Patricio Manns, cantautor y escritor

August 20, 2009 at 2:13 am 5 comments

Por Marisol García |  junio 2009, inédita.

pato manns

«Antro del ego» bautizó Patricio Manns a la pieza de trabajo que tiene al fondo de su gran departamento en Concón. Las paredes están cubiertas por afiches de conciertos suyos y algunas fotocopias de notas de prensa extranjera, y en una de las repisas se ordenan los muchos libros editados desde su juventud sureña. Es un monumento al ego, quizás, pero por sobre todo es la síntesis material de un legado creativo más bien inconmesurable, que Manns comparte, sin embargo, con sencillez.

Muestra el autógrafo de su adorado Leo Ferré y el “Himno al FPMR” que grabó en Italia con Inti-Illimani hace más de veinte años. Disfruta hablando de ambas cosas, extremos palpables de dos de los impulsos que marcaron su exilio en Europa: la autoimpuesta obligación de empaparse lo más posible de la mejor cultura francesa y, a la vez, mantener un compromiso total con la denuncia de la dictadura en Chile.

Hemos llegado hasta Concón para preguntarle sobre Violeta Parra, en el marco de una investigación más amplia sobre canciones importantes «del Bicentenario», el tipo de cosas que de pronto tanto trabajo les han dado a los medios. Hace cuatro décadas, Manns musicalizó una de las series de décimas de la artista, y el resultado se convirtió en una canción popularísima. “La exiliada del sur”, que así bautizó Manns esa selección de recuerdos autobiográficos en verso de la chillaneja, es suficientemente conocida por la grabación que hizo Inti-Illimani para su disco Autores chilenos (1971). Mucho después vino la versión de Los Bunkers. Pero la primera de todas es la del propio Manns, apenas difundida.

«Cuando yo leí esas décimas, me pregunté si la vieja me iba a dejar ponerle música, porque la Violeta era muy complicada. A veces yo cantaba en su carpa, y un día le dije:

—Hay unas décimas tuyas que me gustan mucho.
—¿Cómo que unas décimas? ¡Todas mis décimas tienen que gustarte! —me respondió.
—Bueno, pero a éstas quiero ponerles música.
—¿Tú?
—Sí, yo.

La cosa es que se mató antes de escuchar la canción. Esto debe haber sido en enero del 67, y ella se mató en febrero».

⎯¿Pero cómo llegaste tú a esas décimas, si no se publicaron hasta después de su muerte?
⎯Es que René [Largo Farías] las tenía un cuadernito que le había pasado ella, y él me las mostró. Eran muy amigos ellos dos, entonces se las mostraba, le pedía consejos… ella siempre andaba con nosotros en las giras del “Chile ríe y canta”. A mí me llamaron mucho la atención, por la novedad. En la poesía chilena ni a Neruda se le ocurrió eso de repartir el ojo por aquí, el ombligo por allá… Mucho tiempo después yo supe que esa técnica se llamaba «del cuerpo repartido», y es probable que la Violeta la haya escuchado en algún lado. Es algo único en el mundo.

⎯Ahora, también esta iniciativa tuya fue años antes de que Luis Advis hiciera Canto para una semilla. O sea, tú fuiste probablemente el primero en musicalizar décimas de la Violeta.
⎯Sí, claro, mucho antes. Advis se metió mucho después en todas estas cosas. Antes de hacer su cantata de Santa María de Iquique, trabajó conmigo en El sueño americano. Él dijo, muchas veces: «La primera cantata es la de Patricio Manns y se llama El sueño americano; y la hizo sin medios, sin arregladores…». De ahí se inspiró para hacer la Santa María de Iquique. Y fue por mí que conoció las décimas de la Violeta, porque yo le dije: «Ayúdame a arreglar esta canción para los Inti». Claro que cuando yo grabé la canción para mi disco, que la grabé antes que los Inti, le inventé una frase: «El exiliado del sur». Ese título es mío. Es un título lindo, y dice muchas cosas: Chile es del sur, yo soy del sur.

⎯Además que resulta medio profética para lo que ustedes terminarían viviendo en Europa, cuando sí se convertírian, tanto Inti-Illimani como tú, en exiliados del sur.
⎯Claro. La canción la hice el 67, y el exilio vino el 73. Entonces después toma otra connotación.

⎯¿Son muy diferentes las dos versiones?
⎯No, yo sólo le saqué algunos versos. En mi grabación no está eso de las faldas ni los pececillos. Tampoco ese final «… desembarcando en Riñihue».

⎯Pero tu precocidad también estuvo en tomarle el paso a Violeta Parra. Eras muy joven y ya eras muy fanático de ella, ¿no?
⎯Lo que pasa es que nos hicimos muy amigos, y era difícil hacerse amigo de la Violeta, que andaba con insultos contra todo el mundo, y te ninguneaba. Ella era el ombligo del mundo: tepito te henua. Iba donde ella y nunca le mostraba nada mío, yo era más bien un alumno. A la Violeta yo no la conocí hasta que volvió de Europa, nunca había escuchado nada suyo. Trabajaba todos los días con sus hijos, claro. Nos juntábamos a hablar de música, tomarnos unos pencazos… Los domingos íbamos con Víctor [Jara] a un asado a la casa de Ángel [Parra], que tenía un patio con un quincho. Ahí llegaba la Violeta con sus penas de amor. Un día llegó con la guitarra y dijo: «Les voy a cantar una canción nueva». ¿Cuál era? Acaba de separarse del gringo, que se le había ido al norte. Era una canción muy desesperada, y la cantó llorando, con la chasca p’adelante. Era una galla ¡tan apasionada! A mí me encanta la gente apasionada, que se expresa. Yo soy así: me tomo dos vasos de vino y me pongo a llorar, escucho boleros a todo forro, y echo p’afuera. Todo p’a fuera. Ella era así. Más que yo.

⎯Muy poco chilena en ese sentido.
⎯Muy poco. Era exuberante. Incluso se me tiraba al dulce [sonríe]. Me decía: «Pero por qué no pasamos la noche aquí, calentitos…». «No, tengo que hacer», le decía yo, «además no tenís ni vino». «No, si tengo. Ahí hay un chuico…».

⎯Hay una entrevista en la que creo que dice que le gustaría Pato Manns si no fuera tan bonito. Que le gustan más feos.
⎯[Sonríe] Yo me sentía muy cohibido; soy muy tímido en ese tipo de cosas. Y ella era patuda. Chica, gorda, y te agarraba a besos en la boca en plena calle. Nos encontrábamos siempre en el Derecho de Autor, íbamos a cobrar el mismo día los cheques. Cobrábamos y ella me decía: «Vamos a tomar un trago». Y ahí cambiábamos el cheque y con la plata fresquita nos íbamos a un bar, jejeje.

«Ahora, yo no sé de dónde viene la cultura de la Viola», continúa Manns. «Yo nunca la vi agarrar un libro, jamás. La suya no es una cultura libresca. Tenía una cosa que le venía de adentro. Ella tiene un sistema de metáforas que es distinto al de Neruda, Vallejo, al mío… no sé de dónde le viene. Yo no creo que lo tenga adentro, las cosas salen del trabajo. Siempre me pregunto, “Y la Violeta, ¿de dónde vino…?”».

⎯Considerando que tambíen están Nicanor y Roberto…
⎯Uf, Roberto. Ese fue el más amgio mío de los Parra. Íbamos p’arriba y p’abajo juntos. Se quedaba una semana en mi casa…, cantábamos, nos emborrachábamos. Me mostraba las cuecas choras, que eran maravillosas. Tenía todo adentro ese gallo, no sé cómo. Íbamos a la feria, salíamos… a mí me enacnta la noche, yo soy noctámbulo, y el éra lo mismo. Y hablando, y hablando, y hablando…

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entrevista a rodrigo rey rosa this is your brain on music, daniel j. levitin (ciencia)

5 Comments Add your own

  • 1. Alejandra Lastra  |  August 21, 2009 at 2:40 pm

    Una muy buena entrevista, Marisol. Gracias.

    Reply
  • 2. fenya  |  August 21, 2009 at 8:43 pm

    El trago.

    Reply
  • 3. Alvaro  |  September 2, 2009 at 2:55 pm

    Me encantó tu blog. Admiro tu conocimiento en torno a la música!

    Reply
  • 4. Emilio  |  September 3, 2010 at 5:41 am

    te pasasteeee
    excelente Blog
    felicitacionesss

    Reply
  • 5. Asus eepc review  |  November 21, 2011 at 6:02 pm

    This post couldnt be more right on.

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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