appetite for self-destruction, steve knopper (investigación)

October 21, 2009 at 2:46 am 5 comments

disparos en el pie



El proceso de irremediable deterioro de la industria multinacional del disco sigue siendo leído desde la óptica reducida de la victimización. Los grandes sellos (y algunos músicos) lloran su debacle, le cantan con nostalgia a su pasado de gloria, e identifican culpables tan perversos como extendidos para su desgracia. El fin del negocio de la música tal como lo conocimos en el siglo XX sería responsabilidad, según ese lloriqueo, de fuerzas sociales y tecnológicas irremontables, aparecidas de pronto y alzadas hasta el cielo y sin vuelta atrás. Appetite for self-destruction no es, exactamente, el refutamiento de esa postura, pero su lectura hace inevitable mirar a los grandes sellos y pensar: “Se lo merecen”. En un recorrido que parte alrededor del álbum Thriller, a principios de los 80, –un disco simbólico por su alta venta pero también por las dificultades iniciales en su promoción y el derroche al que dio pie su éxito– y concluye poco después del “caso In rainbows“, de Radiohead, el periodista Steve Knopper revisa uno a uno los errores más escandalosos en la gestión de las grandes corporaciones del disco, y la sucesiva serie de alarmas de alerta que ninguno de sus ejecutivos sobrebonificados quiso jamás atender.

Tómese, por ejemplo, el caso de Tommy Mottola, famoso por sus peleas con Michael Jackson, sus matrimonios con Mariah Carey y Thalia, y, por supuesto, por ser despedido de Sony Music luego de perder más de 132 millones de dólares sólo en el primer trimestre de 2002. Su falta de interés en los nuevos modelos de descarga digital y su insistencia con modelos de negocios a todas luces obsoletos, terminaron con un reinado ineludible si se quiere comprender la pompa de la música de los 80. Con Mottola se iba también, según Knopper, una época determinada por la filosofía de “el dinero llama al dinero”, fundamentada en bajas regalías para los músicos, parcial monopolio de los medios de grabación y distribución, y campañas que no variaron en su lectura de la audiencia ni siquiera una vez que llegó el iPod. Hasta los años 90, inversiones gigantescas en promoción podían sostener discos mediocres y reditar al corto plazo. Pero la piratería y el crecimiento de los downloads eran una fuerza democrática que ponía en un mismo nivel de importancia a los megalanzamientos y a las ediciones “de nicho”.

El libro es ilustrativo no sólo de los grandes errores, sino también de los impresentables –casi increíbles– derroches de dinero que durante décadas convirtieron en realeza a cantantes mediocres y ejecutivos inoperantes (el libro no esconde, asimismo, las abismales adicciones a la cocaína que rodearon la mayoría de los grandes lanzamientos durante los años 80; y la mejor historia es la del delirante Walter Yetnikoff). No es la intención del libro presentar a las disqueras como instituciones de terror que hoy pagan su karma –a los fundamentalistas del indie, vale recordarles que fueron los grandes sellos los que nos dieron a las más grandes figuras del siglo XX–, pero sí exponer con datos muy bien reporteados e incamuflable gracia un espiral de errores que redundó en su propia miseria. Más que la burla hacia un área corporativa en crisis, la sensación que deja Appetite for self-destruction es que la recuperación de ese bache ya no tiene ninguna importancia: no los necesitamos. Por suerte.

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ecos del tiempo subterráneo, gabriela bravo y cristián gonzález (investigación) dream boogie. the triump of sam cooke, peter guralnick (biografía)

5 Comments Add your own

  • 1. rigoberto  |  October 21, 2009 at 4:46 am

    Que hubiera sido de la música en el siglo XX sin derroche, cocaína, bebida, mujeres y ejecutivos apostadores….nada. Ahora, en épocas de independencia e introspección verde pre-hecatombe 2012, hay que buscar música original con el lente del Tololo. Definitivamente prefiero los viejos tiempos.

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  • 2. marcela paz  |  October 22, 2009 at 12:41 am

    apoyo a Rigoberto

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  • 3. tommygun  |  October 22, 2009 at 12:57 am

    Naaa, yo estoy cómodo con el presente, se puede conocer, criticar y descubrir cosas nuevas, y no hay que rendirle pleitesía a nadie. No solo mueren las compañías, de a poco, la imagen de ídolo tambien se debilita.

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  • 4. boris carreño  |  October 24, 2009 at 10:25 am

    apoyo a rigoberto.

    Reply
  • 5. sofia  |  October 24, 2009 at 8:56 pm

    apoyo a rigoberto

    Reply

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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