el clandestino de la casa roja, ángel parra (novela)

November 28, 2008 at 10:01 pm 2 comments

El clandestino de la casa roja

Por Marisol García | texto presentación
en Feria del Libro, noviembre 2008.


L
a ficción, las metáforas y las claves de las novelas sirven para camuflar muchas cosas, para decir sin decir y confesar sin que nadie lo culpe a uno de nada. Siento que La casa roja ha sido un libro utilísimo para conocer más a Ángel Parra, y con él a toda una generación de chilenos –recalco el masculino del sustantivo, porque es una sincera confesión de pura masculinidad lo que impregna este relato— que intuyo jamás tendrían la valentía de admitir, ni siquiera en clave de novelón, lo que no han querido reconocerse ni ante ellos mismos sobre los años más exigentes de sus biografías. Intuyo, también, que éste ha sido un libro necesario también para su autor. No porque ordene al fin ideas públicas sobre asuntos privados, ni porque comparta grandes proclamas sobre nuestra historia reciente desde la vereda de lo correcto. Creo, más bien, que este libro es todo lo contrario: un libro incorrecto, de confesiones temerarias e introspección incómoda. Un libro valiente, porque admite que fue en lo más pequeño donde se jugó la gesta de su generación.

No se esperen ustedes una libro autobiográfico, ni hay por qué buscar claves de realidad formal. No creo que Violeta Parra haya sido tan adicta a los refranes como la madre del protagonista, ni me imagino a Ángel vestido de niñita durante sus primeros cinco años de vida. Quizás al cantautor aquí a mi lado efectivamente lo derrita Elizabeth Taylor, pero no creo que le guste tanto Mongtomery Clift… o al menos, no tanto como a mí.

No es en esas señas formales donde está lo importante de esta historia sencilla, de personajes firmes, recuerdos reconocibles y muy pocos escenarios. Lo revelador está en la reflexión hecha en voz baja –esto está para el silencio de un libro, no para ser vociferado ante una cámara— sobre los temores de los que casi nadie habla cuando se revisa la dictadura chilena. Temores que van más allá de lo obvio, y que tienen que ver con la propia identidad, con la sensación de impotencia ante un devenir excluyente, con saberse inútil en tiempos en que las decisiones las toman otros por uno.

“La UP fue el Titanic nacional, barco que se fue a pique con presidentes, ministros y militantes. La carga estaba mal repartida. Hoy, enfrentados a nosotros mismos con un enemigo cruel que no nos da tregua, la cama resulta buen consuelo”, nos dice Felipe Tapia Tapia. Uno lo entiende. Y luego no queda otra que conmoverse ante su franqueza:

“A nosotros, los dirigentes, entre comillas, no engañados sino más bien engrupidos con nuestro propio discurso, se nos hacía imposible dar marcha atrás, girando en redondo como perros que se pillan la cola (…). Yo no tengo dedos para el piano: comprobado. Quiero el anonimato así, transparente. No quiero asumir responsabilidades que no conducen a nada. El miedo no me deja ver el camino. No tengo voluntad, así es y punto: no me van a cambiar ahora”.

Tengo 35 años y devoro, dentro de lo posible, todo lo que pueda explicarme la historia reciente de mi país. Valoro a Ángel Parra como el engranaje de una dinámica colectiva anterior incluso a mi nacimiento, pero que, creativa y políticamente, nunca deja de revelarme lecciones. Sin embargo, de a poco he ido dándome cuenta de que todos los entrañables discos de Dicap, todos los documentales de Patricio Guzmán, Nacho Agüero y Ariel Dorfman, y todos los libros de investigación periodística con más o menos galardones en Columbia, no son suficientes para delinear un pálpito íntimo bombeado por la incertidumbre en torno a la más básica definición de un ser humano: su identidad. En tiempos peligrosos se habla menos y se fornica mejor, nos enseña La casa roja. No dudo que así sea. Pero, también, se enfrenta uno a una exigencia de lealtad, de reciedumbre, de apego épico que no siempre se conjuga con comodidad ni se comprende cabalmente para qué diablos se persigue. Esas dudas, tan bien articuladas por el protagonista de esta novela, son el trazo fino de una época que, afortunadamente, ya hemos ido comprendiendo en sus brochazos y colores más gruesos, pero de la que nos falta conocer sus silencios, sus dudas, sus cotidianas definiciones; tanto o más importantes que las que figuran en los grandes documentos de investigación.

No quiero medir cuántas de esas confesiones correspondan o no a la propia historia de Ángel Parra como detenido político, exiliado y cantor de esos que llamamos “conscientes”. Pero intuyo que en el silencio de esa imposición de víctima, de luchador o de militante, latieron, frecuentemente, muchas de las dudas que se han ido ordenando en La casa roja. Dudas de no poder ser lo suficientemente heroico, macho, fogoso, austero o solidario; y de, llegado al momento, sucumbir cobardemente ante el dolor físico o el placer. Terror ante la posibilidad de reconocer, de golpe, que a la política se le ha dado la vida sólo buscando una distracción. Asumirse internamente con todos los matices que el resto no quiere ver.

La historia de Felipe Tapia Tapia es más la historia de un chileno buscándose a sí mismo con casi todo en contra, que la de un clandestino acogido por prostitutas cariñosas y comprensivas que le hacen olvidar su infortunio. Qué bueno que así sea: en esa búsqueda de identidad masculina, es donde La casa roja asegura su vigencia. No tiene tanto que decirle a los combatientes de ayer, como a los hombres curiosos y profundos de hoy.

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2 Comments Add your own

  • 1. boris  |  December 28, 2008 at 11:02 pm

    bravo….esa es la marisol que queremos..

    Reply
  • 2. Ricardo  |  December 30, 2008 at 5:41 am

    Buenísimo Marisol…

    Leí en algún párrafo que estabas con interés por libros de la historia reciente de Chile, me atrevo a recomendar “Una interpretación Marxista de la Historia de Chile” de L. Vitale, interesante; desde el punto de vista que cuenta detalles y hechos importantes y olvidados que ayudan a ver mejor ciertos puntos actuales.

    pd: G. Salazar con su Historia Social Chilena es un aportazo también

    Saludos !.

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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