elvis presley: careless love + last train to memphis (biografía)

March 14, 2009 at 2:35 pm 1 comment

Hubo una vez un gran rey

Los dos volúmenes de la mejor biografía de Elvis Presley se editan al fin en castellano. El detallado trabajo de Peter Guralnick justifica la lectura atenta en torno a un ícono cultural del que creemos saberlo todo, pero hacia quien este largo relato nos lleva a sentir sorpresa y genuina compasión.

Por Marisol García |La Tercera-Cultura, marzo 2008

Sabemos ya demasiado sobre Elvis Presley. A nuestra disposición y la de sus devotos se despliegan sobre los 17 mil libros en Amazon, incontables DVDs con sus mejores recitales (’68 comeback special) y peores películas (Girls! Girls! Girls!, Kissin’ cousins), y antologías y souvenirs sin sentido alguno del pudor sobre los límites del lucro póstumo. En torno al más famoso cantante del siglo XX —sí, más que Sinatra— se acomodan por igual el academicismo de Greil Marcus (Mistery train) y el recuento de despechos de su ex esposa (Elvis and me, de Priscilla Beaulieu). Están la infamia biográfica de Albert Goldman (Elvis), así como los increíbles relatos sobre su manager recopilados por Alanna Nash en el estupendo The colonel. ¿Para qué más?

Nueve y catorce años después de su publicación original, la editorial española Global Rhythm Press tradujo al fin al castellano Last train to Memphis (Último tren a Memphis) y Careless love (Amores que matan), los dos volúmenes en torno a la vida y obra de Elvis Presley investigados por Peter Guralnick, y recién importados a Chile. Los libros conmocionaron los estudios sobre el hombre de “Suspicious minds” y la crítica musical de Estados Unidos. Bob Dylan, hombre muy poco dado al elogio, calificó la narración como «sin rival», destacando el retrato que aquí se hace del cantante «en su paso por un Estados Unidos que solía ser abierto, en donde cualquier cosa era posible […]. Elvis camina fuera de las páginas, puedes sentir su respiración». La impresión es justa. No es sólo que estas 1300 páginas revelen aspectos desconocidos de la dependiente relación entre Elvis y su madre, que ahonde en el abuso del Coronel Parker sobre sus finanzas o que establezca patrones emocionales que explican su ansiedad religiosa, su sorprendente abulia sexual (buscaba madres y no amantes, según varias ex novias) y su desprecio a esa pobreza que le recordaba lo peor de su infancia. Guralnick es un melómano detallista, que sigue cada grabación y concierto para establecer las ideas, influencias e innovaciones que forjaron a Presley como un creador revolucionario, a quien aún se le debe el reconocimiento cabal de su talento, y la valiosa masificación que hizo de la música negra y campesina.

Guralnick es, además, un prosista delicado, que levanta un drama de apabullante tristeza sobre un hombre olvidado en función de su simbolismo. Ahí están los elocuentes subtítulos de cada tomo: “La construcción del mito”, “La destrucción del hombre”. Sin la hipérbole ni la mareadora trivia habituales en la crítica de rock, el periodista empatiza con un sujeto al que simultáneamente admira y compadece, y cuya historia decide abordar con un fanatismo de rara elegancia. En su aversión al juicio y en su trabajosa atención a la mayor cantidad posible de fuentes (trabajó once años en la investigación), Guralnick consigue algo similar a lo que lograba Stefan Zweig con sus biografiados: sacudirles el polvo de la leyenda para que veamos, primero, su torpeza frente a dilemas sencillos, y luego su alta ambición e inteligencia para intrincar sus vidas a la Historia, aunque sea a costa de la traición a sus orígenes y de una ida sin vuelta a la debacle emocional. Según Guralnick, en la esencia de Elvis Presley —más adentro de la parafernalia kitsch, del sex-appeal, del derroche sin fin de Graceland— hay un mensaje relativo a «la expresión de emociones largamente reprimidas, la acogida de una vulnerabilidad culturalmente denegada y el hambre descarado de libertad». El relato de su devenir religioso (del peluquero que lo inició en la literatura de autoayuda al delirio de aquella visión mística que lo hizo ver entre las nubes las caras de Stalin y Jesús en un viaje carretero por Nuevo México) es tan asombroso como patético. El cantante mantuvo hasta el final una velada frustración por no haber alcanzado el ideal espiritual que se propuso, pero, según el autor, encontró en la adoración de la masa un distractor potente para su propia decepción como ser humano, fruto de una mezcla de indisciplina, inseguridad y pasividad ante las presiones de su entorno: «Tal vez Elvis Presley perdiera el rumbo, pero incluso en sus momentos más oscuros siguió conservando parte de la transparencia inocente que marcó, en primera instancia, la diferencia de aquella música y aquel hombre».

Por la conexión que establece con una época y una cultura (la del sueño americano, claro está), y cómo explica éstas a través de sus símbolos, Último tren a Memphis y Amores que matan son, además, libros estupendos para recordarles a quienes desprecian la música popular la profundidad de los fenómenos de masas de los últimos cincuenta años. Cuéntese entre ellos a los autodefinidos rockeros que se niegan a ver a Elvis Presley como algo más que un baladista para jovencitas. Ni esa pelvis volverá a parecer lo mismo luego de adentrarse en esta triste y gloriosa historia.

Entry filed under: posts. Tags: , .

entrevista a pogo, locos por larry frank sinatra, watertown (1970)

1 Comment Add your own

  • 1. Nat  |  March 15, 2009 at 4:47 pm

    Hola Marisol, me encantó tu artículo sobre estos libros de Elvis.
    Cuando descubrí al rey (1997), supe de ‘Last train to Memphis’, sin embargo, nunca lo encontré en ninguna librería santiaguina. Claro, podía encargarse afuera, pero en inglés. Fue mi obsesión por meses, finalmente desistí y compré la cajita : ‘From Nashville to Memphis’ con 5 cassettes, librillo y estampillas en una oferta irresistible para esos años.

    Me gusta Elvis y siempre vi su aporte musical como algo insoslayable a la cultura post 2a guerra mundial. Durante mucho tiempo leí todo lo que se me cruzó por el camino sobre Presley, incluso fui a bibliotecas y saqué fotocopias de noticias y artículos de revistas y diarios. Mi fanatismo descansó, sólo cuando abrí mi horizonte musical, aunque él siempre tendrá un lugar reservado en mis preferencias.

    Recuerdo el primer día que vi ‘That’s the way it is’ en un vhs roñoso y fue maravilloso darme cuenta que, a pesar de no ser compositor, era un cantante que interpretaba y conocía muy bien todos los entresijos de sus temas. Tenía un dominio admirable de su trabajo. Fue un sensible conocedor de la música de esa época.

    Ufff me encanta Elvis, más allá de lo kitsch, más allá de sus pavadas con Los Beatles.

    Cariños!!!

    Reply

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


%d bloggers like this: