entrevista sonia y myriam

August 13, 2009 at 9:50 pm Leave a comment

Cantan sus diferencias


Pioneras en la exportación del canto femenino chileno, las hermanas conocieron entre los 40 y los 60 las más altas cumbres de exposición y prestigio. Hoy reconciliadas después de años de distancia, aprovecharon la reciente visita de Myriam para recordar su precoz trayecto a 24 años de su última presentación en vivo.

Por Marisol García | 17 de marzo de 2000.
"Wikén", El Mercurio.

discoHasta hoy, los niños-prodigio le producen a Myriam von Schrebler una incamuflable inquietud.

«Aunque tengan talento, me dan un poco de pena», admite la cantante, y en su recelo expone el recuerdo de su propia precocidad. «Siento que perdí etapas fundamentales de mi vida: mi infancia, mi adolescencia. No sé cómo hubieran sido, pero no las tuve».

A su lado, su compañera de andanzas en la ocupación adolescente la invita a sopesar los beneficios de haber tenido contratos de trabajo en Argentina y Brasil antes de cumplir los 15. «Fue un período muy enriquecedor», cree su hermana Sonia, «una continuación natural de nuestra afición de siempre por la música. En el colegio, cantábamos de uniforme y cuando se nos presentó la oportunidad de algo más profesional, incluso la directora reconoció que íbamos a aprender más viajando que con una educación regularizada. Creo que nunca eché de menos nada, al contrario».

No es ésta la única discrepancia que se sucederá durante la conversación con la alianza artística femenina acaso más exitosa del canto popular chileno, reunida especialmente para esta entrevista a menos de un día de que Myriam tome un vuelo de regreso a España.

Socias durante veintitrés años en la interpretación de boleros, canciones peruanas y rancheras, Sonia y Myriam ascendieron con inusitada rapidez en países como México, Cuba y Colombia, incluso antes de que la palabra internacionalización se acuñara localmente como sinónimo de utopía.

El relanzamiento de parte de sus grabaciones en discos compactos (ver recuadro) confirma la calidad de un trabajo que trascendió incluso las sucesivas modas que atestiguó su extensa carrera.

Lograron balancear el éxito artístico y comercial, cosa nada común.
—Pero si el chiste es ése —contesta Sonia—. No veo por qué lo artístico no tiene que ser comercial, aunque ahora estemos rodeados de tanta mediocridad.

¿Entendían ese cuidado musical quienes trabajaban con ustedes?
—Sonia: Quizás no parezca muy común ahora, que son las compañías las que eligen los repertorios y te dicen hasta cómo tienes que moverte. Pero a mí siempre me interesó más la calidad que la exposición. Me interesaba cantar cosas agradables al oído, con buenas letras. Por eso se me acercaban grandes autores. Piensa que [Armando] Manzanero fue pianista mío.

¿No le cedió también composiciones suyas?
—Myriam: Nos llevaba canciones de [Roberto] Cantoral. Hasta que un día Sonia le preguntó: «¿Y usted no tiene canciones propias?». Y así, con su voz chiquitita, dijo: «… es que a mí me avergüenza, porque no me hacen caso». Nos mostró “Ven a mí”, que nadie había grabado hasta entonces. Y Sonia le dijo: «La vamos a grabar».

O sea, usted envalentonó a Manzanero…
—Sonia: Eramos muy buenos amigos. Hay muchas anécdotas chistosas con él, porque siempre fue muy picado de la araña. Entonces andaba pololeando con una cantante de rancheras… y cuando su esposa le preguntaba por qué no llegaba, le decía que estaba ensayando conmigo. Me tenía como coartada.

No fue la única futura celebridad con que se topó el dúo de hermanas. Entre 1957 y 1964, y tras una momentánea separación motivada por sus respectivos matrimonios, Sonia y Myriam consolidaron su trabajo casi exclusivamente en el extranjero, con Cuba, Colombia, Perú, Estados Unidos y — sobre todo— México como plazas habituales.

No eran raras entonces las cenas junto a Eva Perón, Getulio Vargas, Pedro Vargas o Fidel Castro. «Caíamos bien. Nos conocían como “las chilenas”», recuerdan.

¿Qué pasaba familiarmente con tantas salidas al extranjero?
—Yo vivía angustiada por los niños, colgada del teléfono —reconoce Myriam—. Hay una anécdota que a mí me duele hasta hoy: cuando Cristina [su hija menor, destacada en el Canato Nuevo, y hoy parte de la banda de apoyo de Joaquín Sabina] tenía tres meses, tuvimos que partir en un viaje que terminó siendo de ocho meses. Cuando regresé, la niña caminaba y no me conocía. Fue ahí que tuve que decidir: o la familia o el canto. Y pesó más la familia, cosa que mi hermana no entendió.

—Es que mi marido nunca se opuso, por el contrario —complementa Sonia—. Nos iba a ver al extranjero y quedaba feliz porque lo trataban como el marido de Sonia y Myriam [risas de ambas].

Es decidora la disímil opinión de ambas hermanas frente al tema. Según Myriam, Sonia abordó cada decisión con la perspectiva de «una artista… y yo soy sólo una cantante».

Responsable posteriormente de una exitosa carrera en México como Sonia La Unica, la mayor de las hermanas Von Schrebler fue siempre la responsable de los característicos arreglos vocales del dúo, así como del mayor rigor en la selección de su repertorio, recordado hasta ahora por títulos como “Envidia” y “Ansiedad”.

******

Myriam logró aplacar sus angustias familiares sólo cuando renunció al dúo, en 1964, y partió a radicarse a España, donde ascendió como ejecutiva de una firma disquera.

Sin embargo, su ilusión de montar un sello musical en Chile dio inicio a uno de los períodos más difíciles de su vida, en lo profesional —por problemas económicos que terminaron en la quiebra del proyecto del cual Sonia fue socia capitalista— y en lo humano, pues la distanció un buen tiempo de su hermana.

La etiqueta S y M fue clave para la precaria industria discográfica independiente de esos años, y alcanzó a publicar trabajos de Óscar Andrade, Los Jaivas, Hugo Moraga, Eduardo Gatti y el recordado “Ojalá”, de Silvio Rodríguez, en voz de Gloria Simonetti.

¿Por qué un catálogo con nombres tan conocidos no pudo sostenerse?
—Myriam: Yo nunca me metí abiertamente en política, pero participé en homenajes a Patricio Manns, a Pablo Neruda. Nos comenzaron a presionar. Abiertamente no nos atacaban porque éramos muy conocidas, pero nos cercaron por el lado económico. Hasta que nos tuvimos que ir.

—La Myriam fue víctima en el sentido artístico, la gente se portó muy ingrata —agrega Sonia—. Todo lo que fue importante en esa época lo sacó ella.

Con Myriam de vuelta en España y Sonia sin ganas de regresar a Chile hasta 1989 —«me llegó la noticia de que estaba en lista negra», asegura— , las hermanas Von Schrebler iniciaron un largo período de silencio. Fue una pausa rota con la última visita de Myriam al país, principalmente para participar como jurado folclórico del reciente Festival de Viña del Mar.

«Hubo muchas cosas confusas, pero ya nos dijimos todo lo que había que decirse. Esos son problemas familiares que no le interesan a nadie más que a nosotras», zanja rápidamente Sonia.

¿Es posible un reencuentro también sobre el escenario?
«No», contestan en armonizado dúo. Myriam explica: «Ya no sería lo mismo. Han cambiado las tonalidades… lo cual no significa que cantemos mal».


GRABACIONES ENCONTRADAS
Remasterizados y fieles a su edición original, las recientes publicaciones del trabajo del dúo Sonia y Myriam permiten tener finalmente en disco compacto parte de un catálogo compuesto originalmente por once discos largaduración y más de treinta sencillos, pero descontinuado hace tiempo de las estanterías locales.

Los dos volúmenes de Grandes éxitos ya habían aparecido en vinilo entre 1962 y 1963, compilando principalmente boleros y clásicos de la canción latinoamericana.

Ahí están desde “Volverás”, de Agustín Lara, hasta el “Desafinado”, de Jobim, pasando por “Despierta corazón” (Vicente Bianchi), “Ven a mí” (Armando Manzanero) y “Envidia” (hermanos García Segura), todos grabados con el impecable trabajo de orquesta de directores como Chucho Ferrer y Chucho Zarzosa.

El compilado Con mariachis reúne las rancheras y otros ritmos locales que el dúo grabó en México hasta su separación definitiva, en 1964.

Las inminentes publicaciones de “Nuestro amor” y “Esta tarde vi llover” posicionarán así, por primera vez en el mercado local, dos importantes trabajos de Sonia La Única, quien desarrolló su carrera íntegramente en México sin lograr que sus discos se exportaran a nuestro país.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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