entrevista a margot loyola (2), folclorista e investigadora

May 29, 2008 at 7:43 pm 4 comments

Memoria profunda del folclore

90 años de vida cumplió esta semana la intérprete, investigadora y docente, quien sumará próximamente a sus publicaciones un nuevo estudio sobre la cueca. Coqueta y activa, Margot Loyola no abandona su incansable labor de maestra y estudiosa del folclore en terreno.

Por Marisol García | versión completa de nota para suplemento
Cultura La Tercera, septiembre 2008.

Ninguna mujer que espera una entrevista maquillada, preocupada por las fotos que acompañarán la nota, recibe el paso de los años con inconsciente entusiasmo. 90 años tiene desde el lunes pasado Margot Loyola (Linares, 1918), y la cifra la hace encoger los hombros con un ligero temblor. «No me quiero ni acordar», menciona sobre una fecha a la cual llega con incamuflable encanto y lucidez. «Me hace pensar lo cortita que es la vida. ¿No ve que yo quisiera vivir 500 años?».

—¿Le gustan los cumpleaños?
—No, para nada. Ni los cumpleaños, ni los regalos ni los santos, porque yo de santa no tengo nada y es mejor no tener nada, ¿no cree usted?

—Además que las mujeres somos vanidosas.
—¡Pero, por supuesto! Y yo soy muy vanidosa, porque soy mujer y porque soy cantante.

Homenajes de la Municipalidad de Viña del Mar y de la Universidad Católica de Valparaíso la han ocupado gran parte de esta semana. En su triple función de intérprete, investigadora y docente, Margot Loyola sobrevive activa como una voz excepcional para la transmisión de la memoria profunda del folclore chileno. Pocos han convertido su interés por la cultura popular en una semilla así de fecunda y definitoria para incontables vocaciones musicales. Disciplinas diversas se unen en el método de trabajo de una mujer que no ha abandonado la investigación en terreno desde su primera salida, hace 72 años, a conocer in situ el trabajo de los cantores alrededor de Santiago.

«Lo que hago tiene sociología, tiene historia, tiene geografía, tiene antropología», describe sobre su método. «Escribimos para todos con un lenguaje sencillo, como somos nosotros, venidos del campo. Es una de las cosas del campo que no queremos perder: la sencillez del lenguaje».

—No le gusta que le llamen erudita.
—No, no, no. Para nada. Me interesa que digan que soy una mujer chilena, muy chilena. Y que he amado Chile por sobre todo. Me interesa sobre todo conversar con la gente. Conocer cómo la gente vive, cómo la gente piensa, cómo sufre o cómo se alegra. Yo no estoy metida en un globito: veo la naturaleza completa de Chile y todo me interesa. Y cuando veo que cortan un árbol, yo sufro. Y cuando ensucian un río, ¡yo sufro! Creo que cuando uno se dedica a este debe sufrir primero. La gente que no sufre el folclore no es folclorista. Yo, mientras más años tengo, más lo sufro.

Su atípico método de trabajo es patente en los libros trabajados por la investigadora desde los años 80, y a los que no abandona como formato de registro y transmisión de conocimientos. Junto a su marido, el también músico Osvaldo Cádiz, trabaja hoy en un estudio sobre la cueca levantado al modo del riguroso estudio en torno a la tonada publicado hace dos años. Danza de vida y muerte, cree ella que se titulará el extenso trabajo:

«Siempre se ha dicho que la cueca es una danza amatoria, pero descubrimos que es una danza también devocional, en la que hay mucho religión y mucha muerte. La cueca está en todo, no solamente en el rito, sino que en un universo inabarcable», explica. «Vivimos un momento difícil, de grandes cambios en todos los terrenos. La cueca ahora queda fuera de época, porque es una danza del sosiego, una danza del otro: mía y tuya. Y tú y yo ahora no estamos muy cerca. La gente se aleja, las familias se desintegran, y todo eso va cayendo también sobre la cueca».

Su impulso persistente de trabajo comienza muy discretamente a aquietarse en favor de la necesaria revisión de lo acumulado hasta ahora. Hay cartas, documentos, fotografías y grabaciones que han vuelto en estos días a las manos de Margot Loyola, revelándole, según ella, «un mundo fascinante, que no sé cómo lo hice». Así y todo, se toca la cabeza cuando debe hablar de acopio: «Lo que está aquí adentro es mucho más de lo que hay afuera».

Gran parte de su material de trabajo se ordena actualmente en el Fondo Margot Loyola (margotloyola.ucv.cl), un espacio a cargo de la Universidad Católica de Valparaíso que contiene casi tres mil registros digitalizados de textos, audios, fotos y afiches. Pero es en incontables sesiones de clases y recitales que se ha esparcido principalmente el acervo de Margot Loyola, maestra histórica de conjuntos como Cuncumén y Millaray, y a su vez depositaria de lecciones pesonalizadas de expertos como Carlos Isamitt, Oreste Plath, Blanca Hauser, Luis Advis, el peruano José María Argüedas, Malucha Solari o Violeta Parra.

«Llamo maestro a cada chileno que a mí me enseña. Aprendo de un campesino, aprendo de un minero, de un pescador, y también de un dueño de fondo. En un salón elegante, también aprendo. Me gusta mucho estar cerca del sujeto: no lo que sale del sujeto, eso después; sino el sujeto mismo, el hombre y la mujer que me enseñan. Entonces estoy siempre aprendiendo de todso mis maestros: de los de la academia y los “empíricos”», dice y se ríe, porque ha inventado un nuevo sustantivo.

Sus publicaciones bibliográficas condensan parte de ese acervo, sorprendente para el lector curioso, pero también aún estimulante para el trabajo de su autora, cofre vivo de tesoros musicales que brillan lejos de las urbes y las cadenas de distribución cultural.

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4 Comments Add your own

  • 1. los 90 años de margot loyola « De Gira  |  September 29, 2008 at 8:58 pm

    […] Texto completo de entrevista, aquí. […]

    Reply
  • 2. Sancha  |  September 29, 2008 at 10:28 pm

    Ojalá escribieras más seguido. Necesito leerte.

    Reply
  • 3. Ricardo  |  October 2, 2008 at 6:17 am

    comulgo con Sancha…

    Reply
  • 4. Habanera Triste (Cover)  |  October 13, 2008 at 2:22 pm

    Siempre he creído que para ser sublime no se necesita pertenecer a una determinada área, ni poseer un gusto o quizá una edad propicia. Pues tengo, exactamente, sesenta años de diferencia con Margot Loyola, y la encuentro brillante, sin lugar a duda, mucho mejor que Violeta Parra, y toda las mujeres que hoy por hoy, tienen mejores honores que ella.
    Cuando hablo de lo sublime que es, es la emotividad, la grandeza de vida que tiene, y lo que proyecta, algo que clava, que te conmueve, y eso no es por la patria, sino, por lo que solo ella y personas contadas con los dedos del pie, pueden lograr ingresar en el corazón de quienes la escuchamos y apreciamos.

    Mis Aplausos a la entrevistada…

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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