pascuala ilabaca, cantautora

January 3, 2012 at 1:42 am Leave a comment

Sonidos nómades

Una rigurosa formación académica, una educación familiar heterodoxa y una disposición al viaje casi metida en los genes impiden clasificar a Pascuala Ilabaca dentro de un molde de pop generacional. Ella, su música, sus experiencias son muy diferentes a las de otros creadores de su edad. La cantautora porteña lo sabe, y lo defiende.

Por Marisol García | inédita (octubre 2012)

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Un padre y una madre que hicieron del arte plástico y la vida nómade un método de educación familiar —él, pintor; ella, vitralista— le legaron a Pascuala Ilabaca ideas de inusual rigor y libertad para su música. En lo primero, la importancia de contar con un concepto y una técnica ya definidos al abordar una obra, que en su caso se ha traducido, hasta ahora, en discos profundos y bien diferentes entre sí; desde las versiones de Violeta Parra de Pascuala canta a Violeta (2008), la inspiración india de Perfume o veneno (2010) o la más reciente fusión internacional junto a su banda, Fauna, de Busco paraíso (2012). En lo de soltura creativa, hubo un vuelo en su formación que la obligó en algún momento a elegir qué normas de la convención podían serle útiles y cuáles otras debía abandonar.

«En mi casa estaba instaurada la idea de que si te preguntan de qué color es el sol, ¡cómo vas a decir que es amarillo! Mi papá es súper idealista y estaba siempre buscando lo novedoso. Y yo enganchaba muy bien con eso en mi infancia. Absorbía como una esponja».

La libertad se tradujo también en desapego geográfico. Nacida en Barcelona, Pascuala vivió junto a su familia en México (de donde se trajo el acordeón), Guatemala, India y también en una caravana de un año por todo Chile. Cuando los Ilabaca se instalaron en Valparaíso, se mudaban cada año a un cerro diferente para que su padre, Gonzalo, pudiera conocer mejor la ciudad y completar así su obra pictórica sobre el puerto.

«Los colegios daban lo mismo. En India no fuimos al colegio. En México, tampoco. El colegio tenía que ser el que estuviera en la esquina para que yo pudiera ir sola, caminando. Y entonces, claro, en la adolescencia me sentía muy sola, sin arraigo, sin amigos de infancia; y hay momentos clave, como el de la Pascua. ¿Qué hacís, si nadie cree en la Pascua?».

—Ahora, de adulta, ¿te sientes privilegiada de haber tenido una educación así de atípica?
—Es una educación estimulante, sí, pero también presionante. Tú tienes que ser siempre interesante e inteligente, y entretenido y bonito, y saber responder, estar a la altura de las conversaciones de los lugares en los que estás… La idea subyacente era que quienes se aburren son huevones, y que la gente que no se viste de colores es fome. Esa presión por ser creativo y choro todo el tiempo era pesada.

—Tu formación musical, sin embargo, fue mucho más convencional. Te titulaste en la universidad, de hecho. Eres licenciada en Música de la Católica de Valparaíso.
—Claro, Licenciada en Ciencas y Artes Musicales, con mención en Composición. Para mí era importante estudiar y desarrollar herramientas musicales básicas, y absorbí ahí lo más que pude. La escuela es como un regimiento: cinco años con clases todos los días desde las ocho de la mañana hasta las cinco y media de la tarde, y lectura musical diaria a las ocho. Tener ese training es súper importante, y no me imagino cómo podría componer si no es por lo que aprendí ahí. Cuando estuve en la India, todo lo que aprendí fue gracias a que sabía escribir música. Iba a un pueblo, o en la calle, y escuchaba una melodía de un músico callejero, y la escribía en cualquier papel.

—¿Cuál era tu instrumento principal en tus años de estudio?
—El piano. En la escuela nunca nadie me vio cantar. Nunca nadie me vio con el acordeón. Era algo demasiado folclórico a los ojos de ellos. Yo mantenía mi vida paralela, por así decirlo.

—Pese a eso, ¿ya estabas convencida de que seguirías por un camino de creación popular?
—Bueno, mi formación es más académica que popular. El primer disco en el que participé, Caleidoscopio, fue un proyecto Fondart de música docta, experimental. En ese tiempo yo escuchaba a Stravinsky. Pero, eso sí, mi idea siempre ha sido que mi música tiene que emocionar, que no compongo cosas para sólo pensar ni presentar ideas interesantes, sino que debe haber algo empírico, agradable. Y en mi círculo académico eso era bastante criticado.

Para titularse, Pascuala compuso una obra para solista y coro femenino inspirada en las culturas china y mapuche. Juncos fue creada junto al lago Huillinco, imaginándose que los juncos traspasados por el viento eran mujeres cruzadas por la música. En 2008, junto al percusionista Jaime Frez (ahora, su marido) viajó a Varanasi, India, para seguir estudios particulares de canto y composición junto a un maestro que al cabo de un año no entendió que la joven quisiera volver a Chile. «Para la cultura india, que concibe a los maestros como compañeros de por vida, queda la impresión de que fuiste alguien que llegó, absorbió conocimientos y luego te abandonó».

—En estos momentos suele asociársete a cantautores jóvenes que trabajan un tipo de canción diferente a la tuya, y que además no tienen ni un ápice de tu formación. ¿Te molesta?
—La gente se hace una imagen a partir de lo que le muestra la prensa. Cuando la prensa quiso pescar a los cantautores jóvenes chilenos, aparecieron. Pero no es que antes no existieran. Y como los quiere presentar de una forma solista, yo entro en el grupo, pero yo nunca he sido solista. Ese juego no me gustó. No me gusta aparecer sola, que me llamen sólo a mí con mi acordeón a las radios. Tengo a mi banda detrás. No es parte de mi personalidad sentir que me las puedo sola. Viajar a otra ciudad sola, tocar sola, pasear sola… es muy fome. No es la vida que quiero tener. Me atrae pensar que mi música se complemente con la energía de muchas personas y que todo eso se acumule. Yo digo que este disco fue hecho con veintiún corazones.

—¿Y en cuanto a que se te instale como una cantautora pop? Es evidente que no es eso lo que tú haces.
—No, claro. Acá lo que intentan es modificarme, y a mí no me interesa. Cambiar yo para entrar al mercado chileno… [hace un gesto como de «para qué»]. Lo que veo es que aquí en Chile no hay mercado para lo que hago, que es asociable a la world-music pero no como suele vérsela acá, que poco menos que la mezclan con lo new age. Entonces, como que no se entiende ni se sabe cómo trabajar mi música. A mí lo que me importa es meterme en ese circuito que en el extranjero es enorme, y permanecer ahí. En general, soy súper crítica musicalmente. Hay cosas básicas que encuentro que aquí no son consideradas, y que a mí me parecen elementales. Y creo que lo que aquí se escoge para exportar no es lo que al mundo más le interesa. Argentina, Brasil, Perú sí saben exportar su arte.

—Tampoco para ti esto es un pasatiempo juvenil. Estarás en la música para largo.
—Me opongo a esa glorificación de la juventud como mejor plataforma creativa; eso de que hay que tener una obra maestra lo antes posible. Me siento en una carrera en la que puedo florecer hasta los ochenta años. No siento que tenga que romperla ahora o nunca. Mis expectativas son ir encontrando mi creatividad cada vez más dentro mío, más profundamente, y que mi oficio musical me permita ir haciendo cosas de más calidad. Profundizar, aprender más, manejar más instrumentos.

—Luego de tanto movimiento, ¿por qué sigues en Valparaíso?
—Valparaíso es como mi flotador. Aquí sí tengo una sensación de pertenencia. Y siempre que me he encantado con un lugar, en la balanza Valparaíso ha pesado más. Me gusta ser local de alguna parte, lo necesito. Creo que por eso también me importa tanto la comunidad con mi banda. Puedes viajar por mil lados, pero la banda es como una familia, y esos afectos se mantienen y se solidifican a través del tiempo. Ahí hay una solidez para mi trabajo y para mi vida.

*La actual banda de Pascuala Ilabaca está compuesta por los músicos porteños Cristian Pestaña Retamal (guitarra), Miguel Razzouk Igor (clarinete y saxo), Christian Chino Chiang (bajo y flauta) y Jaime Frez, (batería y percusión).

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manuel garcía gepe, cantautor

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©Kenichi Hoshine.

Depósito de textos publicados e inéditos de Marisol García, periodista en Santiago de Chile, especializada en música popular.


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