radios entrelíneas más poderosas que las de los habituales gritos punkies “contra el sistema”. A Mauricio lo irritan “esos viejos gordos y pelados que me dicen lo que tengo que hacer”.

“Creo que uno tiene que poder decir de pronto: ¿Sabís que? Eso que creí a los 18, ya no me parece. A un huevón así yo le creo. Dylan ya no quiere escribir otra “Blowin’ in the wind”, y me parece lógico”.

—¿Quién lo ha hecho bien, en ese sentido?
—Francisco: Jorge González. El camino entre su motivación para hacer un tema y la persona que lo escucha está completamente despejado. Se siente que lo que queda en la canción es la esencia. Además, ha sido un compositor sin miedo a contradecirse.
—Mauricio: Creo que uno tiene que poder decir de pronto: “¿Sabís que? Eso que creí a los 18, ya no me parece”. A un huevón así yo le creo. Dylan ya no quiere escribir otra “Blowin’ in the wind”, y me parece lógico.

—En “Canción para mañana” hay un tono muy desafiante en plan generacional: “Los viejos son de lo peor / Nunca tuvieron ni una pizca de razón”. Luego critian a los que viven recordando. ¿Les importa que el grupo responda a una estética joven, a un espíritu joven?
—Mauricio: O sea, siento que la banda es joven. Y, en general, Chile es un país de actitud bien… vieja. La canción tiene que ver con eso, aunque ahora con todo este asunto de los estudiantes como que ha asomado un olor diferente, que es emocionante. Quizás lo que ahora nos interesa es más el sentimiento que subyace a un tema. Bajo las protestas de los estudiantes hay un sentimiento, y la gracia es descubrirlo.

Mauricio cumplió 30 años poco después de esta entrevista. Como a una modelo de pasarela, le preocupa que los efectos del tiempo no le quiten brillo. “Siento que la mayoría de los compositores, pasados los 30 se ponen fomes. Pierden la chispa: como esos jugadores de fútbol que juegan bien pero ya no meten goles. Tampoco es una regla, porque lo último de Neil Young y Bob Dylan lo encuentro increíble. Con ellos da la impresión de que están cada vez más simples y jóvenes”.

—¿Qué es lo que hace interesante a un músico, a su juicio?
—Mauricio: Me gusta alguien que logra proyectar algo a través de su instrumento, más allá de su talento. No me cabe duda que hay gente que mueve súper rápido los dedos, pero… hace poco vimos un documental sobre The dark side of the moon, y ahí [los Pink Floyd] hablaban sobre la necesidad de calmar la ansiedad para ver cuándo es conveniente que un instrumento se meta. Yo creo que de eso se trata: ponerse al servicio de la canción. Incluso alguien tan talentoso como Hendrix, yo creo que componía con eso en mente.
—Francisco: Yo me fijo en que toquen con sentimiento. Hay cosas muy simples que emocionan. Recuerdo que hablamos de eso con Gatti. A nosotros nos gusta mucho un solo que hay en un tema suyo, “Quiero paz”. Él tiene ideas muy bonitas con la guitarra, y no sólo con la acústica, porque tiene muchas grabaciones con guitarra eléctrica.


SI BIEN NO HA SIDO LA ÚNICA, Los Bunkers han abordado la veta de la canción de amor con una picota bien afilada, como pocos contemporáneos a la redonda. Los versos luminosos de antiguos temas como “Las cosas que cambié y dejé por ti” o “Mira lo que dicen sobre nuestro amor” han debido con el tiempo ir compartiendo espacio con lecturas más amargas sobre aquello que llamamos relaciones de pareja. Las letras de Vida de perros salieron tras rupturas sentimentales de sus autores, más o menos simultáneas. Hace poco más de un año, el panorama amoroso de los hermanos Durán era lo suficientemente sombrío para levantar canciones desde un incamuflable despecho. “Sé que no bastaba mi alma para ti” dice parte de “Ahora que no estás”. En “Tú” le enrostran quizás a quién: “Fabricaste con mentiras mi felicidad”.

—¿Es posible desquitarse de una mujer a través de una canción?
—Mauricio: No lo sé. Quizás lo que suceda es que hay pocos espacios para que un hombre despotrique contra una mujer, y la música te ofrece esa instancia. Ahí está “Mentira”, de Neil Young. Ahora, en las canciones también exageras. Compones a partir de una rabia que al ponerla en palabras te abre un camino nuevo que exploras con tu imaginación. Lennon contó una vez que la mujer de “Girl” no existe.

A veces da la impresión de que los hermanos Durán piensan mucho y muy elaboradamente en el sexo opuesto, y que han aprendido a dirigir esas reflexiones hacia un lugar de inspiración que los distingue. Luego cae uno en cuenta: ¿acaso no hacemos todos lo mismo?

—Mauricio: Lo más bonito es cuando una mujer te hace querer ser mejor. ¡Eso es lo máximo!
—Francisco: Hay una carta de Oscar Wilde, De Profundis, en la que se habla de un amor que no te lleva a ser mejor, sino que peor. Y ese dolor se plantea como el sentimiento central de su vida. A mí me identifica plenamente lo que leí ahí, en el sentido de que puede ser necesario pasar por un sufrimiento a concho para dar la vuelta completa y extraer algo bonito. Creo que la vida es esa mezcla de placeres y dolores.

Francisco trasgredió hace un año una regla tácita de la composición amorosa, cuando a una declaración romántica suya le puso el nombre de una mujer de carne y hueso. Pase lo que pase con la novia tributada en “Maribel”, ese tema convirtió su historia en una suerte de tatuaje que deberá develarse y defenderse en público por años. Es el riesgo y es la gracia, cree su autor:

“Si no agarras un sentimiento fuerte y lo conviertes en una canción, se va. Al principio sentí un poco de pudor con esa canción, pero ahora no, porque representa un momento. Me he dado cuenta de que la gente lo entiende mucho mejor de lo que uno cree. Tiene que ver con sentimientos universales. En todas las expresiones del arte siempre llega el momento de abrirse por completo, y es entonces que salen las mejores cosas”.

—¿Son diferentes las mujeres santiaguinas de las penquistas?
—Francisco: En el mismo sentido que son diferentes los hombres santiaguinos de los penquistas: son más barsas.
—Mauricio: Me da lo mismo de dónde sean: las mujeres me gustan y me asustan igual, jejeje. Para utilizar una palabra de Jorge González, las “chiquillas” de provincia están educadas de otra manera; pero, al final, a todas les gusta jugar a las muñecas.

—¿Jugar a las muñecas?
—Mauricio: En buena y en mala: “Ay, qué lindo. Juguemos: te peino, te hago cariño, te pateo”. Eso es así en Talcahuano, en La Florida y en todas partes. Tú ves cuándo te prestas al juego y por cuánto rato. Hasta que te enamoras, supongo. ¿No estás de acuerdo?


LOS HERMANOS DURÁN FERNÁNDEZ no viven juntos ni revueltos, aunque sí a cuadras de distancia: Mauricio en un ordenado departamento de un ambiente desde el que se domina parte de la Alameda, y Francisco en un edificio lleno de recovecos, con muros del grueso de un dique. En menos de ochocientos metros a la redonda se han instalado también los otros tres integrantes de la banda, el director del documental en su nuevo DVD (el periodista Rodrigo Álvarez), algunos de sus amigos penquistas, primos, conocidos varios. Es probable que el factor doméstico tenga sobre Los Bunkers un peso que ni sus integrantes han aquilatado del todo, y que vincula su biografía desde su condición de penquistas en Santiago hasta su no descartada mudanza a México. Su rutina de lectura de diarios los domingo, de afición al cine, de gusto por la conversación y modales cuidados es la de gente que no confía ni busca una permanente euforia.

Algo paradójico sostiene a un par de músicos cuya casi totalidad de referentes está en el pasado, pero cuya convicción apunta a una innegable proyección. Hay en mi cinta una frase de Francisco perdida entre el ruido de un restaurante: “Quizás la banda debiese haber existido en otro momento”. Pero todo indica que Los Bunkers viven un presente pleno, inserto en las ventajas y bajezas de la industria actual, y que más les vale abrazar con firmeza. “Cuando analizas las carreras de las bandas que admiras siempre llegas a la misma conclusión: todo es puro trabajo”, recuerda Mauricio. Por convicciones como ésas intuye uno que algo en la banda estará siempre ajeno a su entorno. Es más que un asunto de época o de geografia. Es una mezcla atípica de autoexigencia e ingenuidad, de introversión y ambiciones. Para bien y para mal, a los hermanos Durán y sus compañeros esa sensación de diferencia los perseguirá en México como antes en sus barrios penquistas, cuando lo que hoy les sucede estaba ya programado en un plan imaginario cuya estrategia ha sido, en parte, una receta de familia.

Cuatro nombres para entender a los hermanos Durán

1. Elvis Costello
“De Elvis Costello uno aprende hasta cómo vestirse. Me encanta cómo a él se le notan sus influencias y las pone a la vista. Sus melodías son mortales, y me gusta que tenga la apertura para, viniendo del punk, colabore con alguien como [Burt] Bacharach, que es un compositor que puede representar todo lo contrario a sus raíces. Es el músico que mejor ha envejecido: está gordo, pero impeque. Costello tiene mucha dignidad cuando sale a tocar, y siento que eso es lo que los músicos chilenos tenemos que aprender para no terminar en parrilladas” (Mauricio).

2. Neil Young
“Él mismo describió una vez muy bien su trabajo: hace música popular con alma. En sus canciones sigue estando la base de lo que terminó siendo el rocanrol, el blues, el folk. También me gusta su crudeza. Claro, Lou Reed también la tiene, pero desde un lado quizás más intelectual. Neil Young tiene una crudeza espontánea, que fluye. Siento que en él hay mucha sinceridad” (Francisco).

3. Violeta Parra
“Violeta tenía la capacidad de sintetizar hasta los asuntos más complejos y profundos. Ése es su misterio: va al hueso de algo muy puntual y específico, y logra que eso florezca en sus canciones y termine siendo universal. Es como si apretara un botón y pup: sale una bomba de racimo. Ahora, ¿cómo lo logró? No tengo idea” (Mauricio).

4. Roger McGuinn (The Byrds)
“Como compositor y guitarrista, ha sido una de mis principales influencias. Su [guitarra] Rickenbacker de doce cuerdas ayudó a definir el sonido de los años 60, y creo que los arpegios de Johnny Marr [The Smiths<] le deben mucho a su estilo. He intentado adoptar su forma de tocar en temas como ‘Canción para mañana’ y ‘Entre mis brazos’. Siempre he pensado que lo que él hizo a partir de la música folk gringa se puede hacer también con la música chilena” (Francisco) .

El porqué de un peinado

—¿Se preocupan de sus peinados tanto como parece?
—Ambos: Noooo. O sea, Los Jaivas nos pegan mil patadas. O Paul Weller. O Johnny Rotten.

—¿Cuál es el gran NO en el peinado de un músico digno?
—Mauricio: En el documental de los Ramones, sale que una vez Dee Dee quiso hacerse un mohicano y el resto del grupo se lo prohibió. Yo estoy de acuerdo: un punk digno no puede hacerse un mohicano ni sacarse la chaqueta de cuero. Para el resto de los músicos, yo creo que el pelo tiene tanta importancia como la chaqueta, el pantalón ajustado y los zapatos. En México hay zapatos increíbles.
—Francisco: Tenemos que llevar una maleta para zapatos.

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3 Comments Add your own

  • 1. los bunkers x « De Gira  |  May 20, 2008 at 4:08 am

    […] (Rolling Stone, diciembre 2006) […]

    Reply
  • 2. Sergio  |  May 27, 2008 at 3:39 am

    Necesito escuchar musica de Los 4 amigos del doctor !!!!!!!
    Subanla a los foros pa¨descargarrr
    Muy guenos temas por muy pocos escuchados (es un despropósito!)

    …..algo nuevo para oir de conce?

    Reply
  • 3. CARLOS ALEXANDER CHAVEZ GUTIERREZ.  |  November 8, 2011 at 6:54 pm

    oh que chido las palabras de los BUNKERS YO LOS E ESCUCHADOS DESDE QUE MI HERMANO LLEVO UN DISCO DE LOS BUNKERS A MI CASA Y ME EMPEZO A GUSTAR DESDE ESE ENTONCES ME ENPEZO A GUSTAR LA GUITARRA Y ME ENSEÑO MIHERMANO AHORA NOS DEDICAMOS A TOCAR CANCIONES DE LOS BUNKERS YO Y MI HERMANO TOCAMOS Y NOS INSPIRAMOS MUCHO EN LOS HERMANOS DURAN ESPERO QUE BENJAN A CHIAPAS EN LA CAPÌTAL PORQUE LOS QUEREMOS VER TOCAR OTRA VEZ
    NOSOTROS SOMOS DE SAN FERNANDO CHIAPAS
    ESTAN CHIDAS LAS ROLAS………………………………………….
    SIGAN ASI HERMANOS DURAN NO NOS DESECCIONEN………………

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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