manuel garcía

November 4, 2011 at 3:38 pm 1 comment

El antivocero

Justo cuando ser un trovador consciente se impone como exigencia generacional, el músico ariqueño elige publicar su disco más pop y, en sus palabras, «quitado de bulla». El novedoso Acuario incluye secuencias electrónicas y una estrecha colaboración con dos de Los Bunkers, y está cantado desde un lugar adulto y lejano a fórmulas. «Lo del súperhéroe cultural: no. No me interesa, y creo que eso después se cae a pedazos», dice el cantautor, quien se apresta a llenar tres teatros Caupolicán a fin de mes.

Por Marisol García | publicada en Qué Pasa (julio 2012)

©José Miguel Méndez.

El nuevo disco de Manuel García (42) será sorprendente —quizás, descolocante— para quienes hayan elegido congelar a su autor en la estampa del trovador consciente modelo 70s. Acuarela es un disco asombroso, es cierto, pero no necesariamente porque abra al cantautor ariqueño a ideas que no estuvieran ya antes en su trabajo. Más bien, explicita influencias que nunca dejaron de interesarle cuando su opción por el canto a casi pura guitarra y voz fue confinándolo a un rincón público que actuó, según él, a veces como una camisa de fuerza tensada por prejuicios.

Manuel García nunca ha sido tan monocorde, tan solemne ni tan discursivo como prefiere verlo ese sector de la audiencia apurada por encontrar en las nuevas voces réplicas de sus particulares nostalgias. El músico lo sabe, pero ya no le ve sentido a seguir aclarando los malentendidos más flojos que su figuración pública le impone. Ahora están las secuencias electrónicas, las guitarras eléctricas, las letras del tú a tú y los pulsos cadenciosos de Acuario —en tiendas desde la próxima semana— para hacer por él los desmentidos que correspondan. El cuarto disco solista de Manuel García es una invitación a botar como auditor los prejuicios que él mismo fue superando desde que llegó hace dieciocho años a Santiago a estudiar guitarra clásica ya titulado como profesor de Historia en la Universidad de Tarapacá, marcado por los recuerdos vivos del paisaje inabarcable del Norte Grande, el guitarreo de himnos sociales en el living de su casa y la decisión de abrazar la gran urbe con todo lo que ésta le depararaba.

—Primera y gran sorpresa: éste es un dico con sintetizadores. Un disco pop.

—Todo el mundo sabe cómo yo compongo. Uno comienza a trabajar con lo que tiene a mano, y en mi casa, de chico, era mucho más probable encontrar una guitarra que un sintetizador. Mi opción fue trabajar con ella hasta agotarla, y grabé un disco como Pánico, donde intenté trabajar muy a fondo con la guitarra —dice en alusión al disco con el que debutó como solista, hace siete años.— Pero de ese trabajo se fueron desprendiendo colaboraciones y contactos que actuaron como satélites de esa creación. Y ya entonces comencé e pensar en un disco más pop, conectado con este trayecto. El tiempo se encarga de que uno pueda darle sentido a las cosas que le inquietan y quiere explorar, porque no es llegar y hacerlo.

Hace dos años, García se compró un piano. Dice que aprendió entonces a «jugar« con teclados, secuencias y programas computacionales. Ahora, cuando se le ocurre una melodía, no intenta necesariamente desarrollarla en la guitarra.

—Trabajar con sintetizadores tenía para mí un halo. Siempre conservé en el corazón el rupturismo de aquella música alemana de inicial experimentación con la electrónica. Kraftwerk, e incluso antes. Creo que en Alemania siempre ha habido un centro neurálgico cultural muy potente, pero que nos ha llegado muy parceladamente en parte por la caricaturización norteamericana. Esa música de la que te hablo surgió también como un modo de resistir a la invasión cultural extranjera.

—El riesgo era aparecer disfrazado, pero el disco sigue pareciéndose a ti.
—Las muchas ideas están tratadas de manera natural, creo. No se intentó hacer lo que no sé hacer.

—Llegada la adultez, muchos cantautores se aventuran en ejercicios de estilo para probar quizás qué.
—No me interesaba levantar un disco para sobrepasar mis propios límites o récords. Para nada: todo lo contrario. Me estoy moviendo dentro de mis limitaciones, súper expuestas, para poder colaborar con otros. No necesito créditos ni, por el momento, más reconocimiento. Ya con los reconocimientos que tengo me surgen bastante problemas, en el sentido que eso siempre hay que llenarlos de contenido. [El festival de] Viña del Mar se tiene que justificar, y también el lleno en el Caupolicán —agrega en alusión a los tres shows que ofrecerá en ese recinto capitalino a fin de mes, algo inédito en décadas para un solista chileno—. Pero lo del súperhéroe cultural: no. No me interesa, y creo que eso después se cae a pedazos.

—Nunca fuiste un cantautor de estribillos, y aquí están por todos lados, y son hasta pegajosos.
—El estribillo es un arte complejo, y esta vez me apliqué. Hubo canciones creadas especialmente para eso.

—Canciones radiables, por qué no.
—Nunca fui resquemoroso de la radio, a diferencia de muchos otros músicos. Hay música de la radio que me gusta, pero también es un medio que me intriga, pues no siempre uno entiende qué es permeable a ella. Entonces, más que generar una animadversión, decidí plantear la pregunta: ¿qué es lo que suena en la radio, y por qué? En este disco se siente la música que tiene que ver con Abba, con Blondie, con New Order y Depeche Mode; con el Jorge González del Corazones, con el Cerati de Bocanada y Sueño Stereo. Pero hay una cosa en la melodía y en los versos que lo convierte en otra cosa… y ahí está lo autoral del disco.

García hablaba de su gusto por Devo ya en tiempos de Mecánica Popular, el grupo que formó en 1999 y con el que grabó tres discos antes de debutar como solista. Hoy, en su conversación, se cuelan elogios a nuevos músicos chilenos como Astro, Pedropiedra y Álex Anwandter, parte de una nueva generación de creadores que ha dejado de ver al pop como una mala palabra.

«Esto ya lo he hablado muchas veces, pero mi formación musical es amplia. Soy curioso, todo me interesa, nada me molesta en la música. En el último tiempo, pienso que murió Donna Summer, y tengo motivos para sentirme triste; tanto como para llorar lágrimas sinceras por la muerte de Nelson Schwenke. En ese espectro, lo peor es creer que las distintas músicas generan necesariamente contradicciones. Son, a mi juicio, complementarias, como los colores, y es esa combinación lo que termina afectando lo que hago. Trabajar con una forma de hacer música no es renunciar a otro estilo».

Con los estudiantes, de visita

Cierto sano descreímiento de la efectividad de la canción política distingue a varios de los cantautores chilenos jóvenes, y Manuel García no es la excepción, por mucho que algunos elijan ver en él la última esperanza generacional por reavivar el modelo del trovador social que brilló por última vez con el Canto Nuevo. No se trata de evitar la combinación de canto y compromiso, sino de dotar a esa opción creativa de un vuelo de nuevas rutas, alejado de fórmulas. En Acuarela se canta mucho más en tú a tú que en nosotros.

«O sea, si es por pensar empresarialmente lo que me convenía era sacarle más provecho a la figura del guitarrista-cantautor social. Podría haber sacado un disco con todos los temas de lo que está pasando en Chile, y la gente lo hubiera amado… pero eso no es artístico, creo. Me parece mejor, y más elegante, de pronto componer algo sobre el movimiento estudiantil en diez años más. O interpretarles a los estudiantes canciones mías de hace quince años, y que resulta que han funcionado muy bien en ciertos encuentros con ellos».

—La figura del vocero generacional, ¿te da lata? ¿Te queda grande?
—Algo así. Voy [a las marchas, a los encuentros estudiantiles] porque me llaman, y canto esas viejas canciones y resulta que tienen vigencia. Y lo hago con gusto, aunque sé que mis canciones no van a resolver directamente el problema. No es falsa modestia, sino que el ubicatex natural de un adulto maduro, no más. O sea, «gracias, cabros, por invitarme. Aquí les traigo una canción, y ahora los dejo a ustedes con sus discusiones, sus acciones y sus ideas». Eso de creer que uno lleva una música iluminadora y que te engrandece “aportar al movimiento”… nada. La canción es una excusa para juntarse. Los problemas los seguimos teniendo igual. Y por eso mi disco no es literal sino muy existencial, porque lo que me interesa es la profundidad del ser humano.

García cita a Ray Bradbury como otra influencia clave de Acuario. «Fue loco que se muriera hace tan poco, porque el disco yo se lo iba a dedicar igual», asegura. Varias de estas nuevas canciones se topan con lo que el ariqueño ha recogido de la lectura de un libro como Crónicas marcianas; de plena vigencia, según él.

«Ahí están la desolación del ser humano, los desencuentros del hombre y sus sueños, los conflictos éticos en torno al uso de la tecnología. Bradbury decía que su literatura era una advertencia. Yo conecté mucho con eso. Mi disco es imaginativo, es ciencia ficción, es metafórica, y tiene una pata en esos mundos kafkianos, también».

Hay otra gran sorpresa en Acuario, y es la lista de créditos. La producción de Marcelo Aldunate se alía con los aportes en guitarra y arreglos de los hermanos Mauricio y Francisco Durán, de Los Bunkers, grupo con el que García ha estrechado lazos colaborativos y de amistad en los últimos años. Tal es su confianza en los de Concepción, que el disco incorpora un tema compuesto por los Durán, hecho inédito —el de grabar una composición ajena— en su discografía. La colaboración es, en este caso, una opción tanto artística como emocional.

«Por una cuestión de cómo ha avanzado mi camino hasta ahora este disco lleva mi nombre en la tapa, pero perfectamente podría haber sido firmado de manera tripartita, junto al productor, Marcelo Aldunate, y los hermanos Durán. Hay aportes suyos que resuelven el límite que yo tengo con ciertas capacidades musicales y estructurales. Me parece un lujo poder hacer un disco en que no necesariamente figura uno. Esto ha sido una opción quitada de bulla, un disco muy silencioso en el sentido del yo. También diría que muy cuestionador del yo».

—Alrededor del Festival de Viña se te vino la fama encima y te pusiste en guardia.
—Por supuesto que uno trata de cuidarse de esas cosas. Es fácil envanecerse y crecer en el ego. Lo que a mí me estorba de eso es que no me deja trabajar. Cuando me he subido un poquito a eso, noto que dejo de relacionarme con las cosas que me conmueven y me dejan componer. Y yo prefiero componer. Capaz que también sea ego, pero al revés [sonríe]. Es como «está bien, pero déjenme aquí no más, porque necesito crear con estos materiales, con esta relación con la vida». En otra relación con la vida no sé crear. En la incertidumbre me sé mover, porque así me críe. Si está todo muy articulado, muy fácil, me desajusto.

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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